Fuego amigo

Estaba en Melilla, y no en la cárcel

Había un incendio, y el Partido Popular envió a apagarlo al pirómano mayor. Bueno, más exactamente, en el incendio de Melilla se presentó no un incendiario, sino la cerilla misma, un tipo insufrible cuya presencia hace entrar en combustión instantáneamente el odio del mundo islámico contra este hombrecillo que dejó retratar sus miserias morales en las Azores, cuando oficiaba de lacayo ante el inventor de la figura del terrorismo internacional, encarnado malévolamente en el Islam.

Allí se presentó, para avivar la llama que la diplomacia española lleva días, con el Borbón en danza, intentado apagar. Para defender lo que el gobierno español (incluido los que él presidió, se supone) no supieron defender, "una especie de paréntesis entre el acoso y la dejadez", cuando se debería llevar a cabo "una política de seriedad y decisión", que en la traducción de sus palabras cabalísticas (habla entre dientes porque las ideas también le salen entre dientes) querría decir, más o menos: esa ciudad española que vive entre el paréntesis del mar y el desierto, acosada por los moros ante la dejadez de un gobierno que debería estar enviándoles al ejército con decisión, como hicimos en nuestros días gloriosos, cuando gobernábamos con seriedad, con el islote de Perejil, al alba y con fuerte viento de levante.

En el comienzo de esta historia, por lo que se sabe, subyace un conflicto con mujeres policías españolas, cuya existencia convive mal con el machismo insoportable de parte de la sociedad marroquí, sentimiento bien aprovechado por grupos ultranacionalistas. Nada que la diplomacia no haya sabido solventar durante décadas, siempre y cuando los patriotas de hojalata no se empeñen en malmeter.

¿Cuál es esa "dejadez" del gobierno español, según el hombrecillo insufrible? ¿No convertir el equilibrio inestable de la convivencia pacífica de dos comunidades tan distintas en un conflicto armado, para dejar claro quién es más macho? ¿No cerrar la frontera y estrangular así la economía melillense? ¿Que en el puesto fronterizo sólo atiendan varones policías a los muy varoniles talibanes? ¿A qué fueron allí González Pons y Aznar?

Lo más asombroso de la visita del presidente de FAES (Falange Española) no es su sentido de la inoportunidad y de la deslealtad manifiesta; lo más asombroso es que haya merecido ser la primera noticia, ¡la primera!, del telediario de Televisión Española, cuando cualquier alumno de periodismo de primer curso sabe que el viaje se había montado exclusivamente para salir en los telediarios. Lo que cualquier becario conoce como noticia provocada o prefabricada.

Comprendo que la gerontocracia que gobierna el Ente Público (ente, tercera acepción del DRAE: sujeto ridículo o extravagante) haya sido reclutada en las filas de la derecha española, y que, como tal, deba pagar peaje de vez en cuando; pero este caso de tratamiento periodístico roza el ridículo y el fraude. ¿En dónde se estudia ahora que la visita malintencionada de un fascista irredento a Melilla merezca salir en el telediario delante de las inundaciones de Córdoba y Murcia, con muertos por medio, antes que el debate sobre la subida de impuestos, antes que la tragedia de Pakistán, que ya es la catástrofe mayor de la década, con una quinta parte del país inundada y millones de personas sin hogar, malviviendo a la intemperie?

Los funcionarios del Tribunal Penal Internacional todavía no han emitido la orden de busca y captura contra un presunto delincuente insufrible que declaró una guerra ilegal contra un país soberano, y que sigue empeñado en extender el odio entre comunidades. Anda suelto, desvariando en conferencias financiadas por la golpista derecha neocon internacional, exigiendo en su delirio que los "moros" le pidan perdón por haber ocupado Al Andalus durante siete siglos. Su Al Andalus.

Anda suelto, y no en la cárcel. Y mira por dónde lo fueron a encontrar en Melilla los periodistas de Televisión Española.