Fuego amigo

Un pasito a la izquierda, por favor

 

Los libros de autoayuda insisten en que los errores, por mucho que nos depriman, enseñan a progresar más que los aciertos. Quizá sea una forma de consuelo al lector por la pasta gansa que tuvo que desembolsar por el libro. Pero lo cierto es que ese proceso de prueba/error para avanzar es algo que la naturaleza viene practicando desde que aparecieron las primeras y minúsculas formas de vida hasta conseguir un animal superior tan perfecto como yo. Lo que se dice un verdadero animal.

 

Sin embargo, aplicado este principio a la economía y a la política, el proceso resulta tan desesperantemente lento que no se ve el final. Nos habían hecho creer que la economía es apenas un estado de ánimo, que el dinero no se crea ni se destruye sino que se transforma mediante la alquimia de los manipuladores del dios mercado, y seguimos como al principio.

 

Albergábamos la esperanza, por ejemplo, de que cuando el mundo entró en crisis por el fraude piramidal de las hipotecas basura nos íbamos a tomar en serio la famosa "refundación del capitalismo" de la que hablaban los gobernantes alarmados y presuntamente arrepentidos, como una manera de reconocer que el sistema depredador del capitalismo es la clave de la pobreza de medio planeta. Pero se ve que se lo han "repensado" mejor.

 

Ahora, en las filas socialistas, con Barreda a la cabeza, se habla de repensar el socialismo, en crisis profunda por culpa de los votos basura de la última debacle electoral. Y claro que la pérdida de millón y medio de votos es para pensar y repensar. Siguiendo con el método de prueba/error, ¿por qué no probar con un pasito a la izquierda, a ver si así funciona?

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Meditación para hoy:

 

En Valencia han vuelto a cometer el mismo error que en Barcelona en el desalojo a golpes de los indignados. Manifestantes indignados porque en el Parlamento valenciano tomen asiento presuntos delincuentes imputados en causas judiciales, e indignados porque, como en los viejos tiempos, un crucifijo vuelva a formar parte preferente de la vida política.

 

La torpeza del ministerio del Interior es doble, por la brutalidad mostrada por la policía, y porque ha hecho de González Pons, todo un monumento al cinismo, un hombre con sentido de estado. Manda güevos. Al secretario de Comunicación del PP le faltó tiempo para recordar que "se han ido creando problemas de orden público y de salud pública que las Fuerzas de Seguridad del Estado deberían atajar... sin violencia".

 

Violencia policial, cinismo de quien no habría dudado en fumigar a los manifestantes con gases lacrimógenos y balas de goma, y violencia contra las instituciones públicas invadidas por hordas de presuntos delincuentes gracias a las llaves de los votos.