Otras miradas

Malcriados

Jorge Moruno y Javier Padilla

Diputados de Más Madrid en la Asamblea de Madrid.

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el torero Morante de la Puebla posan durante la ceremonia de entrega del XIII Premio Taurino ABC, correspondiente a la temporada 2021, este miércoles, en Madrid. EFE/ Chema Moya

El Partido Popular de Madrid siempre aplica el mismo tic autoritario contra todo aquel que lo cuestione, ponga en duda sus políticas, reclame o denuncie alguna situación: para ellos todos unos malcriados. Ayuso se comporta igual que la reina de los Corazones en Alicia en el país de las maravillas, esto es, como una furia ciega y sin rumbo que para todo aplica siempre la misma receta: que le corten la cabeza a cualquiera que se atreva a ofenderla y siempre se la ofende cuando se reclama que se haga cargo de su responsabilidad. Solo hay que ver cómo trata a la oposición en la Asamblea de Madrid, como trata a la televisión pública de Madrid, o al patrimonio de Madrid, para hacerse una idea de lo que piensa de la democracia y del respeto. Pero aquí no se trata de su particular cruzada contra la izquierda sino de algo diferente, a saber, de un desprecio a los fundamentos más básicos de la civilización. Para el PP de Madrid esto significa rechazar cosas tan básicas como el agua de grifo en los restaurantes, el wi-fi en los hospitales, la aspiración por vivir mejor y gozar de más tiempo libre, o ser tan sectaria como para confundir enseñar conocimiento con adoctrinar.

Así pues, el colectivo de personas insultadas por la señora Ayuso no para de crecer y abarca a gente muy diferente que viene de lugares distintos, pero que se cruza en un mismo punto encuentro, entre denunciar el abandono que sufren y la aspiración a cambiar la situación para poder vivir con tranquilidad, seguridad y bienestar. Ese colectivo de gente "malcriada" es amplio, diverso y está compuesto por personas que no tienen la necesidad de coincidir en todo para lograr ponerse de acuerdo en lo fundamental. Aquí van solo algunos de los ejemplos de ese pueblo de Madrid que empieza a cansarse de callar, de vivir olvidado y de recibir insultos y condescendencia por parte de una presidenta que, en lugar de responder a sus demandas, lo desprecia con arrogancia.

Si eres mujer y quieres volver a casa segura sin que te agredan sexualmente, eres una malcriada, los taxistas que quieren regular las VTC, son unos malcriados, los pauers que quieren contar con un centro de salud, un colegio o una biblioteca en su barrio, son unos malcriados, los camareros que quieren cobrar las horas extra y un horario decente, son unos malcriados, las profesionales sanitarias que quieren condiciones dignas para cuidarnos mejor, son unas malcriadas, los inquilinos que quieren precios asequibles y seguridad, son unos malcriados, la juventud que quiere emanciparse de casa de sus padres antes de cumplir los 30 años, malcriada, las familias en situación de especial necesidad que demanda vivienda social con urgencia, malcriada, la ciudadanía que quiere mejores frecuencias de bus y de metro, que quiere carriles bici y respirar aire limpio, que quiere que le atienda el especialista en sanidad sin que pasen meses, que exige residencias públicas, plazas de formación profesional y escuelas infantiles: malcriada.

Malcriada es toda persona que exige ejercer su libertad. La libertad de elección que defendemos no es la libertad coaccionada del Partido Popular donde se decide entre susto y muerte, ni tampoco una elección tutelada donde las opciones elegibles ya vienen decididas de antemano. Una elección libre existe ahí donde las opciones no vienen impuestas y realmente pueden elegirse, es decir, no hay libertad de elección entre pagarse una póliza privada o esperar meses a que te vea el especialista, no hay libertad de elección entre vender la casa de tus padres para pagar la residencia o dejar que se quede en casa mal atendido, no hay libertad de elección cuando te quedas en casa de tus padres o pagas un precio inasumible por la vivienda, no hay libertad cuando se fuerza a las familias más vulnerables a elegir entre comer 40 días del Telepizza o no comer. La libertad de elección aparece cuando existe la opción de una sanidad de calidad, de una red de residencias públicas o cuando la vivienda es asequible. Libertad no es elegir algo dentro de unas coordenadas ya dadas, libertad de elección es poder elegir, con autonomía, el diseño de las propias coordenadas.

La presidenta de la Comunidad de Madrid no concibe que haya una parte de la ciudadanía que pueda tener necesidades que debería estar cubriendo su gobierno. Un pediatra para tu hija, una escuela infantil en tu barrio, no tener que esperar 10 minutos al metro o poder acompañar a tu familiar cuando está ingresado. Toda demanda es vista como una pataleta por parte de ese ejército de malcriados y malcriadas que, a sus ojos, pueblan las calles de la región. El Madrid malcriado a ojos de Ayuso es un Madrid que quiere vivir tranquilo, mejor y ejerciendo su libertad como protagonista y no como un extra. Un Madrid seguro donde se tiene la certeza de que si hace falta una UCI o una residencia no es necesario pagarlo de su propio bolsillo porque, en ese caso, no podría hacer frente a los costes. El Madrid malcriado es un Madrid mejor, donde caben todas las personas que no comparten la totalidad de necesidades y planteamientos, pero que saben que hace falta algo más que ir por tu lado para vivir mejor.

El cambio en Madrid pasa por conectar con ese sentimiento difuso de los malcriados y no tanto por juntar a distintos partidos políticos bajo unas siglas. El cambio político en Madrid pasa por hacerse cargo de todos estos malestares, dolores y agravios sociales dispersos e inconexos que necesitan ser escuchados y comprendidos. Junto con esto, es fundamental complementar esa negación con una nueva dimensión aspiracional que proyecte, no solo lo que se quiere dejar atrás sino también lo que se busca conseguir hacia adelante. La principal pregunta política por resolver es, en apariencia, poco política: qué significa vivir bien, qué significa querer lo mejor para los tuyos y qué significado adquiere el deseo por vivir mejor.  Para esta tarea, a la vez hercúlea e insoslayable, estamos convencidos de que en Madrid se suma ensamblando y federando la diversidad social sin pretender ahogarla, ni uniformizarla: apertura, heterodoxia, autonomía, pluralidad y ambición.

Esto conlleva abandonar el refugio que ofrecen las fortalezas tras sus muros y pasa por tomarse en serio a Madrid fuera de los clichés, el derrotismo y el resentimiento. Porque no se trata de aplicar un esquema a lo que sucede en la sociedad y esperar a que responda a ese diseño de laboratorio y si no es así peor para ella, sino que lo prioritario es abrirse a lo complicado, a lo inesperado y entrar en el bosque sin tenerle miedo a los lobos. No hay que hablar por ellos, es al revés, hay que aprender, comprender y convertirse en una herramienta política a través de la cuál todo ese pueblo de malcriados pueda expresar su descontento y sus esperanzas. Hay que invertir el orden de los factores para alterar el producto final y eso significa que, en lugar de partidos que hablan de lo "que le pasa a la gente", las formaciones políticas sirvan de soporte e instrumento para que la gente hable sobre lo que le pasa. Que hablen los malcriados, que hablen las malcriadas.