Opinión · El desconcierto

El rejón de Errejón

La venganza es un plato que se sirve frío. Que se lo digan a Iglesias que ayer se despertaba con el rejón de Errejón incrustado en la intercostal de la organización madrileña de Podemos, por haber olvidado que su compañero proviene de la acreditada escuela de Rubalcaba: si te das la vuelta, te la clava. Nadie va a recordar hoy a Errejón, dado su blindaje mediático, que en la Asamblea de Vistalegre II obtuvo un importante 30% de votos, pero que Iglesias dobló con creces su porcentaje, tampoco escuchará que en Podemos Madrid la errejonista Rita Maestra fue también derrotada por el pablista Ramón Espinar. En realidad, a él le da igual.  Lógico y coherente, esto no se le puede negar, lo que plantea desde la minoría morada es una batalla política, no orgánica, concretada en un  objetivo: Más Madrid, menos Podemos.

Si Carmena puede hacer y deshacer a su antojo la candidatura que va a presidir a la alcaldía de Madrid ¿por qué no puede hacer lo mismo Errejón ? De hecho, la minoría podemita errejonista emplea los mismos argumentos de la alcaldesa y exige la misma independencia de criterio porque, igualmente, comparte el análisis de fondo de la señora Carmena sobre la necesidad de desmarcarse de la marca Podemos. Si se admite, como se admitió, que el quinteto de concejales encabezados por Rita Maestre se nuclee en torno a la edil madrileña, sin que se les sancione desde la organización a la que pertenecen, ¿por qué negar a Errejón que reedite en la Comunidad lo que es un fait accompli en el Ayuntamiento?

Sin embargo, el certero rejón de Errejón, a sólo cuatro meses de unas cruciales elecciones municipales y autonómicas, no puede tener la misma respuesta en Madrid capital que en la Comunidad. El prestigio de Carmena es real, mientras que el de Errejón es puro marketing. Así, Pablo Iglesias acepta el órdago en el ayuntamiento para no chocar con Carmena; pero rechaza el ultimátum de Iñigo Errejón y decide que Podemos presentará sus propias listas al margen de las errejonistas. Dicho de otro modo, traga el caldo Más Madrid en el municipio, pero no está dispuesto a tragar las tres tazas de Más Madrid en la autonomía madrileña. Quizás, porque sabe que el reto de Errejón, no el de Carmena, va dirigido al interior de Podemos.

A nadie escapa que el rejonazo coincide justamente con el quinto aniversario de la fundación de Podemos en el Teatro del Barrio de Madrid. Seguro que Pablo Iglesias recordará cuanta razón tenía cuando le presentó como un sagaz líder político que, a la vista estaba dado su aspecto aniñado, había hecho un pacto con el diablo. La fecha elegida es hoy un aviso para navegantes de Podemos de cara a una próxima asamblea Vistalegre III, en la que el hoy secretario general morado deberá rendir cuentas de su gestión en un escenario político, probablemente, nada favorable para la formación. Es decir, Errejón no abandona Podemos, ni se refugia en su casa, sino que la lucha por la candidatura independiente de Podemos en Madrid precede a la lucha futura por la dirección nacional de Podemos.

Desde el momento en que Iglesias cogió el balón de Errejón, sin dejar pasar al jugador Iñigo, estaba cantado el rejonazo. Si el penúltimo viraje de Podemos, pegado a la rueda del PSOE, asumía implícitamente el criterio de Errejón, tarde o temprano el protagonista reclamaría su vuelta al terreno de juego como jugador estrella, tal y como estamos viendo. ¿Quien mejor puede jugar el balón de Errejón que el propio Errejón? En cuanto ha visto la evidente fragilidad política de su adversario se ha lanzado a recuperar el balón político que, estima, él puede y sabe jugarlo mucho mejor que Iglesias. De hecho, no es una pugna reciente, es una lucha que los enfrenta desde el mismo momento de la fundación de Podemos, y que ahora se repite con mayor fuerza justo porque encaja con el próximo viraje del presidente del Gobierno.

Cuando Pedro Sánchez  empieza a sustituir el modelo portugués de Antonio Costa, basado en la unidad de la izquierda, por el modelo sueco de Stefan Löfven, basado en el clásico pacto socialista con la derecha, la vieja polémica de hace ahora dos años sobre el non nato gobierno Rivera-Sánchez, que enfrentó a Errejón con Iglesias, podría reaparecer en Podemos. Es todavía prematuro, aunque los estrategas socialistas ya trabajan con la posibilidad de dicha fórmula, con la finalidad, dicen, de parar a Vox a la vez que, no lo dicen, marginar a Podemos. Todo depende, por supuesto, de unas elecciones generales que pueden variar el muy inestable mapa político. Quizás, la ecuación que hoy postula  Errejón, Más Madrid, menos Podemos, esconda la de mañana, más Madrid, menos Podemos, más PSOE.