Opinion · Postdatas

Pedro y Susana: nosotros y ellos

No he sido simpatizante de Susana Díaz. Mis afectos en el Gobierno andaluz van por otro camino. La trianera representa lo que más odio de la política: la impostura, el sectarismo y el navajeo albaceteño.

Eso sí, cuando la tachaban de “analfabeta funcional”, la defendí porque nunca me ha gustado el escarnio (ni siquiera para quienes lo merecen).

Cuando, pertrechada tras los Presupuestos de la Junta de Andalucía, los mismos la encumbraron como “mujer de Estado” y la animaron a conquistar el PSOE por la calle de en medio, no dudé en calificarla de “rémora” para el socialismo democrático español.

Lo que le hizo a Pedro Sánchez, de quien llegó a pedir la cabeza sin tiempo para acicalarlo y con acento marcadamente siciliano, pasará a los anales de la desvergüenza democrática.

El pasado domingo, Susana Díaz volvió a morder el polvo en las elecciones andaluzas tras el estrepitoso fracaso que cosechó en las primarias del PSOE a manos de un muerto viviente.

Ganó pero terminó con la cara partida, con las derechas, PP, Ciudadanos y Vox, con los números necesarios para mandarla por tabaco, y poner fin a 36 años de gobiernos del PSOE.

Tarde o temprano tenía que producirse la alternancia –es una saludable ley democrática-, pero le va a tocar a ella, que ha cosechado los peores resultados de la historia socialista, bajar la persiana.

Pero dicho esto, no estoy de acuerdo con la forma de proceder de la Ejecutiva Federal. Las palabras del secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, enseñándole a Susana Díaz la puerta de salida a las pocas horas de una derrota electoral tan dolorosa, es un grave error. La enmienda ha servido de bien poco.

La cascada de manifestaciones en la misma línea de los pedristas de segundo y tercer nivel son hasta mezquinas y eso es lo que queda.

Hace poco, a propósito de unos nombramientos en La Almoraina manifiestamente mejorables –me quedo ahí para no adentrarme en terrenos del IMSERSO-, lamenté que el pedrismoactuara como el susanismo, que “nosotros fuéramos ellos”.

Pues estas prisas por empaquetar a Susana Díaz, sin agotar por pura cortesía siquiera las negociaciones poselectorales, tiene las mismas raíces cainitas que empujaron a la vieja guardia, los barones a la violeta y los medios afines a lapidar a Pedro Sánchez con nocturnidad y alevosía.

Posiblemente, la trianera merezca un puerta y calle –senadora autonómica, empleada de tito César o emperatriz de Tombuctú-, pero Pedro Sánchez, por muchas razones que tenga –que las tiene desde que dejó de cogerle el teléfono siendo secretario general-, no puede actuar como Susana Díaz, porque entonces será como ella.