Desenredando

¿Celebrar el 12 de octubre?

Concentración en Barcelona el 12 de octubre de 2015 a favor de la unidad nacional.- AFP

Estos últimos días hemos tenido que oír verdaderas barbaridades sobre lo que supuestamente significó la colonización de Abya Yala —el territorio conocido popularmente como América Latina—.

Hemos escuchado a ex-políticos riéndose de gobernantes de territorios del sur global, a políticos hablando evangelización, progreso, liberación... cuando en realidad los territorios de América Latina fueron expoliados y saqueados, y sus habitantes fueron masacrados, cuando no esclavizados y vendidos a otras personas que aprovecharon la coyuntura para enriquecerse con la explotación de plantaciones.

La romantización de la historia

Cuando la historia se cuenta desde la perspectiva de quien tiene los medios para contarla porque ha ganado la batalla, se tiende a romantizar un relato que tiene tintes dolorosos y dramáticos para quien perdió,  porque ahí queda toda una historia de violencia, vejaciones, saqueos y expolio.

Quien gana la batalla tiende a engalanar y maquillar el relato, de forma que los puntos más turbios quedan relegados al olvido, y solo permanecen en la memoria de quien perdió. Y quien perdió no tiene la oportunidad de hacer valer su historia, porque quien ganó se encarga sistemáticamente de silenciar esa versión de la historia cada vez que tiene oportunidad, manipulándola a su antojo. De esta forma, la historia de quien vence se da por verdadera y única versión; y desde esa veracidad, se institucionaliza, se valida y se reproduce sin dejar espacio al cuestionamiento y sin dar opción de que se conozca la otra versión de la historia que se ridiculiza y se silencia cada vez que intenta salir a la luz.

No me cansaré  de recurrir a Chimamanda Ngozi Adichie, a quien ya cité en mi último artículo, y su charla TED «El peligro de la historia única» porque en mi opinión explica muy bien lo que sucede cuando no se tiene un visión completa sobre los hechos. Y en este caso, podemos aplicar lo que explica la escritora nigeriana a los hechos históricos relacionados con el imperio español y el dominio que ejerció sobre los territorios que invadió.

España, grande

Decía Toni Morrison que «si solo puedes ser alto porque alguien está de rodillas, entonces tienes un problema grave». En mi opinión España tiene un problema grave si piensa seguir relacionando su grandeza con un pasado que supuso que millones de personas estuvieran de rodillas. Vincular la hispanidad a un período de la historia que deberían ser motivo de vergüenza no me parece nada digno de festejo ni de orgullo.

No hay nada de lo que orgullecerse en haber esclavizado y asesinado a millones de personas y justificarlo creyendo que fue en nombre de la liberación y el progreso. ¿Progreso para quién?, me pregunto yo. Porque más allá del dinero que hicieron los indianos, y que les sirvió para contribuir a la revolución industrial de sus provincias, no veo yo qué progreso supuso para los territorios invadidos.

No hay nada que celebrar

Celebrar el doce de octubre y sentir orgullo por lo que representa para España a mí produce más vergüenza que otra cosa. Por eso sigo considerando que no hay nada que celebrar en esta fecha. No hay nada que celebrar a menos que una sea de ascendencia guineocuatoriana, como servidora. En ese caso, puedo celebrar que el doce de octubre de 1968 Guinea Ecuatorial recuperaba su independencia y dejaba de estar bajo la colonización española, después de casi dos siglos.

Así que yo no celebro este doce de octubre, porque es una festividad que celebra el colonialismo de España. Si tengo que celebrar algo, prefiero celebrar lo contrario. Prefiero recordar que esa fue la fecha en la que la tierra de mis ancestras se deshizo del yugo colonial que encadenaba a España. Y la recuperación de la libertad sí debe de ser un motivo de orgullo.