Otras miradas

El feminismo al que se le exige todo

Marcha del 8M de 2019 en Madrid. REUTERS/Juan Medina
Marcha del 8M de 2019 en Madrid. REUTERS/Juan Medina

Las feministas siempre tenemos la culpa de todo. Siempre hemos sido el recurso al que atacar cuando nadie quiere afrontar la realidad ni cuestionarse. Solo hay que ver que las feministas y el 8M fueron la primera causa judicializada por ser la "causante" de los contagios por covid al inicio de la epidemia. Luego, todos los estudios científicos han mostrado que el virus estaba bastante antes, entre otras cuestiones, a partir de un partido de fútbol. Pero es igual, el 8M se sigue escuchando en el Congreso de los Diputados como causante de todos los males.

Insisto. Somos culpables de todo. Hasta de no poder quejarnos si nos maltratan porque entonces vamos de víctimas, y esto no es solo un comentario de machistas sino también de compañeras del movimiento. Somos malas también porque no creemos en la libre elección si eres pobre. Somos culpables de no involucrar a los hombres o a cualquier otro colectivo (sin ser esto un club donde se pida una acreditación). Somos malvadas si nos definimos como movimiento laico porque no integramos tampoco. Somos malvadas si nos oponemos al velo o al matrimonio forzoso. Malas si hablamos de nuestra vulva, de nuestra vagina o nuestra regla. Los mensajes que escuchamos ahora no distan mucho de los que se decían a las sufragistas, entre ellos lo de mujeres incompletas y no perfectas, de que tenemos vaginas con olor, de que somos machos si no nos depilamos, no tenemos suficiente pecho o no nos pintamos las uñas.

Todos el mundo pide y exige al feminismo ser parte de él, aunque importe un pimiento lo que lleva pidiendo el feminismo desde hace tres siglos. He tenido en mi entorno gente que ha entrado en sindicatos, en partidos, en peñas, en asociaciones, en movimientos de todos los colores... nunca he visto a nadie exigir que se adaptara a sus deseos. Al revés, han preguntado, han visto de qué va la cosa y se han agrupado según sus intereses. Porque hacer lo contrario es como si yo fuese a misa católica apostólica y romana pero quisiera hablar de Mahoma. Como si me apunto a la asociación contra el cáncer de mama pero yo quiero hablar del cáncer de colon. Como si me apunto a una banda de rock pero yo quiero cantar sevillanas puras. Como si me apunto a la marea blanca pero quiero hablar de la escuela pública. ¿Qué interés podría tener alguien en reaccionar así? O bien es que porque vive ajena a todo, o bien me permito dudar de su intención. 

Y como los mandatos de género no están abolidos y estamos educadas en soportar todo, en integrar, en sentir pena, en mirar más por los demás que por nosotras mismas... no podemos diseñar estrategias para no sentirnos culpables. Porque rápidamente, además, si respondes lo más mínimo, alguien te acusará de todos los delitos de odio posibles para silenciarte y para aumentar tu culpabilidad. 

Esta semana mismo dos mujeres que fueron víctimas de malos tratos (aunque una de ellas, con la autoestima muy tocada todavía) me preguntaron cómo integrar a los hombres en el feminismo. Me niego a seguir infantilizando. Somos todos muy mayores para saber qué principios tiene un movimiento y cómo respetarlo y adaptarse a él. Y a esa mujer tuve que decirle que, por una vez en su vida, deje de preocuparse sobre cómo cuidar y proteger a los demás y centrarse en salvarse ella misma, porque el feminismo está en primera instancia para salvarnos a nosotras. Nunca han tenido que venir a decirnos los hombres cómo articular este movimiento. No hemos pedido instrucciones. No hemos esperado nada. Lo hemos construido nosotras desde hace siglos para poder vivir y sobrevivir. Se ha construido para poder leer, escribir, estudiar, trabajar, viajar, pensar en nuestro placer, tomar las riendas de nuestra propia vida o defendernos. Todas por una causa común, estemos en Madrid, Taiwán, Nepal, Honduras o Sudáfrica. Y una vez que estés salvada si alguien no se quiere integrar en el feminismo no es problema tuyo. Se exige al feminismo que incluya todas las luchas pero, ¿cuánto tienen de feminista el resto de movimientos? ¿Cuánto tiene de feminista el movimiento LGTBi? ¿Cuánto tiene de feminista el movimiento ecologista? ¿Cuánto tiene de feminista el sindicalismo? No solo en una pincelada en su teoría para quedar bien, sino en la práctica, en las reuniones, en las asambleas, en el respeto de las participación de las mujeres, en el respeto a la agenda feminista… ¿Por qué todo el peso recae en el feminismo y no se analiza cuánto hay de machismo en otros movimientos?

