Opinión · Otras miradas

Glam rock en la prisión

José Ángel Hidalgo

Funcionario de prisiones, escritor y periodista

La pasada noche del diez de enero, la primera cadena de TVE se marcó un especial Comando Actualidad al que tituló Comando Reinserción. Fue anunciado con eficacia de hit de los ochenta, como si fuesen a revelar en exclusiva la grabación del descenso de Dante y Virgilio a los anillos del infierno recreado para vendernos un videojuego espectacular.

“Entramos en las cárceles de España”, aseguró la presentadora, Silvia Sánchez, atornillando a los sofás con sus penetrantes ojos a los indefensos televidentes, arropada por un fondo de música cardíaca, muy sincopada, que hacía brotar con profesionalidad intriga y emoción bastantes… pero sin malos rollos.

Imagen del programa 'Comando Reinserción', de TVE
Imagen del programa ‘Comando Reinserción’, de TVE

Y en cierta medida un descenso a los infiernos sí que fue. Al menos para mí, que trabajo en la entraña de uno de esos cien anillos, o barrancos, que hay repartidos por toda España, y que son gestionados como un videojuego, en efecto, en un departamento conocido por el delirante nombre de Instituciones Penitenciarias.

El reportaje aparentemente se presentaba como un análisis de lo bien que se reinserta en España, pero a mí, que soy gato avisado, no me la dieron. La excursión de Silvia a las calderas de Pedro Botero pretendía limpiar la imagen de las cárceles de cualquier rastro de impurezas, maltrato laboral y violencia, una imagen que, según el adelantado juicio de nuestro ministro Marlaska y su secretario general, Angel Ortiz, ha sido generada ante la opinión pública tras meses de huelga y movilizaciones de funcionarios.

Así, el simpático itinerario de Silvia, siempre arrullado con notas glamurosas de excelente ritmo, nos vino a revelar a los televidentes unas cuantas cosas fundamentales, como que las prisiones son lugares de diálogo, deporte, cafelito y tratamiento voluntario, donde las agresiones no existen ni se las espera.

Valorando a su vez los planos de cámara limpios, rebosantes de participativas charlas literarias y economatos con tecnología de última generación, nos descubrieron en TVE que los internos, a pesar de haber sido malísimos, disponen de medios, profesionales sobrados y posibilidad de reinventar sus vidas, cosa que quedó demostrada fehacientemente con la entrevista ya en libertad condicional a un caco amotinador que se llevó por delante la vida de un policía. Era el mismo preso que inspiró la película Celda 211 (genial momento cuando confiesa que sólo la ha visto “a trozos”, vamos, que no la soporta, lo mismo que me pasa a mí); y a otro excarcelado más que aparece en un bar rodeado de amigos que le quieren y que no le echan cuentas por haber cumplido condena por tráfico de drogas. Bonito y ejemplar.

Comando Reinserción nos reveló además que, a juzgar por la tipología y los testimonios de los funcionarios elegidos para hablar con la inquieta Silvia, no hay razón alguna que justifique estos meses tan feos que llevamos de movilizaciones laborales. Lustrosos y tranquilos, dieron una imagen de cierta satisfacción colectiva. El televidente no avisado se preguntaría entonces ¿cómo se les ha ocurrido convocar una huelga?

Hubo tiempo para una trufa de intervenciones asombrosas también. Animado al transporte mental al que me empujaba Comando Actualidad, me dio un ataque de risa tonta, parecida al que proporciona (dicen) un buen hachís, al oír las palabras de un doctor psicólogo que aseguró que la mayoría de pobres no delinquen, que eso de unir pobreza y delincuencia es relativo. Toma castaña: claro que delinquen proporcionalmente poco, ¡porque los pobres en España son muchísimos!, me decía echándome una mano al riñón, sofocado, casi sin aire.

El día que tan solo un cinco por ciento de pobres cojan la sirla, ay, la que se va a armar, pensé… ¡Venezuela!

Luego vinieron (o quizás fueron antes, que ya andaba yo muy loco) las reflexiones del director de la prisión Madrid I, Jesús Moreno, que directamente me pusieron en contacto con fuerzas eminentemente telúricas, esas que surten tan solo del más acá: que el gasto en prisiones no es gasto, es inversión, dijo bienintencionado, sin tener en cuenta el rastro de infección que, como huevada con larva, dejan las palabras al picar: si invertimos, en lugar de gastar, pronto buscaremos un rendimiento, y eso en una cárcel solo acarreará tristezas y privatización; si queremos que no haya delincuencia, mejoremos la sociedad, España, digo yo. Abrid escuelas y se cerrarán las cárceles: se le olvidó a Moreno esa máxima de Concha Arenal, me decía, claramente enajenado.

En fin, un reportaje de TVE que afirmo rotundo es consecuencia directa de estos últimos meses de huelga en las prisiones. Marlaska no negocia con sindicatos, no nos recibe ni nos da las buenas tardes, pero ha diseñado una estrategia de comunicación para dejarnos sin aliento reivindicativo, una estrategia en la que su secretario general, Angel Ortiz, confía una barbaridad.

Así que Marlaska y Ortiz han decidido a la limón, como Aboutt y Costello en su cómica lucha contra Drácula, el Hombre Lobo y Frankenstein, que nos van a desmovilizar a base de combinar un minucioso desprecio institucional y la emisión de reportajes televisivos con el glamour suficiente como para bañar de rosa las cien cárceles del país. Es como si el refinado Ortiz soñara que solo con pintar de ese agradable color una flota desarbolada, ésta no se hundiría a pesar del cabreo de los marineros y de transportar toneladas de miseria rebosando en las bodegas: una visión horrorosa.