Solución Salina

El zapateado de Beiras

Ecos del último rugido celta. El otrora portavoz nacional del Bloque —cuando la gente se preguntaba: ¿qué significará eso de portavoz nacional?— vuelve a descalzarse. Entonces, en plena resaca posolímpica y cartuja, recién bautizado el Pelegrín, la primera mascota macabra, Beiras se quitó el zapato y le sacó lustre al escaño a lo Khrushchev, o Jruschov, o Khrushchev, o Kruschov, o Krusev, o Khrushchov, o Kruschev: Nikita, el ruso. Protestaba por algo, qué mas da qué: era antes del despegue y había que tomar cuerpo en un Parlamento gallego dominado por las huestes conservadoras de Don Manuel.

- ¿El nieto de Fraga?

- No, el de siempre.

Beiras, decía, agarró el zapatófono y le puso un cable a la bancada del PP y, de paso, a la parroquia votante, que ya empezaba a dar crédito a aquel dandi bobo —de bourgeois, de bohemian— que años antes había escrito la biblia económica del nacionalismo gallego, O atraso económico da Galiza, donde recogía el testigo ideológico del Sempre en Galiza de Castelao y esquivaba la aureola romántica del corajoso emigrante aferrado a su hatillo para condenar la vulneración del derecho de un individuo a desarrollarse en su propia tierra, sin necesidad de tener que recorrer mundo para ganarse las habichuelas.

El de la espuma de mar en su quijada, la testuz transitada por caracolas blancas, o Beiras proclamaba su legitimidad a ser oído, incluso escuchado, en el Pazo do Hórreo, que me recuerda a aquel trabalenguas mariano, chiste de palacio o comentario apócrifo protagonizado por el actual líder del PP, en aquel tiempo diputado en Madrid con Josemaría —Escrivá, no, el otro— tras vicepresidir el Gobierno autonómico de Fraga:

- Me llamo Mariano Rajoy y voy al Pazo de Raxoi a una Junta de la Xunta.

Beiras, de ariete de la oposición perfecta a acojone del paisano temeroso de Mao —hasta que se le redoblaron las goteras en su techo electoral, que en 2001 pasó de 18 a 17 parlamentarios, lo que precipitó su recambio en los comicios siguientes—, tuvo y tendrá para diletantes y paracaidistas un halo visionario e irredento, impetuoso y levantisco, una suerte de figura totémica entre Caballo Loco y el General Custer con un discurso lubricado por una dialéctica fulgurante y una erudición vasta hasta decir basta, pues a Xosé Manuel, catedrático de Estructura Económica con estudios en la Sorbona, consciente de su filiación urbanita e ilustrada, no le quedó otra que emprenderla a golpes con la suela del calzado para hacerse entender.

Desdibujado actualmente en las cuitas internas del BNG, donde lidera la corriente crítica transformada en partido Encontro Irmandiño, Beiras se ha hecho carne de titular estatal con un alegato anti, en plan nueva izquierda de cartero galo, el Besancenot, rollo antisistema, anticapitalista y, como se dice ahora, autónomo. Vuelve el hombre con su percusión solar, en esta ocasión la Universidad y no el Parlamento como escenario del zapateado: Rajoy, Rouco, Rubalcaba, terroristas. Sus motivos tiene, pero, con o sin ellos, carga este zoon politikon inobediente y subversivo —nunca superado en la política gallega— con el pesado fardo metonímico de la parte por el todo, la forma por el fondo, lo anecdótico por lo trascendente, el zapato por la razón.

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