Otras miradas

Esto es un coñazo

Andrea Momoitio

Periodista remasterizada y coordinadora de @pikaramagazine

El cuerpo de las mujeres es orgullo y vergüenza. Es exposición y secreto. Culpa. El cuerpo de las mujeres es paradoja porque está completamente invisibilizado de todas las áreas del saber y, sin embargo, nadie crece sin ver uno. Apenas aparece en los libros de medicina, ni en los de Historia, nuestros cuerpos no crean ni sueñan, a pesar de que son nuestras caderas las que se abren para dar la bienvenida a la vida una y otra vez. No se estudian cómo nos afectan a nosotras las enfermedades comunes y mucho menos se estudian las que nos afectan especialmente a las mujeres. Nuestros cuerpos pasan desapercibidos y generan polémicas. Hace unos meses, en un pueblito cerca de Bilbao, se generó una gran polémica porque un grupo feminista pegó carteles en los que podía leerse: "En mi coño y en mi moño mando yo". Fueron retirados porque algunos vecinos y vecinas se sintieron incómodas.

La cita de los carteles ya había aparecido hace unos años en los telediarios de todo el Estado al ser pronunciada por una diputada de EH Bildu en el Congreso de los Diputados: Onintza Enbeita. Entonces estaban debatiendo sobre las reformas en la ley del aborto que proponía Gallardón, Ministro por aquellas, y condensaba el clamor de millones de mujeres hartas de que decidieran por nosotras. Años después, la misma frase ha vuelto a generar polémica, pero esta vez una pequeña localidad aunque por la misma razón: nombrar el cuerpo de las mujeres es incómodo.

No ha gustado ver escrita la palabra "coño". Qué cosa. Nuestros cuerpos están tan invisibilizados de la historia como de la lengua. Lo que es maravilloso es la polla y lo que nos aburre un coñazo; nosotras somos putas y ellos, nuestros hijos. Los diccionarios y, vamos a ser honestas, todas las expresiones culturales que tenemos delante, están plagadas de una forma muy concreta de ver el mundo. ¿Cuál? Una que parece decir que las mujeres estamos aquí de prestado, que no nos pertenecen los diccionarios ni la historia, pero, lo que es más grave, que tampoco nos pertenecen nuestros cuerpos. Y algo es verdad: en general, no está bien visto hablar de los genitales en público, pero la condena social aún es más evidente si hablamos de los femeninos. De pollas están llenas las paredes y solo hay que ver cómo actúan grandes empresas como Facebook, que censuran día sí y día no fotos de pezones de mujeres. ¿Nadie se ha dado cuenta todavía de que tetas y pezones también tienen ellos? La cultura machista está muy arraigada todavía en nuestras sociedades, en pequeños y grandes gestos. Desde el miedo que tenemos todavía las mujeres de volver solas a casa a la necesidad de rescatar del olvido las aportaciones de las mujeres en todas las profesiones. Por ejemplo, ¿sabías que en los libros de texto de los colegios solo el 7,5% de las personas que aparecen son mujeres? Ante tal  panorama, la invisibilidad del coño no parece algo tan raro.

Vulva. La revelación del sexo invisible, de  la periodista Mithu M. Sanyal (Düsseldorf, 1971) es un "contundente manifiesto a favor de la visibilidad de un órgano exhibido y ocultado, deseado y temido". Para escribirlo, Sanyal visitó prostíbulos "japoneses, iglesias irlandesas y bares de strippers en busca de reconstruir la significación cultural del genital silenciado". Repasa, entre otras muchas cosas, la "representación de la vulva en el arte contemporáneo y su reivindicación por parte de los colectivos de rock y punk feminista de nuestros días". El libro es, desde luego, cualquier cosa menos un coñazo. Esta  historiadora cultural especializada en cultura popular, estudios poscoloniales y feminismo, ha hecho un exhaustivo repaso a la historia para confirmar que nuestros cuerpos son campos de batallas olvidados.

Si no podemos nombrarnos, mucho menos podemos disfrutarnos con libertad. Por eso, La Guerrilla dels Cossos trabaja por la visibilidad y la autoexploración como estrategia de visibilidad y resistencia. Motivadas por el trabajo de Diana J. Torres y por  Raising the skirt, un proyecto de la artista Nicola Canavan, se han puesto en marcha. En un artículo que publicamos en Pikara Magazine nos contaba que trabajaban han organizado algún taller para explorar colectivamente "nuestro coño, con el objetivo de superar la posible alienación con algunas partes de nuestro cuerpo y observarlo desligándolo de un contexto sexual o médico. Eso supone abrirlo, leerlo bien, mirarlo con todo detalle, buscar sus colores, sus sombras, repasar sus pliegues". Darle el protagonismo que se le niega una y otra vez. Incomode a quien incomode. Faltaría más.