Otras miradas

Preguntas desde el feminismo

Una joven con un cartel en el que pone "A sociedad machista educación feminista" en la manifestación del 8M en Madrid. E.P./Jesús Hellín
Una joven con un cartel en el que pone "A sociedad machista educación feminista" en la manifestación del 8M en Madrid. E.P./Jesús Hellín

No me siento capacitada para conjeturar razones sobre la desafección de votantes de UP, aunque me apenan sus malos resultados electorales porque considero importante que haya una fuerza política a la izquierda del PSOE (aunque, ojo, yo siempre pensé en Podemos es un cóctel variopinto cuyos ingredientes no siempre son de izquierda).

Pero, desde el feminismo, sí soy capaz de formular reparos a la política de UP porque, sinceramente, de seguir así, se harán el harakiri.

Podemos siempre tuvo una espinita clavada: la supuesta "hegemonía" del PSOE en el movimiento feminista.

Yo no creo que el PSOE fuera (ni sea) hegemónico entre las feministas.

Cosa distinta es reconocer tres importantes realidades:

- Destacadas y respetadas feministas pertenecen al PSOE y han ocupado relevantes cargos en él.

- Durante los años que estuvo en el poder, el PSOE elaboró y llevó al Parlamento importantes leyes en nuestro favor. Por citar solo las más relevantes: Ley contra la violencia hacia las mujeres, Ley del aborto y Ley de igualdad.

- También durante esos años, el PSOE montó una red de concejalías y asociaciones de mujeres por todo el territorio nacional. ¿Feministas? Pues muchas no, pero, igual que "las armas las carga el diablo", las asociaciones de mujeres –aunque en su origen se dediquen al macramé- terminan "cargándose" de feminismo. Así, es indudable que, la movilización contra la ley Gallardón no hubiera sido tan potente sin esas estructuras diseminadas por tantos pueblos y que participaron activamente en el llamado "Tren de la libertad".

De modo que es preciso reconocer, no la hegemonía -como dice Podemos- pero sí la relevancia que ha tenido y tiene el PSOE en el movimiento feminista.

Bien, llega UP al gobierno y ocupa el Ministerio de igualdad. El Ministerio se declara feminista y dice que su trabajo "se articula en torno a tres ejes principales: las políticas de supervivencia, destinadas a erradicar todas las formas de violencia machista que sufrimos las mujeres por el hecho de serlo; las políticas de redistribución de la riqueza, el tiempo y los cuidados, vinculadas a una transformación global de nuestra sociedad tanto en los ámbitos del empleo como en los de la corresponsabilidad; y las políticas de cuidado de la diversidad, que velan para que el origen étnico-racial o la pertenencia a la comunidad LGTBI no supongan un factor de discriminación."

Paso por alto ciertos reparos a esas declaraciones y me centro en lo esencial: ¿cómo las ha concretado el Ministerio?

Cierto, llevan pocos meses, pero resulta sangrante que los dos únicos proyectos de ley que ha presentado atiendan ante todo a las exigencias, no ya del movimiento feminista, ni siquiera de la "comunidad" LGTBI, sino de las corrientes transgeneristas.

No sabemos, sin embargo, de ninguna propuesta, ninguna campaña, ninguna medida ministerial contra la discriminación por el origen étnico-racial, ni contra la violencia, ni a favor de la "redistribución de la riqueza, el tiempo y los cuidados, vinculadas a una transformación global de nuestra sociedad tanto en los ámbitos del empleo como en los de la corresponsabilidad".

Nada, cero.

Sorprendente ¿no?

Y lo tienen fácil. Pongamos, por ejemplo, la ley violencia contra las mujeres. Han pasado 16 años desde que se promulgó. Las feministas sabemos que tiene aspectos manifiestamente mejorables ¿a qué espera el Ministerio para reformarla y completarla?

¿A qué espera para desarrollar y concretar la ley de Igualdad que quedó tan "en el aire", tan en "buenas intenciones"? ¿A qué espera para, en colaboración con el Ministerio de educación, introducir medidas realmente coeducativas en los cursus escolares y en el funcionamiento de los centros? ¿A qué esperan para proponer, si no una ley abolicionista, al menos un par de reformas del código penal que sancionen realmente a los proxenetas y los traficantes y explotadores de mujeres? ¿A qué espera para, junto con el Ministerio de Trabajo, promover leyes que combatan la precariedad y la salvaje explotación de las mujeres cuidadoras, de las empleadas domésticas, de las Kellys, etc.? ¿A qué espera para, junto con el Ministerio de Sanidad, prestar atención a los millones de mujeres que tienen endometriosis u otras enfermedades características de nuestro sexo? ¿A qué para encarar la doble discriminación que sufren las mujeres con discapacidad? ¿A qué para tomar medidas ante la desprotección y el chantaje que padecen las que quieren ser madres?

Y así podríamos seguir, desgranando algunas de las "legítimas e históricas demandas del movimiento feminista" que el Ministerio dice querer atender.

A veces, creo que aún no se han enterado de que "tienen mando".

Así, Beatriz Gimeno en su artículo "Notas para pensar y hacer políticas feministas hoy" desgrana una serie de "buenos deseos" (otros no tan buenos, pero en ellos no entraré). Y bien ¿y cuándo van a plasmar esos buenos deseos en propuestas concretas? Ya no están en la oposición sino en puestos de responsabilidad.

Si no actúan ¿cómo piensan ganarse el apoyo, el respeto y el aprecio del movimiento feminista?