Opinion · Otra economía

Europeismo e investidura

Fernando Luengo
Economista y miembro del círculo de Chamberí de Podemos
@fluengoe
Blog de economía crítica: Otra economía

 

Uno de los ejes centrales del discurso de investidura de Pedro Sánchez ha sido Europa. En su declaración programática ha proclamado su compromiso, en caso de alcanzar la presidencia del gobierno, con un proyecto europeo que, según sus propias palabras, ha traído a la ciudadanía europea prosperidad económica y cohesión social. De modo que la ruta a seguir está clara: más y mejor Europa.

El resto de los intervinientes en el debate simplemente han omitido el tema europeo o han pasado sobre el mismo de puntillas. ¿Están de acuerdo con la posición de principios de Pedro Sánchez? ¿consideran acaso que la dimensión europea carece de relevancia en el debate de investidura? ¿razonan quizá que el entorno europeo es una referencia obligada y positiva donde encuadrar nuestras políticas económicas y sociales? No es mi intención generalizar, metiendo a todos los políticos en el mismo saco, pero llama la atención la existencia de un denominador común: postergar, reducir a su mínima expresión y simplificar el debate europeo.

Pero ese debate no se cierra con confusos y simplones pronunciamientos a favor del europeísmo, a los que son tan aficionados los dirigentes del Partido Socialista Obrero Español. Dando por bueno que el denominado “proyecto europeo” camina -a veces con velocidad de crucero y otras con evidentes dificultades- en la dirección de la convergencia productiva, social y territorial, garantizando el respecto de los derechos humanos y comprometido con la transición ecológica. Eso es mucho suponer.

Me pregunto ¿dónde está esa Europa, en qué espacio sideral habita? ¿dónde está la evidencia empírica que justifica el dogma de fe europeísta? En realidad, qué importan estas u otras preguntas; nada de esto es relevante cuando la acción política consiste en lanzar eslóganes falaces que los grandes medios de comunicación convierten en titulares para ser consumidos por una ciudadanía poco informada.

No soy europeísta, ni creo que la izquierda transformadora pueda serlo. Vivimos en una Unión Europea y una Unión Económica y Monetaria donde las disparidades estructurales entre países y regiones han aumentado, donde los salarios de la mayor parte de los trabajadores están estancados o en franco retroceso, donde se han promovido reformas laborales que han dinamitado la negociación colectiva, beneficiando al capital frente al trabajo, donde se han desmantelado o han quedado reducidas a su mínima expresión las políticas públicas sociales y productivas, donde los ricos son cada vez más ricos, donde las grandes corporaciones y las empresas transnacionales han acrecentado su poder económico y han capturado y puesto a su servicio a las instituciones. Una Europa que ha rescatado a los grandes bancos y operadores financieros, que está fracasando a la hora de abordar el desafío climático y la transición energética, que ha vulnerado los derechos humanos más básicos en materia de asilo y refugio, que impone, sobre todo a las economías más débiles, unas políticas económicas basadas en la austeridad presupuestaria y la represión salarial, que ha cedido a la presión de los lobbies de la industria armamentística, que ha utilizado sin pudor al Banco Central Europeo para humillar y hundir al gobierno griego liderado por Syriza, que firma acuerdos comerciales que otorgan más poder a los grandes grupos económicos y suponen un paso más en la destrucción del planeta.

¿Europeista? No, gracias. Suponer que esta Europa -la que realmente existe y que se está reforzando- favorecerá o incluso será neutra en la aplicación de políticas económicas y sociales en beneficio de las mayorías es un grave error, o una irresponsabilidad, o un engaño…o todo al mismo tiempo.  Esta Europa es antes una restricción que una oportunidad.