Otras miradas

La Gran Coalición naufraga por la derecha

Jon Rodríguez

Responsable de Internacional de Izquierda Unida

Roberta Metsola (C) pronuncia un discurso después de ser elegida nueva presidenta del Parlamento Europeo en el Parlamento Europeo en Estrasburgo, Francia, el 18 de enero de 2022.- EFE

Con una mayoría absoluta de 458 votos, se confirma que Roberta Metsola será la próxima presidenta del Parlamento Europeo. Se convierte en la tercera mujer que presidirá esta institución tras Simone Veil y Nicole Fontaine. Las tres han pertenecido a diferentes familias políticas de la derecha, pero la diferencia entre Metsola y sus predecesoras es que éstas se enfrentaron a las posiciones de sus partidos y grupos políticos para defender los derechos de las mujeres. Sin embargo, en la campaña que ha habido durante las últimas semanas dentro del Parlamento Europeo, uno de los asuntos más cuestionados de la candidata del Partido Popular Europeo ha sido su clara oposición a los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.

Una de las tareas de la presidenta del Parlamento Europeo es la defensa de las posiciones adoptadas por la cámara en otros espacios, como son las reuniones interinstitucionales con Comisión y Consejo. En la presente legislatura hemos visto cómo los derechos de las mujeres eran atacados en la Unión en países como Polonia, donde el gobierno ha hecho propuestas tan distópicas como la creación de un registro de embarazos. Ante esto, la posición del Parlamento ha sido nítida en defensa del derecho a un aborto libre, pero con esta nueva presidenta, resulta difícil de creer que la defensa de esta posición – lograda gracias al consenso entre las fuerzas progresistas del Parlamento Europeo – vaya a ser una prioridad.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? A través de un pacto firmado al inicio de la legislatura entre populares, liberales y socialdemócratas para repartirse el pastel. De este modo, los socialdemócratas han entregado en bandeja la presidencia del Parlamento Europeo a la derecha (que también tiene al secretario general y una mayoría de la mesa), además de las presidencias de la Comisión (también del Partido Popular Europeo) y el Consejo (en manos de los liberales).

A pesar de la bajada electoral del Partido Popular, que ya no forma parte del Gobierno de ninguno de los países más grandes de la Unión, su poder en Bruselas sigue siendo incuestionable. El grupo socialdemócrata, que ha participado de importantes acuerdos progresistas en torno a elementos como el Plan de Recuperación o la transparencia en los contratos de las vacunas, ha preferido reeditar su modelo caduco de acuerdo con la derecha. Ha preferido el viejo pacto de las políticas de austeridad a trabajar por construir una nueva mayoría.

Pero ahora este acuerdo supera los límites de la Gran Coalición, puesto que ha incorporado a la extrema derecha, que ha retirado a última hora su candidatura a la presidencia a cambio de un puesto en la mesa. Que los socialdemócratas y la extrema derecha participen del mismo acuerdo para gobernar el Parlamento Europeo es una pésima noticia para la democracia, pero además lanza un mensaje muy peligroso en este contexto: los derechos de las mujeres son negociables.

Lo que la socialdemocracia europea está diciendo es que puede pactar con otros grupos textos impecables, pero que no son legislativos ni conllevan compromiso alguno, sobre derechos de las mujeres, de las personas LGTBI o de las migrantes, pero que cuando se trata de las decisiones importantes, las que verdaderamente pueden cambiar las cosas, prefieren pactar con la derecha y, como han hecho ahora, incluso con la extrema derecha.

El cordón sanitario contra la extrema derecha queda dinamitado después de esta elección en la que PSOE y Vox se han puesto de acuerdo. Se confirma la permeabilidad de populares y liberales, pero también de una parte no menor de la socialdemocracia, a los discursos de la extrema derecha, que cada vez impregnan la política de la UE de forma más evidente. ¿Qué credibilidad le va a quedar al Parlamento Europeo para seguir criticando que el Gobierno de Hungría gasea migrantes en sus fronteras externas o el Gobierno de Polonia ataca la libertad de prensa cuando está gobernado por una mayoría que abarca a representantes de esas fuerzas?

Los socialdemócratas, a pesar de participar en gobiernos de coalición que han desalojado a los populares en España o Alemania, no han entendido en la UE que su Gran Coalición fracasó hace tiempo. Que, de hecho, es responsable de políticas antisociales, de recortes en servicios públicos y austeridad, pero también de unas políticas de frontera que han convertido a Europa en el destino más mortal al que migrar según la OIM.

A cambio de unas migajas han estado dispuestos a pactar con los que violan sistemáticamente los derechos fundamentales. Frente a eso, hay alianzas posibles para sacar adelante cuestiones centrales que debatiremos en la UE en los próximos meses, desde el salario mínimo, a la reindustrialización; desde una perspectiva social y medioambientalmente justa. Veremos si la socialdemocracia está a la altura de estas necesidades o prefiere seguir pactando con la derecha.