Principio de incertidumbre

¡Que España no es Grecia, demonios!

España no es Grecia. Quién iba a decirnos que tenían razón Zapatero y Rajoy cuando nos aclaraban que no éramos griegos. De hecho, quién iba a decirnos que llevaban razón en algo. Pero ya es oficial: España no es Grecia. Al menos en el paro: la tasa de desempleo helena (21%) sigue siendo menor que la española (23,6%), según datos del último boletín de la Unión Europea.

España no es Grecia. Cualquiera que tenga un mapa lo sabe. Y es que España tiene un modelo claro y definido. Un nuevo negocio: la exportación de parados. Al peso y con denominación de origen. Porque cinco de cada 10 nuevos parados que en febrero calculaban en euros sus esperanzas de llegar a fin de mes no son griegos. No. Son españoles.

¡No es Grecia, demonios! Ni Portugal ni Irlanda, que son PIGS intervenidos pero que tienen un 15% y un 14,7% de paro, respectivamente. Hasta los Estados fallidos, intervenidos y estrujados por los rescates -hasta ellos-, juegan mejor en la liga del desempleo que España. Así que después de consultarlo con sus asesores, el primer ministro griego está pensando en utilizar la proclama para librarse de los periodistas y calmar a los mercados y a Bruselas: "Oigan, Grecia no es España; si lo dice hasta Rajoy".

España es España. Pese a los datos espeluznantes nadie sale a la palestra con voz contundente a presentar un plan de empleo y estímulo que detenga esta sangría. De esos planes que te dicen que vamos a invertir tantos millones en estas industrias para crear tantos puestos de trabajo.

No. Hacer eso sería irresponsable o una ocurrencia en un país que no es Grecia, ya lo saben. Mariano Rajoy ha dejado clara la prioridad: "Hacer lo que hay que hacer". Es decir, seguir la moda analfabeta de contener abruptamente el déficit colocando sacos de parados.

Porque España no es Grecia, joder, que hay que decirlo todo. Por más cosas, además:

Es un país donde el presidente no se presenta ante sus ciudadanos para dar explicaciones por sus recortes (27.000 millones más) y sus reformas, pero que sí lo hace ante la cúpula de su partido para convencerles de que hay que seguir vendiendo la moto para no vender el coche (el oficial, se entiende).

Éste es un país serio donde se legaliza el lavado de dinero, aunque sea de vez en cuando. Ya saben, ese dinero B que usted no declaró (llamado L.B en la trama Gürtel) ahora puede lucirlo por un módico 10%. Amnistía fiscal injusta en la oposición y justa en el Gobierno, que se llama.

Es simplemente un Estado que apoya a los emprendedores. A los de casinos, concretamente. Ahí están dos de sus Comunidades más eminentes enfundándose el bañador y la camiseta mojada para pelearse en el barro de Eurovegas. Es la decidida apuesta por el I+D de billete de quinientos, por el modelo productivo hortera y sonrojante. El gusto por lo mafioso. Por la ludopatía espongiforme.

En ésas está España. Ya lo saben. Ni es Grecia ni "es momento ni de pabellones, ni de autopistas, ni de aeropuertos, ni de otras cosas", como dijo Rajoy ayer ante lo suyos. Y aunque el aviso le llega muy tarde a Carlos Fabra, se equivoca Rajoy al creer que España no necesita otras cosas. Necesita estímulo, empleo y no tener que avergonzarse. Quizás sea mucho pedir. España no es Grecia. No somos nadie.

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