Estoy tan cansada que me da igual todo el mundo. Solo me importan las mujeres que mañana pedirán ayuda en las colas del hambre o las que mañana pelearán en los tribunales por las custodias de sus hijos tras un maltrato o la que hoy duerme en un prostíbulo porque hay quien aplaude la prostitución o la niña que mañana viajará a Marruecos porque la han vendido para casarse. Porque ellas están solas. Insisto, solas. Y hoy el feminismo no las salvará. Pienso en ellas y seguramente dirán que ni las feministas las ayudamos porque ellas nos escuchan debates que no resuelven su vida inmediata. Y encima tengo que leer en redes que en el feminismo "solo os preocupáis de las mujeres". Claro que me importan el resto de desigualdades e injusticias del mundo pero yo me centro en ellas igual que hay quien se centra en otras personas, en otros grupos o en los delfines, por ejemplo, sin que nadie le diga: ¿por qué te preocupas de los delfines y no de los ciempiés? Nos lanzan interpretaciones y juicios absurdos.

Arrastro cansancio y hartazgo de tener que explicar conceptos básicos feministas. Y, en el fondo, creo que ni escucháis ni prestáis atención porque la misoginia está tan presente que se activa de forma automática. Creo que no nos comprendéis porque no os interesa y porque, ni de lejos, habéis vivido ni un minuto de lo que han vivido muchas mujeres. Y, encima, dando gracias de no ser mutiladas genitalmente ni casadas de forma forzosa y de haber podido estudiar aquí. Porque la realidad es que millones de mujeres en el mundo no pueden hacer aún ni eso en pleno siglo XXI. Harta de tener que justificarnos. Harta de tener que dar instrucciones. Harta de preocuparnos por el resto y no por nosotras. Y todo esto mientras cada vez estamos más divididas y alejadas.

Siempre digo que el patrimonio más valioso que tenemos las mujeres es el feminismo porque son nuestros derechos. Un patrimonio conseguido a costa de mucho sufrimiento y de muchas asesinadas a las que debemos honrar y respetar su memoria. Es la conquista de los derechos de las mujeres con su propio cuerpo y lucha. Una lucha donde se ha respetado siempre a todos los movimientos sociales pero no compartir todos los objetivos ni metas, no justifica ni el odio ni las mentiras.  Lo que ocurre es que vivir en los mandatos de género es mucho más cómodo porque es lo que llevamos haciendo toda la vida. Nuestra realidad y opresión está ahí, no es de mentira, está en los datos, en nuestros cuerpos, en lo material. El problema de todo es que el feminismo os supera porque el feminismo es, sin duda, mucho más revolucionario de lo que podéis asumir. Mucho más revolucionario de lo que podéis imaginar jamás, porque daría un vuelco absoluto a vuestras vidas. Solo así se entiende el ataque y la exigencia extrema al feminismo. Quizás antes de lanzar ataques hay que revisarse a uno mismo y analizar cuánto, de verdad, tiene de feminista. Seguid exigiendo pero recuerdo que el feminismo no os debe nada.