Del consejo editorial

¿Qué es lo que quieren los mercados?

JORGE CALERO

Catedrático de Economía Aplicada

Voy a contestar rápido a la pregunta del título. Todo, los mercados lo quieren todo. Y ¿por qué no, si han conseguido ya arrinconar a la soberanía de los estados, su capacidad para determinar cómo se asignan y distribuyen sus recursos? Los mercados tienen más capacidad de imponer sus reglas en las crisis; sobre todo en las crisis fiscales, en las que la acumulación de deuda pública para financiar los déficits deja más expuesto al sector público. En esas condiciones, el "¿y si no, qué?" se responde fácilmente: "¿Y si no reformamos el mercado de trabajo, qué?". "Entonces, la deuda no encontrará compradores y el sector público no se podrá financiar". Las presiones, multifacéticas y no necesariamente sutiles, están presentes en periodos de crecimiento, pero en la historia reciente nunca lo han estado tanto como durante (y tras) la crisis de los setenta y como en la actualidad. En el segundo caso, la amenaza parece incluso más severa.
El mercado, ente abstracto, tiene una plasmación tangible en España en la persona del gobernador del Banco de España, M. A. Fernández Ordóñez. Sus declaraciones, cada vez con más intensidad, nos indican que el mercado lo quiere todo. Baste recordar su definición de la congelación de las pensiones de jubilación como una "concesión bastante importante" a favor de los jubilados. Es sólo un ejemplo de la hoja de ruta implícita, en la que se anticipan severas estrecheces para el Estado del bienestar. Los principales objetivos son dos "sospechosos habituales": los desempleados (acusados de estar desincentivados por las prestaciones) y los pensionistas (¿acusados de no soportar suficientemente las penurias del resto de la población? ¿Acusados, quizás, de recibir prestaciones en un sistema de reparto y no de capitalización?). En fin, con los sospechosos habituales y con todos los demás, la idea queda clara: todo lo que se obtenga fuera del mercado, en función de decisiones políticas, está bajo escrutinio y condenado, en la hoja de ruta, a desaparecer.
¿Alguna solución a la vista? La actual situación nos llevará, probablemente, a la búsqueda de alternativas a los actuales sistemas de financiación del déficit, demasiado dependientes de los mercados globales, y en los que un único país queda excesivamente expuesto a la pérdida de su soberanía. El bono europeo podría suponer un primer paso en ese sentido.