Un tribunal de cuentas pendientes

Saludemos con alegría el paso al frente dado por el Tribunal de Cuentas, interesado en aclarar el contrato suscrito por el gobierno de Aznar con una agencia norteamericana que debería conseguir para el hombrecillo insufrible la codiciada medalla del Congreso de los Estados Unidos.

Alimentar el ego insaciable de Aznar nos costó a los españoles la bonita suma de 2,3 millones de euros, partida aprobada en un consejo de ministros por el procedimiento de urgencia, para no tener que pasar por el trámite de un concurso público.

Hace tiempo que deberíamos haberle formado a Aznar un Tribunal de Cuentas Pendientes por los casos de Irak, la gestión del desastre del Prestige y el Yak-42. Pero al final, como en los grandes casos de los capos de la mafia, habrá que conformarse con ir sentándolo en el banquillo por asuntos menores, como hicieron con Al Capone, al que pillaron por el delito leve de evasión fiscal.

El socio de la empresa Fazmatella, acrónimo de Familia Aznar-Botella, que obtuvo un beneficio de casi un millón de euros en el último ejercicio conocido, todavía tiene más cuentas pendientes con nosotros. Una de ellas es la justificación de 1,2 millones de euros a cargo de los Presupuesto Generales del Estado, con los que subvencionó varios master en la Universidad jesuítica de Georgetown, donde luego, casualmente, sería nombrado profesor.

Su empresa Fazmatella vive de conferencias y libros disparatados donde él reescribe la historia. Su mujer reescribe también: cuentos populares de escritores famosos. Nada en ellos es original. Él se compra la gloria y un puesto de profesor con nuestro dinero. Es una joya, un collar auténtico de perlas falsas.