El tablero global

Con Putin, los rusos dicen adiós al futuro

Tanto los observadores de la OSCE como el propio Departamento de Estado de EEUU reclaman que se investiguen las irregularidades en las elecciones presidenciales de Rusia que dieron la victoria a Vladímir Putin con casi dos tercios de los votos. Una vez más, está claro que estos últimos comicios a la rusa no han sido un ejemplo de limpieza y democracia, pero no cabe la menor duda de que el presidente-primer ministro-presidente, habría ganado igualmente aunque no se hubieran rellenado urnas ni se hubiera practicado el ya célebre "tiovivo": votantes que viajan en autocares proporcionados por las autoridades para depositar sufragios sucesivamente en varios colegios electorales distintos, gracias a la permisividad de las autoridades electorales.

En este caso, el triunfo de Putin en las urnas no se ha debido al pucherazo, como reconocía Yuri Saprykin, director de una revista opositora que apoyó las manifestaciones contra el líder del Kremlin: "Incluso tomando en cuenta las falsificaciones, los tiovivos, el bloqueo de las cámaras de vigilancia… Putin posee una mayoría a la que nadie ni nada puede oponerse".

Porque el verdadero fraude a la democracia es el de la falta de libertad de expresión e información en Rusia. Dos meses después de la primera victoria electoral de Putin, en marzo de 2000, agentes enmascarados de la Policía fiscal asaltaron la sede de la mayor televisión privada del país, NTV, que había hecho información crítica de las guerras chechenas. Al año siguiente, la cadena fue adquirida por la multinacional estatal del gas, Gazprom. Ahí terminó la independencia de esa emisora, que pasó a convertirse en portavoz del hombre que ha decidido gobernar todas las rusias con mano de hierro durante 24 años consecutivos: ahora tendrá otros 12 años en la Presidencia, tras haber ejercido otros tantos como verdadero Zar, primero en ese mismo cargo y hasta ahora en el interregno como jefe del Gobierno que pactó con Medvedev para sortear la limitación constitucional de dos mandatos seguidos.

Durante sus sucesivos mandatos, Putin ha amordazado a toda voz disidente hasta crear un pensamiento único y unánime entre los lectores, telespectadores y oyentes, de forma que la única versión existente para la inmensa mayoría de los ciudadanos rusos es la de su omnipotente red de medios afines. Sólo una voz, la emisora Ekho Moskvy, con el periodista independiente Alexei Venediktov al frente, quebraba ese entramado digno del Gran Hermano orwelliano… hasta que apoyó abiertamente las grandes manifestaciones de denuncia del fraude electoral tras las legislativas de diciembre.

El gigante del gas ruso, metido en editor general de los medios de comunicación a través de su división Gazprom Media, ya poseía dos terceras partes de la propiedad de esa emisora de radio y decidió el mes pasado modificar la composición del consejo de administración de "Eco de Moscú", de forma que los periodistas serán reemplazados por tecnócratas y el puesto independiente será ocupado por un antiguo compañero de clase de Dmitri Medvédev, el presidente que le ha calentado el trono del Kremlin a Putin durante estos años. Al fin y al cabo, Medvédev presidió la todopoderosa Gazprom antes de ocupar la jefatura del Estado.

Casi simultáneamente, la Fiscalía rusa abrió el 16 de febrero una investigación contra el único canal independiente de televisión que queda, Dozhd TV, que se distribuye por cable e internet, en represalia por su cobertura de las protestas contra las irregularidades electorales.

Al final, a la oposición sólo le queda la voz de los blogs y de Twitter, y el bloguero Aleksei Navalny se ha convertido en el líder de la rebelión contra Putin después de que fuera encarcelado durante quince días por informar sobre las manifestaciones de diciembre. Tiene sólo 35 años, pero ya ha desvelado numerosos escándalos de corrupción, como el de los millones de euros en comisiones y sobornos distribuidos por otro coloso, Transneft, que controla los oleoductos rusos. Navalny llama a Putin "el consejero delegado de Rusia SA" y acusa a su partido de estar formado por "estafadores y ladrones", algo que le ha atraído las simpatías de numerosos seguidores jóvenes en las grandes ciudades, especialmente en Moscú, donde el líder del Kremlin no superó la mitad de los votos emitidos.

Esos jóvenes rusos se lamentan ahora de que "los mejores años" de sus vidas estarán marcados por el estigma del putinismo. Uno de ellos llevaba una pancarta, durante los disturbios del lunes por la noche, que clamaba: "Adiós, futuro".