Fuego amigo

La utopía se queda en Sol

 

Resulta más fácil explicar científicamente el misterio de la Santísima Trinidad que definir con exactitud qué es la izquierda. Item más, la izquierda se puede reconocer inmediatamente porque, cuando un partido alcanza la masa crítica y cuenta al fin con dos militantes, uno de ellos es ya un disidente. Quizá el método más simple y rápido sea definir la izquierda por exclusión, llegando al menos al consenso sobre aquello que de ninguna manera podrá ser jamás. Por ejemplo, todo lo que coincida con el retrato robot de la trayectoria vital de algunos iconos de la derecha, como José María Aznar. Es una vía como otra cualquiera, dicho sea por simplificar (¿puede haber un ejemplo más simple?).

 

Así que es obvio que si en tu juventud no eres de izquierda, de adulto, según vayan creciendo tu barriga cervecera y las trampas hipotecarias, serás un caso perdido para la causa de la solidaridad, la libertad y la justicia distributiva.  Claro que, en el caso contrario, estás condenado a pasarte media vida indagando "quiénes somos los nuestros" y qué día es el más indicado para el comienzo de la revolución.

 

Los acampados de Puerta del Sol y Plaza Catalunya han tenido la ocasión de sufrir en sus carnes, ya en su temprana edad militante, cuántas horas son necesarias para tomar una decisión por consenso, al tiempo que han podido comprobar que es mucho más incómodo y difícil tomar resoluciones en asamblea que dejarse guiar por un führer que cocine por ti el futuro.

 

Agotados de discusiones interminables, los a sí mismos llamados "indignados" acaban de anunciar el desmantelamiento de las acampadas, ese parlamento popular fatigoso que a muchos inquietó y a otros nos deslumbró. Levantan el campamento, pero dejan flotando en el aire la utopía de que otro mundo es posible.