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Una semana buscando piso de alquiler con un sueldo de 1.250 euros (capítulo I): zulos de 15 metros y más de 3.800 euros por alquilar un piso de 30 metros

Es innegable que uno de los problemas existentes en España es el alquiler de una vivienda. Aunque es cierto que no afecta a todos los territorios por igual, sí que es más notorio en las grandes ciudades, que son a su vez los lugares en los que hay más posibilidades de encontrar empleo. Esto (sumado a la precariedad estructural del país) hace que multitud de jóvenes no consigan independizarse hasta cumplidos los 30 años. El precio de la vivienda también es la causa de que muchas personas vivan en pisos minúsculos o en habitaciones porque no pueden hacer frente al pago de algo más digno. En España, con el denominado salario moda (el sueldo más habitual entre la clase trabajadora) que se encuentra en los 18.000 euros brutos al año (unos 1.250 euros netos al mes), es prácticamente imposible que una persona sola pueda independizarse viviendo en una gran ciudad.

Desde Mierda Jobs nos hemos propuesto comprobar si es posible conseguir un piso de alquiler digno con el sueldo más común que tienen la mayoría de los trabajadores. Durante una semana buscaré piso en alquiler en Madrid, Barcelona y ciudades y pueblos más pequeños. Como resido en Madrid solo podré visitar de forma presencial los pisos de esta ciudad, mientras que los de otros lugares los describiré mediante las fotografías, visitas online y las propias descripciones que me den particulares y agencias. Mi objetivo es independizarme sola, y mi perfil va a ser el siguiente: Natalia Fernández, mujer de 28 años que busca independizarse por su cuenta en Madrid o Barcelona (porque su empresa tiene sede en ambas ciudades), con posibilidad de teletrabajo y que cobra 18.000 brutos anuales.

La propuesta se dividirá en tres partes: la primera de ellas será mi búsqueda de piso en Madrid, la segunda en Barcelona y la tercera en ciudades y pueblos más pequeños.

Esta es mi experiencia buscando piso de alquiler en Madrid:

Día 1

Como es el primer día me dedico a ajustar mi presupuesto. Según mis cálculos (realizados con la herramienta de Cinco Días) al ganar 18.000 euros brutos al año en 12 pagas estoy ingresando 1.247,40 euros netos al mes. Según las recomendaciones del Banco de España se debe destinar un máximo del 35% del sueldo a la vivienda para poder vivir de forma desahogada, con lo que tendría que destinar 436,59 euros al mes para el alquiler. A esta cantidad debo sumarle la luz, el agua, la calefacción, Internet, la línea de móvil, el abono transporte y la comida para cubrir únicamente las necesidades básicas (y sí, cuento internet no por ocio, sino porque mil veces me toca trabajar en casa). Este primer día he decidido buscar en Idealista porque es la página web más conocida y comienzo seleccionando únicamente la zona centro de Madrid que coge la zona de Retiro, Lavapiés, Arganzuela, Atocha, Legazpi y Delicias.

De las 5.322 viviendas, según mi presupuesto, solo puedo optar a una vivienda en la calle Canarias (muy cerca del metro de Palos de la Frontera). La vivienda está situada en una cuarta planta interior con ascensor y cuenta con 17 metros cuadrados distribuidos en, una sala con una cama, un armario y una encimera, y un pequeño baño. Como es la única a la que podría optar, llamo a la inmobiliaria para que me la enseñen y aprovecho para llamar a dos más que están por la zona, aunque se salgan un poco de mi presupuesto. De estas dos opciones, una de las viviendas ya está reservada: constaba de 23 metros cuadrados en una tercera planta sin ascensor. No tenía habitación, ni certificación energética, la calefacción era eléctrica y tenía un precio de 480 euros mensuales. Pese a ser un auténtico agujero, la inmobiliaria lo vendía como "un espacio cómodo para poder pasar tiempo en casa después del trabajo o el piso perfecto para lograr la soñada independencia".

Día 2

Tras hacer un barrido mañanero me marcho a ver los dos pisos a los que llamé el día anterior. El primero que voy a visitar está en la calle Amparo (Lavapiés) y el segundo en la calle Canarias, muy cerca de la Plaza Luca de Tena.

