Opinion · EconoNuestra

Cuestionar desde la raíz el proyecto europeo

Fernando Luengo
Economista y miembro del círculo de Chamberí de Podemos

El debate europeo, además de ser escaso, está sesgado, condicionado por el relato impuesto desde el poder económico, político, académico y mediático. Este relato insiste, una y otra vez, en que la creación de la Unión Económica y Monetaria (UEM) fue un acierto, una necesidad; pero que el diseño institucional que acompaño ese proceso fue, al mismo tiempo, insuficiente y deficiente. La prueba evidente de ello habría sido el crack financiero y la crisis económica posterior.

Poco o nada se reflexiona sobre los límites y las contradicciones de la construcción europea, que, se nos asegura, seguía, en lo fundamental. el camino correcto, proporcionando más integración económica, más crecimiento y más bienestar. Así pues, el desafío consistiría en corregir las carencias institucionales con que surgió el euro, con más y mejor gobernanza, y recuperar las esencias del “proyecto europeo”.

Este planteamiento omite, en mi opinión, una reflexión sobre los límites y las contradicciones de ese proyecto europeo, cuyo rastro ya se podía seguir mucho antes del estallido de la crisis, en los años de “auge” económico, y también antes del lanzamiento de la moneda única. Son cuatro las rupturas a destacar.

En primer lugar, el equilibrio entre las instituciones y los mercados, que pretendía diferenciar la construcción europea de otras dinámicas de integración económica, inspiradas en los principios del Consenso de Washington, se rompió a favor de los mercados, o, lo que es lo mismo, en beneficio de las empresas transnacionales que se benefician de un espacio sin trabas ni barreras.

En segundo lugar, el denominado proyecto europeo obtenía buena parte de su legitimación y de su justificación histórica por la capacidad de generar convergencia, esto es, por su capacidad para que las economías relativamente rezagadas se acercaran al nivel de las más avanzadas. Y esto tenía mucho que ver con la existencia de políticas e instituciones con vocación redistributiva. Pero esa lógica convergente cada vez ha operado con más dificultad, dándose, al mismo tiempo cierta convergencia en las variables nominales, junto a disparidades estructurales, reflejándose muy especialmente en las muy diversas capacidades productivas y competitivas que han coexistido en la Unión Europea (UE).

En tercer lugar, la construcción europea se sostenía en un consenso redistributivo basado en las políticas de signo keynesiano, en virtud del cual se reivindicaba una significativa presencia del Estado en la economía, su activo papel en el sostenimiento de la demanda agregada y el aumento de los salarios en línea con la productividad del trabajo. El triunfo del neoliberalismo desplazó este paradigma y lo sustituyó por otro, donde el mercado ocupaba cada vez más el papel del sector público, los salarios eran  considerados como un factor de coste de las empresas, exigiéndose su moderación, y se reivindicaban las políticas de oferta -cuyo eje central era precisamente la represión salarial- frente a las de demanda.

En cuarto lugar, el consenso franco-alemán que alimentó desde el comienzo la construcción europea fue progresivamente sustituido por la hegemonía del pensamiento y la política germana. Así, la lógica austeritaria y mercantilista de Alemania se ha trasladado, de facto, a las instituciones comunitarias.

Estos rasgos estuvieron presentes antes del nacimiento del euro. No sólo eso. Condicionaron de manera decisiva el entorno institucional que ha sostenido hasta el momento la UEM. Por esa razón, mejor que hablar de déficits o errores, resulta más apropiado y riguroso referirse a los intereses que capturaron y todavía capturan la arquitectura institucional.

Poner el foco del debate en las fracturas que acabo de apuntar significa cuestionar desde la raíz el relato sobre las bondades de la construcción europea (y de los principios que gobiernan la globalización de los mercados). Una necesidad para comprender la profundidad de la crisis y para abrir escenarios de superación de la misma.