Otras miradas

El escándalo de las cloacas del estado: votar otra vez "con el voto entre los dientes"

Miguel Guillén

Politólogo

Vale. Ya. Hasta aquí. ¿De verdad no va a pasar nada? ¿De verdad no va a reventar todo después de las revelaciones sobre la guerra sucia de las cloacas del Estado contra Podemos y sus dirigentes? Vale. Sí. Ya sé que no. Ya sé que no va a reventar todo. Ya sé que esto de ser demócrata no es más que un significante vacío, una palabra tan manoseada que ya no quiere decir prácticamente nada. Si de verdad se tuviera una concepción real de lo que es la democracia, los dirigentes del resto de partidos políticos hubieran salido en tromba, sin pensarlo ni un momento, a condenar con claridad esta vergüenza y este escándalo, y se hubieran puesto a disposición, en este caso concreto, de Podemos y sus dirigentes. Solidaridad, se le dice. Fraternidad, la hermana pobre de la divisa republicana y que tanta falta nos hace. Pero no. No lo han hecho y se han puesto de perfil, y eso es también un escándalo. Porque una actitud democrática debe caracterizarse por, en momentos como este, dejar a un lado los intereses partidistas y defender a quien ha sido clara e injustamente perjudicado. También en campaña electoral. Lo dijo Iñaki Gabilondo hace unos días: en este asunto, "Pablo Iglesias es de los nuestros". Se puede decir más alto, pero no más claro. ¿Por qué la mayoría de los periodistas con mayor relevancia mediática no han hecho de este asunto una cuestión central en las últimas semanas? ¿Por qué hay tan pocas declaraciones claras y contundentes como las ya citadas de Iñaki Gabilondo o de la directora de este diario, Ana Pardo de Vera? ¿Por qué muchos periodistas influyentes se ponen de perfil o directamente se esconden? ¿Qué pasa aquí? ¿De verdad ningún periodista va a pedir disculpas por haber abierto sus programas y noticiarios con noticias falsas no hace tanto tiempo?

Lo siento si les aburro con el tema, pero por más artículos que se escriban sobre la cuestión no serán bastantes. Porque lo que ha pasado es muy gordo. Todo parece indicar que las cloacas del estado fabricaron noticias falsas sobre Podemos poco después del fulgurante nacimiento de esta formación política, para dañar su breve reputación y poner en cuestión la honorabilidad de sus principales dirigentes, como hicieron también con dirigentes del independentismo catalán (buen momento para recuperar el documental "Las cloacas de Interior", dirigido por Jaume Roures y con guión de Jaume Grau). Que si la financiación de Venezuela, que si los dineros de Irán... Todo mentira, todo inventado y convenientemente difundido por medios de comunicación que parece ser que actuaban como correa de transmisión del gobierno del PP. Y ahora, el pirateo de la cámara de seguridad de la casa donde viven Irene Montero y Pablo Iglesias con sus hijos. ¡Qué vergüenza! ¡Qué indignación! La justicia definirá qué pasó y si alguien debe pagar por ello, pero estamos ante un problema eminentemente político. Por eso es tan escandaloso que el resto de partidos no hayan mostrado una actitud más firme ante este atropello. ¿Por qué no se acabó constituyendo una "Comisión Villarejo" en el Congreso de los Diputados? ¿Alguien protege a Eduardo Inda? ¿Por qué ha sido tan tibia la reacción del gobierno y del PSOE? ¿Cómo hubiesen reaccionado los diferentes partidos en otro país de nuestro entorno? ¿Siguen operando las cloacas del estado? Demasiadas preguntas, pero muy pocas respuestas clarificadoras.

Repito: lo que ha pasado es muy gordo y debería cambiar por completo el panorama a las puertas de una campaña electoral que será decisiva. ¿De verdad toda esta vergüenza no va a repercutir en la campaña? ¿De verdad el diario Público va a ser de los pocos que trate con rigor e importancia este asunto tan delicado y escandaloso? ¿De verdad no va a haber una declaración institucional clara y contundente de Pedro Sánchez? ¿De verdad? Dijo Ana Pardo de Vera hace unos días que probablemente estamos ante el escándalo más grave desde el GAL. No me parece una afirmación descabellada: estamos hablando de una posible conspiración entre importantes poderes del estado y determinados medios de comunicación, con un único objetivo: desprestigiar a determinados adversarios políticos, que se erigían como una amenaza para uno intereses concretos. ¿Qué papel jugó en todo esto el ex ministro Fernández Díaz? ¿Y Rajoy? De verdad: estamos ante un escándalo que no puede quedar impune. Ya veremos cuál es el camino que sigue la vía judicial, pero aquí lo importante es que, de forma urgente y clara se depuren responsabilidades políticas. Y los ciudadanos y ciudadanas tenemos una herramienta importante: nuestro voto. Quizá sea hora de votar otra vez "con el voto entre los dientes", en expresión de Enric Juliana. Empieza la campaña electoral y a algunos no les interesará hablar de las cloacas del estado. Preguntémonos por qué. A mí sí.