Acudo a la primera cita a las 13 h. aunque la comercial me avisa de que se retrasa media hora y me toca esperar en el portal. Aunque en las fotos ya se podía vislumbrar que era un piso extremadamente pequeño (en el anuncio se especificaba que constaba de 15 metros cuadrados), la comercial me aseguró el día anterior por teléfono que era un dúplex "perfecto para una pareja", algo que me cabreó sobremanera cuando entré a ese habitáculo al que era imposible llamar piso. Era un segundo sin ascensor en una finca antigua con vigas de madera. Cuando llegamos a la puerta, la mujer adecentó el espacio y me dejó pasar porque no cabíamos las dos. El piso era un pequeño cuadrado en el que había una mesa pequeña con dos sillas, un armario y una encimera no más grande que un escritorio. Del cuadrado salía un rectángulo que era el baño en el que había un váter muy pequeño (me recordaba a los servicios de los niños de infantil que son mini para que ellos puedan llegar) un lavamanos del tamaño del cuenco de un perro y un plato de ducha con cortina. La cama estaba situada en un altillo que habían hecho al que se tenía que subir con una escalera de madera (que había que colocar cada vez que alguien quisiera subir o bajar) y reptar para poder tumbarte. Era imposible incorporarse en la cama para poder leer y realmente pensé que si tenías una pesadilla y te incorporabas un poco te comías el techo y que si te daba un ataque de tos solo podías sacar la cabecita y dejarla colgando en el abismo para toser tranquila. Un auténtico despropósito. Por colocar ese altillo, la agencia decía que era un piso dúplex y la comercial me explicó que antes vivía una pareja, asegurándome que en ese espacio podían vivir dos personas. Por ese zulo (o como queráis llamarlo), que, aparte de una silla de Ikea no tenía ni un espacio en el que sentarme después de venir de trabajar, la empresa pedía 475 euros mensuales. Y, aunque me parecía un robo a mano armada, el piso se alquiló tan solo un día después de que yo lo viera.

Unas horas después acudo al piso de la calle Canarias. Si ya estaba disgustada con mi primera visita, esta se aseguró de empeorar mi estado de ánimo. Cuando llego al portal observo que tienen un telefonillo interminable y me doy cuenta de que hay cerca de 200 viviendas en ese edificio. Mientras espero al comercial, me meto en el catastro y veo que muchos tienen entre 14 y 17 metros cuadrados. Quince minutos más tarde de la hora llega el comercial para enseñarme un piso de 17 metros, situado en la cuarta planta. Aunque era dos metros cuadrados más grande que la anterior, este piso no tenía altillo haciendo que pareciese aún más pequeño (que ya es difícil). Era un piso rectangular. Al fondo había una cama de 90 con canapé (porque no había sitio para guardar las cosas). Junto a la cama un pequeño armario y, totalmente pegada a la cama, a menos de un paso, una ínfima encimera que solo tenía un grifo, sin fuegos y a continuación estaba el baño que era incluso más pequeño que el de la casa anterior. En total se podían dar cuatro pasos de punta a punta de la casa."No tiene vitrocerámica, pero puedes comprar una plancha eléctrica para cocinar algo. Por este precio es lo mejor que os vais a encontrar por la zona. No hay nada mejor que este piso, pero si queréis os puedo enseñar algo más caro y un poquito más grande", me dijo el hombre al ver mi cara de estupefacción. Y lo peor de todo es que tenía razón.

Como le dije que sí que quería ver otro piso algo más grande, me enseñó otro, una planta más abajo, de unos 25 metros cuadrados. El baño era igual de pequeño, pero la encimera era algo más espaciosa (entendedme con lo de espaciosa) y tenía una pequeña lavadora. La puerta de la entrada daba directamente a la sala principal en la que se encontraba la cocina/salón/dormitorio/despacho, y aparte había un segundo habitáculo en el que estaba el baño. Al estar vacío el piso parecía algo más grande, pero como mucho cabía un sofá cama con una mesita pequeña y una mesa de comedor para dos personas con dos sillas. Nada más. Este costaba 525 euros.

Día 3

Como veo que en la zona centro es imposible que consiga encontrar un piso más o menos decente en el que vivir, decido trasladarme a otros barrios de Madrid, así que amplío mi búsqueda para ver si consigo algo un poquito más ajustado. En mi nueva búsqueda incluyo Carabanchel, Usera, Vallecas, Ciudad lineal y Vicálvaro y, si atendiese a la regla de un tercio del sueldo dedicado a la vivienda, únicamente podría permitirme 10 pisos en esta nueva búsqueda.

Uno de ellos es un piso (por llamarlo de alguna manera) de 12 metros cuadrados en la zona de San Diego (cerca de la estación de RENFE Asamblea de Madrid Entrevías), por 400 euros al mes. Otro (por el mismo precio) está en la calle Antonio López cerca del metro de Marqués de Vadillo (de 35 metros cuadrados), pero tampoco tiene habitación ni calefacción. Por 450/475 euros lo máximo que encuentro son pisos de unos 35 metros cuadrados, exceptuando dos de 40 en la zona de Nueva Numancia y uno en Puerta del Ángel, todos ellos sin calefacción.

Como veo que la cosa no mejora, decido ampliar mi presupuesto a 600 euros al mes para ver si consigo algo un poquito mejor y comienzo a ver pisos algo más grandes aunque todavía hay muchos de 30 metros cuadrados o incluso menos.

Encuentro un piso que me gusta en el barrio de Opañel que consta de un dormitorio, un salón, una cocina y un cuarto de baño y calefacción de gas natural. El piso está sin amueblar salvo la cocina y consta de 50 metros cuadrados construidos, pero cuando llamo a la oficina me dicen que tengo que pagar un mes de fianza, un mes de depósito, el mes en curso y un mes de honorarios para la agencia. Es decir, que tengo que pagar 2.400 euros para entrar a vivir, más la mudanza o los muebles en el caso de que no tenga.

