El desconcierto

Públicas virtudes, vicios privados

La cínica reacción de los partidos llamados a configurar la Gran Coalición, ante la cadena interminable de corrupciones surgidas estos últimos días, señala que vamos derechos a las urnas del 26 de junio. Bien sea con la detención del alcalde de Granada, la lista de viajeros españoles a Panamá, el ingreso en prisión de Mario Conde y la sanción fiscal de Aznar ; PP, PSOE y Ciudadanos proclaman las públicas virtudes a la vez que ocultan los vicios privados. Ya se sabe, la paja en ojo propio y la viga en el ajeno.

Torres Hurtado es el penúltimo alcalde del PP cogido in fraganti, con las manos en la masa. La sanción de Montoro a Aznar, todo un ex-presidente del Gobierno de España montando una sociedad para pagar la mitad de los impuestos, no mejora la imagen de un partido pringado en la corrupción de la cabeza a los pies. Las sucesivas versiones del ministro Soria sobre O.K. Lines, le sitúan al borde del precipicio antes de su prevista comparecencia en el Congreso de los Diputados. En cuanto al bankganster Conde, el sistemático blanqueo del capital sustraído al Banesto, durante más de una quincena de años, pone en cuestión al ministerio de Hacienda y al Banco de España a lo largo de toda la Administración bipartidista.

Panamá dejó de figurar en la lista española de los paraísos fiscales por decisión del último gobierno del PSOE, determinada por la clara presión de un lobby de empresas vinculadas a los socialistas.Mientras habría que averiguar por qué los socialistas mantienen un perfil bajo sobre el escándalo de Granada. En esta espiral, algún estrecho colaborador de Pedro Sánchez, que el periodista Raúl del Pozo  nombra por el apodo de Fouché, podría aportar valiosa información al juez Santiago Pedraz sobre las actividades de Conde en los 90 o las de algunos de sus socios, como Francisco Paesa, que, según fuentes judiciales, retenido entonces por la Guardia Civil en Barajas, pudo continuar su vuelo por una muy misteriosa llamada telefónica proveniente de no se sabe dónde y de no se sabe quién.

Rivera conocía quien era el alcalde  de Granada, Torres Hurtado; trató de vetarle como alcalde en su pacto municipal con el PP, pero al final desistió. Los cordones umbilicales de Ciudadanos debieron de funcionar entonces,  tanto como lo hacen ahora en lo que se refiere al paraíso fiscal de Panamá e incluso en asunto Mario Conde Este es el problema genético de este partido. Se presenta como limpio, lo es, pero no puede limpiar dónde, cuándo y cómo quiere. No basta con denunciar a este edil corrupto. Lo que hoy le ocurre a Rivera en Granada, mañana le puede ocurrir en Madrid o en Sevilla, donde aún apoya a dos presidentas, Cristina Cifuentes y Susana Díaz, que tenían indicios más que suficientes, por sus anteriores responsabilidades, sobre la Gürtel y los ERES. ¿Quien le garantiza ahora  a Ciudadanos que no surgirán nuevos Ignacio González o Manuel Chaves como ha surgido Torres Hurtado ?

Madrid no es el castillo de Elsinore, donde Hamlet olía algo a podrido. En este escenario político madrileño todo hiede. No es la corrupción política la primera motivación, pero tampoco es la última, que impide que hoy la mayoría de los españoles puedan contar con un gobierno progresista, basado en el pacto PSOE, Podemos, IU y Compromis. La vieja clase política bipartidista, corroída por la corrupción, junto con ese comodín de la nueva derecha que es Ciudadanos, dependiente de los corruptores, temen que Sánchez, Iglesias, Garzón, Oltra y Domenech levanten más de la cuenta las alfombras de la Administración que nadie ha limpiado en cuatro décadas. A  juzgar por el hedor, los montones de basura conocidos no son más que la punta del  iceberg.