Cabeza de ratón

La pulsera de la reina

Los reyes lucirán en sus muñecas una humilde pulsera de silicona, una iniciativa a favor de la racionalización de los horarios que (al parecer, según los expertos, en España y supongo que en otros países del irredento Sur) son poco menos que irracionales a los ojos de los que no ven más razones que las de la productividad para imponer unos criterios, al menos, discutibles. Pienso (suelo hacerlo casi todos los días) que cualquier horario impuesto es irracional, que los únicos horarios racionales son los del reino animal; los irracionales duermen cuando tienen sueño y comen y beben cuando tienen hambre o sed. Los cazadores neolíticos, leí en alguna parte, dedicaban un 25% de su tiempo a buscarse el sustento; sus descendientes invertimos gran parte de nuestras vidas a cumplir con esa maldición bíblica que hoy se ha convertido en bendición. Esclavizados por rutinas marcadas por nuestros amos para obtener una mayor productividad, asistimos de nuevo a un intento de hacernos creer que lo más saludable para nosotros sería adaptar nuestros horarios a los usos y costumbres que rigen las vidas de nuestros vecinos del Norte.

Uno de estos racionalizadores venidos del frío y bendecidos por nuestros monarcas, tanto monta y monta tanto, proponía hace unas semanas unos horarios laborales más racionales: trabajar de siete de la mañana a cinco de la tarde, con 45 minutos de pausa para comer. En las empresas más racionales se raciona el tiempo para ir al cuarto de baño. Nuestros esfínteres no son razonables y para domesticarlos no hay nada como una buena regularización acompañada de multas y sanciones para los que se excedan en el forzoso cumplimiento de sus necesidades fisiológicas. Y es que abusamos de nuestras libertades, los trabajadores bien educados y civilizados tienen domesticados sus esfínteres que da gusto y vienen a trabajar con todo hecho de casa.

Suponen estos racionalizadores, y es mucho suponer, que con los horarios europeos podremos conciliar mejor nuestra vida laboral con la familiar, hay que madrugar más y trasnochar menos: vamos a la cama que hay que descansar para que mañana podamos madrugar y cumplir puntualmente con nuestras obligaciones. Los parados y los subcontratados por diez horas semanales estarían obligados también a cumplir con estos horarios para estar preparados y en buena forma cuando sus amos vuelvan a necesitarlos a tiempo completo. Nada de cafetitos a media mañana, nada de sobremesas y de charlas de urinario. Igual que la policía vela y controla a los escolares que hacen novillos, debería también inspeccionar que hace tanta gente en los bares fuera de su horario laboral y la seguridad privada tendría que vigilar los cuartos de baño de los centros de trabajo para que los trabajadores infieles no pierdan el tiempo que es oro, sobre todo para sus patronos, algunos madrugan mucho porque el ojo del amo engorda al caballo.

Sigamos todos, y yo el primero, por la senda de la racionalización horaria como hace nuestra reina, a la que algunos ven como inspiradora de esa pulsera que controlará nuestros tiempos. Pueden parecer grilletes pero son pulseras y están al alcance de casi todos los bolsillos. Perdonen si esta columna queda un poco corta, pero no son horas de seguir trabajando y no quiero dar mal ejemplo. Además esta noche no ponen nada interesante en la televisión, por lo visto han empezado ya a racionalizarnos.