Opinion · El desconcierto

La segunda victoria de Sánchez

No ha sido la filosofía zen– lectura errónea de la impasibilidad de Sánchez–, sino la dialéctica, que ha multiplicado cualitativamente la exigua cantidad parlamentaria de 84 escaños del PSOE, la que explica que el presidente del Gobierno haya conseguido su segunda victoria política tras seis meses en la Moncloa. El 1 de junio, la moción de censura a Rajoy; el 20 de diciembre, la aprobación de la senda de déficit público que fue rechazada en el pasado mes de julio. Simbólica, por cuanto Casado la vetará en el Senado; pero real, por cuanto el líder del PSOE vuelve a reunificar el bloque democrático sobre el que se sostiene en el Congreso de los Diputados. Quienes votaron justo antes del verano contra la corrupción institucionalizada del PP, han votado antes del invierno contra la involución de las tres derechas.

Podemos, Esquerra  y PDCat aciertan cuando rectifican su abstención del pasado mes de julio sobre la senda de gasto. Ni durante el verano, ni ahora en otoño, la discusión presupuestaria ha sido económica sino esencialmente política. Quien quiera puede taparse la nariz o seguir con la carta a los Reyes Magos, pero nadie puede cerrarse los ojos ante el vendaval autoritario que intenta llevarnos a la etapa preconstitucional que sucedió a la II Restauración de los Borbones. Entonces, un jefe del Estado lúcido relevó a Arias Navarro tras una amplia movilización social, pero hoy cabe preguntarse si el jefe del Estado del 3 de octubre de 2017 sabría, podría o querría adoptar una decisión análoga. Mejor, desde luego, no hacer experimentos.

Quien sí acertó ya en julio fue Aitor Esteban, portavoz del PNV, cuando votó en el verano lo que ayer votaron todos los que  antes se abstuvieron. Es una suerte para la democracia española el contar con este plantel de cuadros políticos de los partidos vascos. Frente a la mediocridad generalizada de los españoles y el infantilismo de los catalanes, los políticos del arco parlamentario vasco sobresalen por su capacidad e iniciativa. Ahí está la gestión discreta del Lehendakari Iñigo Urkullu en la recuperación de esa mayoría perdida de Pedro Sánchez en la votación de ayer. Por no hablar de los potenciales efectos benéficos que tendría para todos la inteligente propuesta, efectuada por destacados grupos de la sociedad vasca, tendente a la creación de un  grupo parlamentario multinacional en el parlamento español, que englobaría a los nacionalistas catalanes, vascos y gallegos. Veremos si en las elecciones europeas del próximo mayo esta interesante iniciativa se concreta.

Corresponde, sin embargo, a Casado, Rivera y Abascal el éxito de la segunda victoria de Sánchez. Sin las tres derechas en sintonía, la votación de ayer no hubiera sido favorable a la Moncloa. Obcecados con la explotación política del histórico conflicto catalán, al grito de Reconquista, se colocan a la derecha de Macron cuando imponen en el Senado un 1,3% de déficit público que reemplace ese 1,8% fijado por el presidente de Gobierno. Justo en el mismo momento en que hasta la derecha elitista gala, más euroilusionista que Merkel, supera el 2% para hacer frente al gasto social de la revuelta de los gilets jaunes, Casado y Rivera se presentan como más papistas que el Papado de Berlín. Con el programa de las tres derechas– involución política, retroceso social y centralismo territorial– el sentido común se pone detrás de Sánchez.

Justo lo contrario: diálogo político, avance social y descentralización territorial es la seria respuesta del Gobierno socialista. Reunión del Consejo de Ministros en Barcelona, subida del salario mínimo junto con el de los funcionarios y reforma del modelo de Estado configuran hoy los tres ejes políticos esenciales del gobierno progresista que avanzan ayudados por ese  corcel de la Reconquista, la alternativa de las tres derechas. Sin ningún tipo de pacto, ni con Podemos o los soberanistas, ni alianza parlamentaria formalizada, la Moncloa cuenta con el visto bueno, sin pedir nada a cambio, de los grupos parlamentarios que le apoyan. Ayer, Pedro Sanchez avanzó gracias a la corrupción del Partido Popular; hoy, gracias a la involución política de Casado, Rivera y Abascal. El gobierno socialista se dispone a entrar en el 2019 más fuerte que ayer pero menos que mañana.

En realidad, la reciente votación sobre el techo de gasto ha sido una moción de censura contra la oposición de las tres derechas. De lo que se desprende una moción de confianza implícita otorgada al gobierno por la mayoría de los grupos parlamentarios. No hay ningún acuerdo con la Moncloa, por no haber ni siquiera hay Presupuestos. Tampoco existe un apoyo incondicional e indefinido. Salvo el vértigo al vacío, nada más une a los partidos que ayer volvieron a dar la victoria al PSOE. Pese a ello, Sánchez acaba de ganar nueve meses más en la Moncloa. Si las tres derechas continúan cabalgando desbocados como los cuatro jinetes del Apocalipsis, no cabe descartar que incluso, si se aprobaran los Presupuestos, Pedro Sánchez continue hasta el fin de la Legislatura, junio de 2020.