Al final encuentro un pequeño estudio en Pradolongo (Usera) por 450 euros mensuales y cierro una cita para ese mismo día. Decido cambiar de barrio y me centro en Vallecas. Allí los pisos más baratos se encuentran en la zona de San Diego (en el distrito de puente de Vallecas). Por 500 euros al mes encuentro algún estudio de entre 20 y 30 metros cuadrados y algún piso de 40 metros, así que decido llamar a varios que me parecen habitables para visitarlos y finalmente reservo uno de 40 metros en la zona de Entrevías.

Cuando acabo el rastreo me marcho a ver el piso de Pradolongo. Está a más de 15 minutos de la parada de metro más cercana. Cuando llego, un señor me está esperando en el portal con la puerta abierta y me invita a entrar. El portal es muy raro y el edificio en general me recuerda a una pensión. Tengo que subir unas largas escaleras hasta llegar a la única planta y ahí hay un pasillo con muchísimas puertas. La del fondo del todo es la mía. El piso es bastante pequeño. Tiene un baño algo más grande que los que he visto hasta ahora y la cocina tiene una vitro de dos fuegos. Hay un pequeño frigorífico que no tiene congelador, una mesa individual de un metro aproximadamente y una cama. Todo en el mismo habitáculo. Lo único que tiene diferente es un pequeño patio interior al que tengo acceso y en el que se encuentra la lavadora y una mesa individual con una silla. El comercial me asegura que está siendo muy demandado debido al bajo precio y que me tendría que decidir en las próximas horas. Y me pide 450 euros mensuales. Por la tarde programo dos visitas más, para poder visitar tres pisos en mi último día dedicado a Madrid.

Día 4

Este es mi último día buscando piso en mi ciudad.  Me levanto temprano porque a las 10 tengo mi primera visita en Villaverde. El piso que voy a ver está a unos 7 minutos de la parada Villaverde Bajo-Cruce así que me voy dando un paseo desde el metro. La verdad que por lo que había visto en las fotos me parecía interesante para una persona sola. Con 40 metros cuadrados el piso costaba 550 euros porque había sufrido una rebaja de 450. Sí, costaba 1.000. Antes de enseñármelo la inmobiliaria me pidió la cifra total de ingresos y me preguntó si iba o no alquilarlo sola y si tenía contrato indefinido. Además, me avisaron de que tenía que pagar cuatro mensualidades antes de entrar a vivir. El piso, sin ser un palacio, daba la sensación de amplitud, aunque como mucho podía vivir una pareja. Era un rectángulo largo y en la misma sala estaba la cocina, el salón y la cama, aunque todos los muebles eran plegables y cuando se recogían ocupaban poco espacio. Además el piso estaba entero en blanco y tonos pastel, lo que hacía que pareciese algo más grande. No obstante estaba hecho de chapa prefabricada ocupando unos antiguos trasteros y 550 euros me parece una auténtica barbaridad.

Dos horas después me tocó marcharme a la zona de Pirámides, una zona de Madrid mucho menos retirada del centro. Allí había visto un pequeño estudio de 32 metros cuadrados, interior. El piso era bastante deprimente, todo en tonos oscuros y con unas escaleras a modo de altillo que ni siquiera eran de obra. En la planta baja estaba la cocina (que en este caso sí que contaba con vitrocerámica), un pequeño sofá y el baño. En la planta de arriba estaba la cama y un pequeño armario de dos puertas. ¿Lo peor de todo? Que la única ventana que había era un ventanuco no más grande que un folio de din A4. Cuando me interesé por las condiciones, el hombre me dijo que tenía que pagar ocho mensualidades por adelantado (una de fianza, una de depósito, el mes el curso, el mes de agencia y cuatro mensualidades por adelantado). Es decir, 3.840 euros de los cuales 480 euros se quedaba la agencia a modo de comisión.

El último piso que me tocaba ver en Madrid era el de Vallecas. La verdad que tuve suerte porque no lo llevaba una agencia, sino un matrimonio que lo había comprado como inversión. Aunque en el anuncio ponía que era un primero, de primero no tenía nada. Era un bajo con cuatro escaloncillos, pero tenía las estancias separadas por paredes (que eso era algo nuevo para mí). El piso constaba de un salón con cocina americana, un dormitorio (bastante pequeño) y un baño bastante majo. La verdad que tenía bien aprovechados los metros porque en el salón cabía un sofá, una mesa pequeña y una mesa de comedor de un metro, tal vez un poco más. En relación tamaño/precio era sin duda el piso que más me había gustado desde que empecé. Además, el matrimonio sólo me pedía el contrato, las tres últimas nóminas, el mes en curso y un mes de fianza (recordemos que costaba 500 euros). Por lo que, si sólo hubiese tenido cuatro días para buscar piso, me hubiese quedado en el de Vallecas.

Próximo capítulo:
Una semana buscando piso de alquiler con un sueldo 1.250 euros: Barcelona

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