Otras miradas

América es mucho mejor de lo que estamos viendo hoy

Carmen Montón

Embajadora Observadora Permanente de España ante la OEA e Organismos Internacionales.

Asalto al Capitolio
Policías despejan el Capitolio del asalto de cientos de manifestantes pro-Trump

A las 3:42 de la madrugada hora de Washington Joe Biden ha sido certificado como ganador de las elecciones presidenciales de EEUU del 2020, por las Cámaras del Senado y la del Congreso. Ya solo queda la ceremonia de investidura del próximo 20 de enero para que ocupe la Casa Blanca como el 46º Presidente de los Estados Unidos.

Este acto, hasta la fecha sin gran trascendencia, formal y protocolario, breve y de procedimiento se ha convertido en un momento histórico cargado de tensión y que desgraciadamente se ha cobrado la vida de cuatro personas en las revueltas. También ha estado cargado de simbolismo, con algunas valiosas lecciones que aprender en defensa de la democracia como la actuación del vicepresidente republicano Pence y del jefe republicano del Senado, McConnell, la valentía y determinación de la demócrata Nancy Pelosi en la Presidencia de la Cámara de Representantes, o los discursos pronunciados por Senadores y Congresistas en la reanudación de la sesión llamando a la unidad y a la defensa de la senda constitucional. Hasta llegar a ese momento de certificación de Biden como Presidente de los Estados Unidos en el Capitolio, Washington DC y todo el país ha sufrido una convulsión al tiempo inaudita y asombrosa, al tiempo indignante y temible. Y no se sabe si se cierra aquí esta crisis, marcando un antes y un después o si es un suma y sigue en la escalada de no aceptación de la derrota electoral por parte de Trump.

EEUU referente de democracia. La democracia más robusta del mundo contemporáneo ha sido sacudida con fuerza. En cuatro años de mandato de Trump este país, que es referente en alternancia partidista en el poder, se ha polarizado hasta el punto de que buena parte de su población considera ilegitimo el gobierno de Biden, y cree que es fruto de fraude electoral. Así lo atestigua una encuesta realizada por investigadores de las principales universidades estadounidenses, del pasado mes de diciembre, donde se concluye que más de la mitad de los votantes republicanos cree que Trump ganó o no está seguro de quién ganó las elecciones. Este relato de fraude electoral se lleva construyendo incluso antes de la votación del 3 de noviembre. Trump amenazó con no reconocer los resultados en más de una ocasión, incluso lanzó en vísperas del comienzo de la campaña electoral el globo sonda de un retraso de las elecciones debido a las circunstancias excepcionales de la pandemia de covid-19. El relato de "me han robado las elecciones" que ha hecho y ha mantenido horas antes, e incluso durante el asalto al Capitolio, el Presidente saliente, como la lluvia del calabobos ha empapado hasta el tuétano a la mitad de la sociedad americana.

La primera potencia mundial autoerigida garante de la democracia y la libertad en el planeta, ha vivido un episodio que perfectamente pudiera darse en un país con una pseudo soberanía popular o con una tórpida andadura democrática. Y ha querido la casualidad que se dé en coincidencia temporal con una nueva crisis institucional en Venezuela, a cuenta del no reconocimiento de las elecciones del 6 de diciembre por la comunidad internacional y el relevo de su Asamblea Nacional, uno de los caballos de batalla en la política exterior americana, y especialmente de la Administración Trump. El asalto al Capitolio le hace mucho daño a EEUU. y a su fuerza moral para desempeñar su importante labor exterior.

Los reporteros en los noticiarios no paran de repetir que no se conoce un asalto al Capitolio como este en la historia de EE.UU., que no tiene precedente, y se remiten a hace dos siglos para encontrar un hecho similar en la Guerra Civil. Hablan de asalto a la democracia, mientras se emiten ininterrumpidamente en riguroso directo las imágenes vandálicas. El asalto al Capitolio ha sido vertiginoso, pero venía larvándose desde hace tiempo, no ha sido algo espontáneo e improvisado. Trump hizo un llamamiento a sus seguidores, y estos con una lealtad ciega han respondido. El Presidente saliente tuiteó hace un mes una convocatoria para un día de protestas "salvaje" en Washington DC el día de la certificación en el Senado y el Congreso. De este modo desde el martes han ido llegando y agrupándose en la capital, procedentes de todo el país, multitud de sus partidarios.

