Desde lejos

Otra vez en campaña

En 1930, se convocaron elecciones en la República de Weimar. El diabólico Joseph Goebbels, jefe de Propaganda del casi marginal Partido Nazi (NSDAP), inventó una nueva manera de hacer la campaña electoral: copiando los métodos de la publicidad estadounidense, llenó Alemania de carteles y panfletos, copó espacios en las radios y organizó mítines por todo el país, llevando a Hitler y a los demás candidatos en aviones y coches de un lado para otro. Algo nunca visto hasta entonces y que catapultó a su partido al segundo puesto entre las fuerzas parlamentarias.

Ya lo ven: ochenta y un años después, seguimos teniendo que soportar campañas electorales inspiradas todavía en la diseñada por Goebbels. Una y otra vez: carteles monísimos, caravanas chillonas, sobres con las papeletas en los buzones, mítines en los que se reúnen los fans para aplaudir a los que van a votar, y cualquier forma imaginable de publicidad. Ah, no, se me olvidaba, que ahora los candidatos se han incorporado a las redes sociales y andan diciendo tonterías en Twitter... Gran innovación.
¿Es esa la manera más inteligente y austera de dar a conocer unos programas que, por cierto, serán en buena parte incumplidos de llegar al poder? No sé ustedes, pero yo estoy harta de ese circo. Y, sobre todo, harta de pagarlo con mis impuestos: según la ley española, las campañas electorales son directamente financiadas por el Estado. ¿Se han preguntado cuánto nos van a costar a cada uno de nosotros los coches y aviones, comidas y hoteles, alquiler de locales y espacios publicitarios, impresión de carteles y papelería, etc. etc.? ¿No sobra ya tanto desmadre?