Otras miradas

Somos el cabo Santos

¿Qué está ocurriendo en las Fuerzas Armadas?

¿Cuánto va a tardar en llegar la democracia a los que tienen que defenderla y para que los ciudadanos puedan ejercer su derecho a la libertad de expresión en su ámbito social?

Esta es la historia de mi amigo Marcos, a quien deseo lo mejor y que se haga justicia con él.

Nace el 7 de marzo de 1975 en Redondela, un pequeño municipio de la provincia de Pontevedra, hijo de Elena y de Cándido, jubilado por un cáncer. Debido a la reconversión industrial y al paro de la época, sus padres tuvieron que reinventarse, decidieron hacerse lo que ahora se conoce como emprendedores y abrieron un pequeño restaurante. Además de estudiar, Marcos y su hermana ayudaban en el restaurante. Trabajó de camarero, hasta que decidió dejar los estudios y dedicarse a la hostelería en exclusividad. Más tarde, cambió al textil como jefe de almacén y luego como jefe de corte. Entre medias y patrones se sacó el título de animador sociocultural colaborando con el Concello y varios locales, haciendo espectáculos de humor y aprendiendo a tocar la guitarra con el maestro Suso Ben, con el que también daría más tarde clases de teatro.

Llegado 1994 es llamado a filas en el Regimiento de Caballería Almansa Nº 5, en lo que era ese servicio militar obligatorio, que todavía algunos quieren imponer de nuevo, y terminado este, en 1999 ingresa como soldado profesional en la Brigada Ligera Aero Transportable (Brilat), con sede en Pontevedra, donde asciende a Cabo a los dos años, en el primer curso que pudo hacer.

Participa en misiones internacionales en los años 2000 y 2001 (Kosovo). Más tarde se niega a ir a Irak por motivos ideológicos. En el año 2007 es destinado a la Agrupación de Sanidad Nº1 (Agrusan), en la localidad madrileña de Pozuelo de Alarcón. Allí fue donde le conocí, y donde compartimos momentos de cantina en los que, en voz baja, comentábamos algunas de las atrocidades que se cometían de muros para adentro.

Despertada la curiosidad por el movimiento asociativo militar, Marcos se afilia a la Asociación Unificada de Militares Españoles (Aume), de la que por discrepancias ideológicas y de actuación, se da de baja antes de dos años. Tras realizar estudios de técnico en emergencias en Murcia, decide hacer el petate y mudarse temporalmente a Calatayud durante meses para cambiar de especialidad y reinventarse como sanitario. Es entonces cuando es destinado a la sección de NBQ de la Agrupación de Hospital de Campaña (Agruhoc).

Hasta aquí todo parece normal, para un ciudadano humilde de familia humilde; pero las cosas se truncan cuando no formas parte del rebaño silenciado sometido continuamente por el discurso del miedo.

Ante el manifiesto en desagravio al dictador Francisco Franco firmado por más de 1.000 militares, decide firmar un escrito contrario. Ahí comienza su sinvivir, pues es sancionado con una falta grave al despedir su intervención con un "Salud y Republica". Más tarde se le impone una nueva sanción por conceder una entrevista a eldiario.es. Aun interpretando el Código Penal Militar a rajatabla, resulta incomprensible que a partir estas dos primeras sanciones se le investigue en sus redes sociales (todo ello pagado con fondos públicos por supuesto), y por hacer pública la recogida de firmas para la readmisión del que fuera teniente Luis Gonzalo Segura. Así, se le impone otra falta grave (por recoger 123.000 firmas), y otra muy grave por sus publicaciones en Facebook donde jamás delata su condición de militar. Finalmente, se le expulsa en noviembre de 2019 a la espera de la alegación a la Ministra.

La sociedad demócrata española demostró hace unos días su apoyo al Cabo Santos convirtiéndose en tendencia en Twitter a nivel nacional, cosa que se agradece, aunque por desgracia sirve de poco mientras una Justicia Militar que no debería de existir en tiempo de paz siga sancionando indiscriminadamente a los que han llegado a la conclusión de que la dignidad no puede ser pisoteada. Es intolerable en una sociedad que dice llamarse demócrata se fusile a gente por el simple hecho de contar la verdad y de expresarse libremente como así dicta nuestra Carta Magna. A fin de cuentas, ¿no son los soldados los que tienen que defender el Estado de Derecho y la libertad de los ciudadanos?

La palabra democracia nos viene grande y resulta vergonzoso que una Ministra que forma parte de Jueces por la Democracia lo consienta.

¿Mientras llevamos flores a las 13 Rosas permitimos que se fusile a demócratas, señor Sánchez?

¿A que tienen miedo los políticos que consienten estas atrocidades cometidas por la Justicia Militar?

No es suficiente con sacar al dictador de Cuelgamuros si no sacamos a sus acólitos de las instituciones.

#SomosElCaboSantos