Punto de Fisión

Los expertos cuñados y la OMS

No recuerdo quién dijo aquello de que un camello no es más que un caballo diseñado por un comité de expertos, pero la frase bien podría aplicarse a la Organización Mundial de la Salud, un organismo al que nadie hace mucho caso. De hecho, el pasado 30 de enero, la OMS decretó el estado de alerta sanitaria mundial ante la epidemia del coronavirus, y ningún país tomó las medidas pertinentes, entre ellos España, donde el ministro de Sanidad, Salvador Illa, dijo que estábamos preparados de sobra para lo que viniera. Aparte de los titubeos y la dejadez inicial del gobierno, hay que recordar que a todo el mundo le pareció una exageración y un alarmismo innecesario la cancelación del Mobile Word Congress en Barcelona a mediados de febrero. El resto, por desgracia, también es muy conocido.

Aun así, el 2 de marzo, el director general de la OMS, Tedros Adhanon Ghebreyesus, dio una rueda de prensa explicando que las medidas de contención tomadas en China y Corea, y también en Italia e Irán, estaban funcionando bien, que el coronavirus no era la gripe y que de momento no había motivos para hablar de pandemia. Les estaba quedando un camello precioso, con dos o tres jorobas, muy apto para cruzar el desierto a paso lento, pero en seguida quedó claro que hubiera sido mucho mejor diseñar un purasangre capaz de cortar el viento al galope. Ocurre, no obstante, que el pasado es incorregible, que la medicina no es una ciencia exacta y que la OMS posee un inquietante historial de pastorcillos alertando que viene el lobo, dinerales desembolsados en vacunas cuando menos cuestionables y sorprendentes cambios de opinión de la noche a la mañana.

Por ejemplo, hace un par de semanas los expertos de la OMS aseguraban que en occidente no nos tomábamos en serio la amenaza y que los gobiernos europeos eran unos irresponsables totales, el italiano y el español a la cabeza. De ahí que la oposición, con el PP al frente, iniciara una campaña de descrédito contra Sánchez tan brutal que hacía sospechar que si hubieran puesto la mitad de énfasis en echar una mano en lugar de palos en las ruedas lo mismo ahora tendrían disponible una vacuna en un laboratorio de Aravaca testada y firmada por Rocío Monasterio. Dejando aparte su original gestión de la sanidad pública -sumar hospitales y dividir camas, multiplicar beneficios y restar médicos-, basta recordar su actuación ante la crisis por la hepatitis C, que costó la vida a más de 4.000 pacientes porque el medicamento para la cura -Sovaldi- era demasiado caro y el PP por aquel entonces sólo tenía presupuesto para sobres de dinero negro y volquetes de putas.

Ayer mismo, sin embargo, los mismos expertos de la OMS declaraban que después de todo no los europeos no lo habíamos hecho tan mal y se mostraban profundamente impresionados por la eficacia y la "resolución inspiradora" del gobierno de Sánchez. Tal vez se habían tomado una sobredosis de carajillos o tal vez calibraron cuál podía ser la magnitud de la chapuza con un triunvirato de emergencia presidido por Casado, Abascal y el perro Lucas. De cualquier modo, ante este repentino bandazo de la OMS, los grandes intelectuales de referencia del facherío (Bertín Osborne, Carlos Herrera, José Manuel Soto y Quique San Francisco, entre otros ilustres cuñados), por no hablar de su coro de espumarajos, se quedaron con el pie cambiado y empezaron a vociferar que la OMS no es más que un nido de etarras bolivarianos dirigidos por un mono borracho. Es verdad, habría sido mucho más eficaz un camello.