Finalmente, el miércoles, todo se ha precipitado cuando Trump ha encabezado un evento ante sus seguidores en el que ha reiterado su discurso de que las elecciones fueron robadas. Y les ha indicado que marcharan al Capitolio para "presionar". Así sucedió. Los manifestantes partidarios de Trump, primero sitiaron y después asaltaron el Capitolio en plena ceremonia de certificación de los resultados de las elecciones presidenciales ganadas por el demócrata Biden, interrumpiendo la sesión. Los congresistas y senadores fueron evacuados y la turba se apoderó del Capitolio al grito de USA y portando gorras, banderas o pancartas con el lema de la campaña republicana de "Hacer América grande de nuevo", MAGA por sus siglas en inglés. Reitero que una mujer ha fallecido en el asalto, más tres personas posteriormente. Finalmente, los asaltantes partidarios del presidente Trump han sido expulsados. En una primera reacción a través de la red social twitter Ivanka Trump ha calificado a los protagonistas de los altercados violentos, de "patriotas". Luego ha borrado el tuit y lo ha reformulado, pero los violentos sienten que han recibido su validación. La tensión ha pasado de la esfera política a minar la convivencia civil. A la calle se echaron personas de todas las edades, sobre todo hombres, aunque también mujeres; sobre todo blancos, aunque también pueden encontrarse afrodescendientes. Por supuesto, todos sin mascarilla, una de las señas de identidad de los acérrimos partidarios de Trump.

Ante los disturbios la reacción más certera y rápida ha sido la de la Alcaldesa demócrata de Washington DC, Muriel Browser, que decretó el toque de queda cuando comenzó la violencia. Una mujer que no duda en actuar cuando la situación lo requiere, como ha demostrado durante la pandemia por covid-19. Más tarde el Gobernador de Virginia, el demócrata Ralph Northam, también se sumó al toque de queda. En la noche del miércoles 6 de enero nadie ha podido estar en la calle desde las 18:00 h hasta las 06:00 h del jueves, a excepción de los trabajadores esenciales y medios de comunicación debidamente acreditados.  Previamente la alcaldesa había desplegado a la Policía Metropolitana para intentar contener a los manifestantes. Cuando el Capitolio ya estuvo cercado la Policía del Capitolio ordenó su cierre de emergencia, ésta no tenía agentes suficientes para contener a los manifestantes. Pelosi había pedido el despliegue de la Guardia Nacional en el Capitolio. El Departamento de Defensa denegó la solicitud de los funcionarios demócratas para desplegarla.  Ésta se activó solo después del asalto de los manifestantes, con 1.100 soldados. El vicepresidente Pence, no el presidente Trump, aunque el continúa siendo el comandante en jefe, ha sido quien ha aprobado la orden de desplegar la Guardia Nacional de DC. La impresión ha sido que los manifestantes se han movido con bastante libertad e impunidad sembrando un verdadero caos.

En este relato no podemos obviar la disrupción y disfuncionalidad que Trump ha generado en el seno del Partido Republicano que ha emprendido una deriva de ultraderecha y   no termina de revolverse con contundencia ante un Trump incontenible en sus últimas semanas. Aunque, ya empiezan a escucharse algunas voces disidentes notables. El expresidente republicano George W.Bush ha condenado los disturbios en el Capitolio asegurando estar consternado por el "comportamiento imprudente de algunos líderes políticos desde las elecciones" en referencia al Presidente saliente. El jefe republicano del Senado, Mitch McConnell, acompañado por decenas de republicanos y el vicepresidente Mike Pence, previamente del  asalto del Capitolio rechazaron las objeciones planteadas por el senador republicano Ted Cruz al llegar el turno de sumar la certificación de los votos de Arizona, que junto al legislador Jim Jordan han sido los responsables de llevar hacia delante tales objeciones.  De este modo se han negado a respaldar los intentos de Trump de impedir la toma de posesión de Biden.  McConnell ha argumentado en su negativa que la intención de Trump pone en peligro la democracia, "los votantes, los tribunales y los Estados han hablado. Si los invalidamos, dañaría a nuestra república para siempre".

Trump ha presionado públicamente, a través de su red social favorita, a su vicepresidente Mike Pence para que anulara los resultados y bloqueara el proceso en el Congreso. Ha tuiteado que "Mike Pence no tuvo el coraje de hacer lo que debía haberse hecho para proteger nuestro país y nuestra Constitución, dando a los Estados la oportunidad de certificar un conjunto de hechos corregidos, fraudulentos o inexactos que se les pidió que certificaran previamente. Estados Unidos exige la verdad". Pence no ha seguido sus instrucciones, al contrario, le ha contestado a través de una carta al Congreso, diciendo que su "juramento de apoyar y defender la Constitución" le "restringe de reclamar autoridad unilateral para determinar qué votos electorales deben contarse y cuáles no".

