Otras miradas

Munición para la derecha, desconcierto del gobierno

Fernando Luengo y Víctor Prieto

Economista, y Politólogo

La portavoz socialista, Adriana Lastra, conversa con el portavoz de Unidas Podemos, Pablo Echenique este miércoles en la primera sesión de la Comisión del Congreso para la Reconstrucción Social y Económica. E.P./Pool
La portavoz socialista, Adriana Lastra, conversa con el portavoz de Unidas Podemos, Pablo Echenique este miércoles en la primera sesión de la Comisión del Congreso para la Reconstrucción Social y Económica. E.P./Pool
13 MAYO 2020 POLÍTICA;COVID-19;CORONAVIRUS;CRISIS;PANDEMIA;ENFERMEDAD;CONGRESO
13/5/2020

"Cambio el digo por el diego". En esto ha consistido la torpe maniobra política del gobierno de coalición en relación al pacto entre el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Unidas Podemos (UP) y Bildu. No se entiende que en el debate sobre el estado de alarma se introduzca por la puerta de atrás el compromiso, suscrito por estos partidos, de derogar completamente la reforma laboral. Y se entiende todavía menos que a las pocas horas de haber firmado ese acuerdo, los dos partidos que forman parte del gobierno lo enmienden.

El asunto, desde luego, tiene una enorme trascendencia, pues no es lo mismo, aunque nos hayan querido vender gato por liebre, aunque queramos hacer juegos malabares con las palabras, la completa derogación de la reforma laboral que la supresión de los elementos más lesivos de la misma. Por cierto, en el acuerdo programático entre PSOE y UP aparece esta segunda opción, en una clara y muy reveladora renuncia a su programa del partido que lidera Pablo Iglesias.

Por seguir con las cosas que son difíciles de entender. Un tema clave en la mesa de diálogo social, donde participan gobierno, sindicatos y patronales, se resuelve o se pretende resolver por este "procedimiento de urgencia". Los dirigentes sindicales, aunque dicen apoyar la derogación completa de la reforma laboral, han mostrado su desconcierto y las patronales, que sobre todo representan los intereses de las grandes empresas, su indignación. Estas últimas han encontrado munición regalada para arremeter contra la decisión del gobierno, contra la existencia misma de un gobierno de signo progresista y con que se apliquen medidas que cuestionen sus privilegios. Todo metido en el mismo saco; la confusión es el estilo de hacer política de las derechas.

Sobre esto también se podría sacar una lección. La derogación de la reforma laboral (y, también, la introducción de una estricta condicionalidad a la hora de acceder a recursos públicos en materia de derechos de los trabajadores, límite de los privilegios de las elites empresariales y protección de los ecosistemas) tendrá enfrente a las patronales; y esto no se resuelve con mesas de diálogo, salvo que, como ha sucedido, lleves a esta mesa una versión descafeinada de dicha reforma.

Finalmente, nosotros no criticamos que se abra un espacio de negociación con Bildu y con otros partidos nacionalistas en torno a cuestiones que están o deberían estar sobre la mesa, como la reconfiguración territorial del Estado español y del mapa autonómico, pero no nos parece acertado convertir este diálogo en un mercadillo ambulante, que se hace depender de las necesidades de la coyuntura política. Y, desde luego, no creemos acertado vincularlo a la prorroga del estado de alarma, que se tiene que justificar por su necesidad, por la manera en cómo se gestiona, protegiendo derechos, por los recursos que se ponen sobre la mesa para superar la crisis económica y social provocada por la pandemia y por cómo se financian. Es ahí donde un gobierno progresista tiene que buscar los consensos.