Fuego amigo

Dos grandes pérdidas para el PP

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El Partido Popular ha perdido dos grandes nombres para su plantel electoral de las próximas municipales y autonómicas: Álvarez Cascos y Mario Conde.

Lo de el ex ministro del PP ha acaparado una mayor atención mediática, porque el asunto tiene tintes de culebrón, de venganza siciliana, de pugna de poder entre padrinos mafiosos, el de Génova 13 en Madrid y el aspirante asturiano que todavía se cree ungido por el hombrecillo insufrible que lo mantuvo un tiempo en el Consejo de ministros.

Desde aquel día de su destitución se le ha puesto esa cara permanente de estar a punto de llorar, sorbiendo los mocos, los ojos acuosos, como pidiendo mimos y arrumacos. Pero Mariano Rajoy lo encuentra mucho más atractivo de plañidera ofendida que de candidato a una autonomía que muy bien podría ganar, porque el registrador no quiere estorbos en su carrera hacia la Moncloa y que anden por ahí sacando pecho los protegidos de su contrincante agazapada, Esperanza Aguirre.

Lo de Mario Conde suena a chiste, pero su caso pertenece al folclore "popular" de esa derecha casposa típicamente gallega. Resulta que el heredero del PP orensano, el hijo del inefable José Luis Baltar, eterno presidente de la Diputación de Ourense, había tenido la ocurrencia de proponer al delincuente Mario Conde como candidato a la alcaldía del pueblo orensano de A Mezquita, de unos 1.500 habitantes censados. Poca plaza para saquear, me parece, para un personaje como Mario Conde de un pasado glorioso entre la delincuencia financiera española.

Si Belén Esteban y Carmen de Mairena tenían tirón electoral, ¿por qué no fichar a un atractivo estafador que, aprovechando su tercer grado penitenciario, se había convertido en estrella de las tertulias del grupo Intereconomía, tan cercano moralmente (¿) a la derecha que representa el PP gallego? ¿Acaso Baltar padre no había pedido a sus alcaldes en campaña electoral que "robasen los votos a quien sea"? No sé si por un ataque de sensatez, de cuernos o por puro hartazgo de la militancia, el caso es que la propuesta fue enviada a la papelera antes de ser discutida.

A quien no conozca al hijo del cacique le parecerá que alguien se ha vuelto loco en esta historia con semejante propuesta. Pero Baltar hijo, el heredero del partido en Ourense, parece haber heredado también de su padre la capacidad para el histrionismo sin vergüenza, tan del gusto de sus mayores del PP.

En campaña electoral, el niño salía alegremente con su padre a cantar con un bombo por las calles orensanas, a voz en cuello, aquello de "si no eres del PP, jodeté, jodeté", a coro con su querido y admirado progenitor. Aquel papá que con el mayor descaro daba empleo oficial a su numerosa parentela y que parecía tener licencia para emplear la agresión verbal y el insulto con la misma impunidad con que el tradicional cacique gallego se dirigía a sus sirvientes. El mismo que en un mitin aseguraba que el candidato socialista a las elecciones, su contrincante político, era" "maricón, miserable y sinvergüenza". Esta es la calidad política del binomio que gobierna la única provincia gallega huérfana de mar.

Y es una pena que la opción de Mario Conde hubiese fracasado, porque estoy seguro de que, desde ese día, lo de Ourense habría sido una juerga sin fin. Mala suerte.

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Meditación para hoy:

Ahora que ya habéis comprobado que los reyes son los padres, gritad todos conmigo: ¡viva la República!