Es justo decir que dentro de la bancada republicana no todos han echado mano del filibusterismo y las palancas del reglamento parlamentario para impedir la ratificación de la victoria electoral de Biden, avalada ampliamente por escrutinio, recuentos y decisiones judiciales. Dicho sea de paso, Biden es el Presidente electo por mayor número de votos de la democracia norteamericana.

Una hora después del asalto al Capitolio el Presidente electo Joe Biden se ha dirigido al país y ha utilizado el término de sedición. La situación roza la sedición y "debe terminar ahora", "nuestra democracia está bajo un ataque sin precedentes". En un tono firme ha pedido al Presidente Trump que se dirigiera a los manifestantes en directo y llamara al cese de la violencia y el asalto, "cumpla su juramento y defienda la Constitución del país. Presidente Trump haga lo correcto y hágalo ya". Fuera de la tribuna ha repetido tres veces y ya sin leer el discurso: suficiente … "enough, enough, enough"

La respuesta por parte de Trump nuevamente ha llegado por vía twitter con un vídeo donde ha comenzado diciendo que le han robado las elecciones y habla de "los otros", en referencia a los demócratas. Después, en un tono comprensivo pidió que los violentos regresaran a casa en paz. "Sé cómo os sentís, fue un acto cometido por la maldad" en referencia a las elecciones que dice le han robado, y terminó con un "los amo" de despedida. A las 5 de la madrugada los manifestantes todavía deambulan por las calles, eso sí, ya sin enfrentamientos.

La ciudad que aún no se había recuperado del todo de las medidas adoptadas en las protestas del Black Lives Matter del año pasado, ahora vuelve a tener tapiados gran parte de los locales y establecimientos del centro, con tiendas y negocios cerrados.  Este miércoles ha sido un día ventoso e inapacible, que ha finalizado dejando en las calles solo a los manifestantes partidarios de Trump y a la policía. Los habitantes en sus casas por el toque de queda y a los senadores y congresistas en debate en el interior del Capitolio hasta altas horas de la madrugada. Un horario intempestivo en un país en el que a las 18:00h la mayoría de las familias ya han cenado.

Sin solución de continuidad, con el corazón aun sobrecogido Pelosi, la jefa de la Cámara de Representantes ha anunciado el reinicio de las sesiones. Ha sido estremecedoras las imágenes del regreso al Capitolio de los parlamentarios escoltados por la policía y la Guardia Nacional portando armas de asalto. Y de repente en medio de tanta zozobra y violencia apareció un cierto tono de normalidad al reanudar las sesiones parlamentarias del Senado y del Congreso. Como si de alguna manera el hastío hiciera reaccionar lo justo ante tan terrible acción y situación, y los parlamentarios volvieron a sus pullas y dialécticas. En ese mismo suelo que pisaban, el del Capitolio, hacia horas había fallecido una mujer, y algunas de sus señorías, no todas, han continuado interpretando su papel de confrontación, como si la pérdida de una vida humana, y un asalto al Parlamento no fuera razón de  suficiente peso para un cambio radical de libreto y una improvisación honesta.

Ted Cruz y otros senadores y congresistas republicanos han mantenido sus objeciones basadas en las teorías de conspiración falaces, como han acreditado las misiones de observación electoral internacionales o los tribunales, como si nada hubiera sucedido, ni hubiera ninguna lección aprendida.

Otros, sin embargo, han marcado la diferencia y han adoptado decisiones fuera de lo predeterminado antes de los hechos. Como la senadora republicana Kelly Loeffler, que perdió la segunda vuelta del senado, cuando ha intervenido después del asalto para declarar que abandonaba sus planes para oponerse a los resultados de las elecciones de Georgia. O el Senador Lindsey Graham en el turno del debate sobre las objeciones del colegio electoral, diciendo que "Trump y yo tuvimos un viaje increíble. Odio que sea así… todo lo que puedo decir es que no me cuenten. Ya es suficiente". De este modo se han ido desenganchando de las objeciones gran número de senadores y congresistas republicanos, que inicialmente tenían pensado apoyar las y que finalmente han votado desestimarla.

Cuando han regresado a las cámaras el líder de la mayoría del senado, Mitch McConnell ha seguido con su contundente tono asegurando que "vamos a terminar exactamente lo que comenzamos… y certificaremos al ganador de las elecciones de 2020". "El comportamiento criminal nunca dominará el Congreso de los Estados Unidos", "vamos a completar el procedo en el modo correcto", "la democracia es fuerte". Su contraparte, el demócrata líder del senado, Chuck Schumer, sentenció "el 6 de enero de 2021 será recordado como un día infame. Ha sido el último, terrible e indeleble acto del 45ª presidente de los EE.UU."

