Dominio público

Yolanda Díaz y los mayores de edad

Ana Pardo de Vera

La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, a su llegada a un foro sobre el futuro del trabajo, en Espacio Rastro, a 19 de mayo de 2022, en Madrid (España). - EUROPA PRESS

La vicepresidenta segunda del Gobierno tiene razón y hay que dársela: los partidos actuales tratan a los y las ciudadanas como si fueran imbéciles. Lo dijo en un acto en esa gran Universidad que es la de Santiago de Compostela (y no porque sea la de esta plumilla) en medio del entusiasmo de un salón de actos repleto, particularmente de gente joven. Con todo, prudencia con el público entregado siempre: en Galicia sigue arrasando el PP aunque el nuevo presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, se estrene diciendo el mismo Día das Letras Galegas que el regreso de Juan Carlos I de Borbón a España, destino Sanxenxo, pone al país de gallegos y gallegas "en el mapa". En el mapa, querrá decir, como lo puso el PP en 2002, con su gestión del hundimiento del ‘Prestige’, o contrabandistas y narcotraficantes en los 80, con ese revoltijo entre política de AP y mafia criminal.

Con estas palabras, Díaz empieza haciendo una autocrítica que es de agradecer en un momento de estrategias explicadas para tontos (Sáhara o Pegasus) y de manipulaciones que causan sonrojo (‘ejemplaridad’ de Felipe VI o audios del PP y Villarejo en El País) y que tan complicado lo pone al periodismo, por cierto, para ejercer el derecho a la información de todas las ciudadanas: ya no es solo que no se cuente la verdad, es que se nos trasladan relatos alternativos, mutilados, medias verdades o ninguna que parecen cuentos infantiles. Son muy pocas las formaciones políticas que escapan a esa pulsión ansiosa de que nos creamos lo que quieren que nos creamos en vez de contarnos con honestidad y transparencia lo que ocurre. No buscamos políticos y políticas perfectas, sino seres humanos decentes al frente de nuestras instituciones, ¿es tanto pedir?

Siendo consciente de la empresa tan dura que inicia con el nombre ‘Sumar’, filtrado desde Interior antes de que el equipo de la vicepresidenta y ministra de Trabajo tuviera constancia del registro, Díaz quiere poner por delante su deseo de no engañar a nadie al modo argumentario. El de argumentario, bien lo saben ustedes, es ese estilo enlacado con el que nuestros dirigentes cacarean el mismo mensaje una y otra vez, otra y una vez, en los medios de comunicación, en las entrevistas o en las tribunas institucionales hasta que se pierde toda esperanza de sacarles algo más.

No obstante, la vicepresidenta sabe que en su afán por liderar un proceso integrador y expansivo, que iniciará después de las elecciones del 19 de junio en Andalucía, choca con dos dificultades internas de mucho peso, quizás las más complejas: el acoplamiento -o no, según lo vean ellas- de Podemos, que será tratado como un actor más de los muchos, el máximo posible, que quiere sumar Yolanda Díaz, por un lado, y lograr una red territorial de apoyos potente y bien sujeta a esos suelos, que, en un país como España y para una candidatura nacional, es condición ‘sine qua non’ para establecer un proyecto con afán de perdurabilidad y no sometido a los vaivenes emocionales de estos tiempos cambiantes, como ocurrió con Unidas Podemos y un 15-M hoy amortizado.

El espacio progresista, sea el votante o el potencial, no entendería de ninguna manera que el PSOE mantuviera una actitud de respeto electoral hacia Yolanda Díaz, como ha garantizado implícitamente el presidente Pedro Sánchez al admitir que necesita a Díaz y su proyecto para volver a gobernar, y las zancadillas vinieran de los componentes de cada una de las partes que pretenden sumarse a la nueva iniciativa.

Díaz ha sido elegida por el exlíder de Podemos, Pablo Iglesias, sin estar ella convencida y para liderar una refundación de un espacio que, por imperiosa necesidad (véase el CIS de este jueves), debe ampliarse y volver a entusiasmar. Sí, la izquierda se entusiasma y se deprime con la misma facilidad que el inventor de la ciclotimia, y ahora mismo, hay muchas dudas y mucho cansancio con expectativas desinfladas -gobernar en coalición con 35 escaños tiene esas cosas y eso también hay que explicarlo con naturalidad y dirigiéndose a mayores de edad- y luchas internas sobre quién tiene más legitimidad para ocupar uno u otro puesto en función de lo que hizo en el pasado.

El pasado existe en la forma que debe ser entendido el pasado para el futuro: conociéndolo, reconociéndolo y extrayendo las mejores lecciones posibles. No siempre el o la que más ha sumado un día pasado es la mejor alternativa para el futuro. Revisen la trayectoria del añorado Julio Anguita. Aquí, ahora, si cada una busca su reconocimiento institucional y partidista en el futuro por el pasado, el proyecto se atasca y no se avanza en un proyecto, mucho menos, de Gobierno. Todos los partidos, asociaciones, plataformas, entidades, personas, etc. que deseen sumarse al proyecto de Díaz han de confiar en ella y olvidarse de personalismos. Aportar al proyecto ("Programa, programa") desde el conocimiento y la experiencia y dejarla hacer, que se equivocará, seguro, y acertará ídem. Y si hay alguien que cree que es mejor candidato o tiene más legitimidad que Yolanda Díaz para liderar la nueva opción política, que dé un paso al frente y demuestre, por ejemplo, una mejor valoración de la vicepresidenta en las encuestas, que muy pocas veces la izquierda ha tenido líderes tan bien considerados ni una mujer candidata a la Presidencia del Gobierno, que parece que molestan las posibilidades reales de lograr algo importante. Absténgase de incordiar, por tanto, mesías y moscas cojoneras. Empieza un nuevo tiempo.