Opinion · Dominio público

La guerra se coló en las elecciones y la OTAN en la papeleta

Manuel Garí

Ex portavoz de la Comisión Anti Otan y miembro de Podemos

Manuel Garí
Ex portavoz de la Comisión Anti Otan y miembro de Podemos

La respuesta de Hollande a la bárbara masacre del 13 de noviembre es el compendio de despropósitos belicistas y liberticidas que vienen cometiendo las grandes potencias ya sea en solitario (Francia en Mali), mediante alianzas de “geometría variable” (intervenciones en Siria e Irak) o en comandita desde la OTAN (Afganistán) ante la amenaza que supone la violencia yihadista. Belicismo cuyos desmanes han conculcado derechos humanos básicos sin que la ONU evite, ni el Consejo de Europa o el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo hayan logrado penalizar.

La vía militarista ha cosechado un estrepitoso fracaso en la lucha contra el terrorismo y, sin embargo, se anuncia como el “arma” política determinante de los próximos tiempos. Vía que supone un regalo para el Daesh –pues eleva a los terroristas en el rango de la violencia, dándoles la categoría militar- y le refuerza en su línea política, asesina, pero política. Y lo que es peor, no erradica los males de fondo: los agravios seculares que han sufrido los pueblos que suponen un excelente caldo de cultivo para una orientación filosófica revanchista, sectaria y excluyente. La militar es una opción que lejos de solucionar problema alguno puede acarrear un agravamiento de los existentes en un contexto internacional inestable, plagado de equilibrios geopolíticos precarios, minado por una crisis económica larvada y al borde de un abismo climático de consecuencias desconocidas que pueden derivar en una agudización de los múltiples focos de conflicto armado presentes con alto riesgo de internacionalización futura de los enfrentamientos. ¿Catastrofismo? No. Puro realismo a la luz de la experiencias habidas.

Hollande está intentando, con políticas propias del Frente Nacional de Le Pen, sacar rédito electoral al dolor humano. No en vano en su agenda tiene presente las elecciones regionales del 9 de diciembre en las que su partido, antes de la noche trágica, tenía unas perspectivas catastróficas. Y ha dado un paso más este nuevo “general en jefe” capaz de aliarse con Putin el gran aliado de Bashar al-Asad –su gran enemigo en el país-: llamar a participar en la nueva cruzada a los gobernantes europeos. De nuevo tristemente se pueden hacer realidad las palabras de otro francés, el poeta Paul Valéry, cuando dijo que “la guerra es una masacre de personas que no se conocen, en beneficio de personas que se conocen pero no se masacran”.

Y en ese momento entra en escena nuestro Mariano Rajoy que pese a los desmentidos, está estudiando, la posibilidad de aliviar la carga militar francesa en Mali y República Centroafricana. Posición que, de llevarse adelante, supondría una sibilina manera –muy propia de Mariano Rajoy- de entrar en guerra sin entrar en guerra, o sea, entrar en la guerra por la puerta de servicio. Y ello sin necesidad, a no ser que se lo pidan de “arriba”, de aplicar ni el artículo 5 del Tratado de la OTAN ni el 42.7 de los tratados comunitarios que contemplan la ayuda militar a prestar a los socios. El pacto anti terrorista, al igual que la cerrada postura anti catalana, y ahora los aires bélicos han insuflado nuevos dividendos electorales, mucho más palpables que la clandestina e inasible recuperación económica, al presidente del Gobierno español ante la cita con las urnas del 20-D. De pronto el anodino Rajoy se ha erigido en un hombre de estado a la vanguardia de una nueva alianza patriótica (centralista, occidental y cristiana, por supuesto). Vaya regalo ha recibido a pocos días de los comicios. La guerra se ha colado en las elecciones generales al Congreso de Diputados.

Hace días, con las declaraciones de Sergio Pascual, candidato a las generales por Sevilla en las listas de Podemos, asegurando el cumplimiento por parte de la formación hasta la última coma de los acuerdos suscritos en el Convenio de Cooperación para la defensa entre el Reino de España y los Estados Unidos de América que regulan el uso de las bases yanquis en nuestro país, y tras la inclusión como número 2 en la lista de Zaragoza al Congreso de Podemos de Julio Rodríguez, ex jefe del Estado Mayor de la Defensa, presentado como representante de la sociedad civil (sic), quien se apresuró a declarar que se respetarán los acuerdos que nos vinculan a la OTAN, quedé desconcertado. Y pensé que la OTAN se había colado en mi papeleta.

Pero el asunto es más grave pues la proliferación de maniobras militares de la Alianza Atlántica en nuestro país bajo engañosas denominaciones como Trident Juncture 2015 coincidiendo con la declaración del Mediterráneo como zona de especial riesgo para las potencias occidentales, el uso continuado de las bases peninsulares como aeropuertos de los bombaderos norteamericanos en Oriente Medio y norte de África y la intención de convertir Canarias en un portaviones amenazante sobre la cara atlántica africana, y ante el posible riesgo de una nueva escalada bélica, están metiendo a nuestro país en una guerra sin declararla.

¿Qué hacer? Las fuerzas que luchen por la paz tienen a mano, por si quieren usarlas, propuestas sencillas y claras. No son nuevas, pero son eficaces. No son espectaculares, pero son éticas. No forman parte del recetario del establishment, pero empoderan al pueblo. Todas las medidas pueden resumirse en una: desconexión del entramado belicista. El objetivo es evitar la intervención directa o indirecta y siempre subordinada del Estado español en las guerras proclamadas y dirigidas por terceros.

Junto al rechazo a participar en un pacto “anti-yihadista” -tal como ha hecho Pablo Iglesias- las fuerzas del cambio, las fuerzas de izquierdas, deben mantener una postura de distancia y antagonismo con las propuestas que ha comenzado a presentar Rajoy. Dejen solos al trío de Rivera-Sánchez-Rajoy, la casta (¿se acuerdan de lo de la casta?), e intenten configurar una mayoría social por la paz. En definitiva, mantengan la dignidad como valor añadido. Llamen a rebato para movilizar los centros de trabajo y estudio y llenar las calles y plazas de combatientes por la paz.

Las fuerzas del cambio deberán impulsar de forma activa el desacople del Estado español respecto a los artefactos militaristas. Adquiéranse los compromisos electorales necesarios para preservar la soberanía sobre el territorio y ello conlleva poner el acento en primer lugar en la denuncia y no renovación del Convenio bilateral con Estados Unidos para finiquitarlo en el plazo máximo de un año, acogiéndose al artículo 69.2, que regula la vigencia y prórrogas del mismo. Con ello erradicaremos la intervención indirecta en las guerras de los otros. Y refuércese la voluntad de abandonar la OTAN sin esperar a que se organice un nuevo, utópico y reaccionario polo europeo de la defensa que tendría –en el caso muy poco probable de realizarse- un carácter tan imperialista como la OTAN, actual garante del orden capitalista global. Entramos en la alianza militar tras un referéndum en el que el gobierno socialista se volcó hasta el chantaje con el “sí”, anúnciense la voluntad, en caso de gobernar, de denunciar el acuerdo que nos vincula y la convocatoria de un referéndum para salir de la OTAN. Con ello evitaremos la entrada directa en las guerras que decidan terceros.