A partir de ahí los discursos, por lo general, han estado cargados de patriotismo y una dura crítica a las teorías de conspiración y fraude electoral formuladas por Trump. "Este es el peor legado que puede dejar el 45ª Presidente". "Esa persona, esa, esa, (señalando a diversos congresistas) … no son mis enemigos", apelaciones a la unidad, "somos americanos", o advertencias sobre las peligrosas consecuencias de lo ocurrido y la necesidad de defender la constitución de EE.UU. La minoría demócrata, de igual modo que lo ha hecho el Presidente Barack Obama diciendo "la violencia en el capitolio ha sido originada en las mentiras de Trump" señala  a Trump como incitador a la violencia. También ha tenido espacio la emoción, la indignación o el orgullo de sentirse una democracia fuerte en los diferentes discursos a lo largo de la noche y madrugada.

Entre todo ello, destacó Mike Pence, por ser el vicepresidente, demostrando que lo era antes de EE.UU, que de Trump: "a los que han sembrado el caos aquí hoy les digo que no han ganado. La violencia nunca gana. La libertad gana. El capitolio sigue siendo la casa del pueblo". Este ha recibido múltiples felicitaciones por su defensa de la Constitución. Parece que, en esta noche de grandes pérdidas, para la democracia y las instituciones, para la ciudadanía, incluso pérdidas de vidas humanas, el único que gana enteros es Pence dentro de un Partido Republicano que ya no está cómodo bajo la dirección de Trump, y que necesita reconectar con la parte moderada que se ha dado a la fuga y apoyado a Biden aun sin ser demócratas, pero que alberga en su seno una importante fuerza de ultraderecha. ¿Aún está por saber qué va a ser del Partido Republicano?

También ha sido una noche de dimisiones en la Casa Blanca, ha dimitido la vicesecretaria de prensa Sarah Matthews. También el secretario social Rickie Niceta   y el viceconsejero de seguridad nacional Matt Pottinger, entre otros nombres que se desmarcan de los hechos ocurridos y del Presidente Trump.

Esta es la secuencia de los hechos y parte del relato de esta noche bajo toque de queda en Washington DC, en la que se ha asaltado el Capitolio por parte de los seguidores de Trump y se ha certificado la victoria de Biden como Presidente de los EEUU. Pero cabe más de una reflexión. Sobre la necesidad de fortalecer constantemente la democracia, sobre el peligro de la polarización y el ejercicio de la política a dentelladas, basada en el odio al contrario. Sobre como la ultraderecha y los populistas no tiene remilgos en arremeter contra el sistema cuando no están en el poder.  Sobre el auge de los ultras, negacionistas, populistas y antisistema. Sobre las fakenews y las redes sociales, en un día en el que el Presidente de los EEUU ha visto bloqueadas todas sus cuentas de redes sociales, de Twitter, Facebook y YouTube,  bajo el argumento de riesgo de violencia. Muchas reflexiones y lecciones aprendidas que ojalá nunca veamos en carne propia.

Esta noche se ha infringido un temible daño en la sociedad estadunidense,  que se manifestará de múltiples formas, como odio al contrario, descredito de la política o  desconfianza en la democracia, cuando no todo junto. La democracia se asienta en la confianza de la ciudadanía, y en una trasferencia pacifica del poder. Y eso hoy ha sido duramente golpeado. Por fortuna los senadores y congresistas han podido cumplir con la voluntad del pueblo. En dos semanas, el Presidente electo y ya certificado por el Capitolio, Biden,  se va a enfrentar a la gestión de la pandemia de covid19, desbocada en EEUU, a la reconstrucción post covid de su país, y a algo más complejo como es  una reunificación social, o quizás la reconciliación y  la devolución de la confianza en las instituciones, la política  y la democracia.

Biden tiene por delante la ingente tarea, en el que es el primer y poderoso país del planeta, hasta ahora garante indiscutido de la democracia y libertad. En dos semanas en el país, se abre un escenario de un profundo cambio político otorgado por la mayoría en ambas Cámaras a los demócratas, pero a la presidencia de Trump aún le quedan 14 días y, aunque perdió las elecciones, no ha renunciado a tomar importantes y vinculantes decisiones en la política interna e internacional del país. Antes de retomar este jueves solo nos queda confiar en la fortaleza de la democracia en EEUU y en las palabras de Biden que esta noche ha afirmado con rotundidad que "América es mucho mejor de lo que estamos viendo hoy".