Otras miradas

El derecho al aborto, la resistencia demócrata

Laura Berja

Diputada socialista

Mujeres celebran el resultado de la votación anticipada de la medida que consagra el derecho al aborto en Detroit, Michigan, a 8 de noviembre de 2022. -REUTERS
Mujeres celebran el resultado de la votación anticipada de la medida que consagra el derecho al aborto en Detroit, Michigan, a 8 de noviembre de 2022. -REUTERS

Según la encuesta del Pew Research Center publicada en agosto sobre cómo podría influir el debate sobre el aborto en las elecciones celebradas el día 8 de noviembre en Estados Unidos, los datos eran claros: para el 56% de los votantes el aborto sería una razón "muy importante" para acudir a las urnas.

En junio de este año, el Tribunal Supremo estadounidense derogó la histórica sentencia de Roe Vs Wade, a través de la cual desde 1973 se garantizaba el derecho al aborto con blindaje constitucional. Esta decisión de la Corte Suprema generó un revuelo mundial dadas las consecuencias derivadas de la misma, de nuevo en cuestión de los derechos de las mujeres. "No olvidéis jamás que bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados. Estos derechos nunca se dan por adquiridos, debéis permanecer vigilantes toda vuestra vida". Tal y como dijo Simone de Beauvoir, las crisis son un gran caldo de cultivo para el retroceso e históricamente las feministas sabemos bien que cuando hay que poner en la diana de la batalla política un sacrificio, nuestros derechos están en todas las quinielas.

El trumpismo es la crisis en sí misma. Sus derivadas son mundiales porque Trump es el icono, pero sus lógicas son un terrible movimiento mundial, son hoy una corriente cultural extendida que cuestiona las instituciones utilizando vilmente la mentira, que hace apología del incumplimiento de las leyes, que lanza mensajes de odio contra parte de población, que usa el descontento ciudadano para incendiar el conflicto entre grupos de población.

Pero dados los resultados de las elecciones el pasado 8 de noviembre, Trump no es un visionario aunque sea rico. El expresidente de EEUU pronosticaba una ola roja que les diera a los republicanos una mayoría amplia de escaños tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado. Pero el resultado está siendo mucho más ajustado de lo esperado por el multimillonario. Los demócratas controlarán el Senado.

La resistencia demócrata ha conseguido frenar la, en principio, estimable pérdida de escaños fruto del descontento de la ciudadanía estadounidense con la inflación atribuida a Biden y consecuencia de la situación político-económica mundial. Pero la resistencia se mide en forma de preocupaciones y es inevitable establecer una línea lógica entre la preocupación por los derechos de las mujeres y la resistencia demócrata.

Es innegable la fuerza movilizadora de las mujeres en estas elecciones para apoyar candidaturas que se comprometen con la regulación del derecho al aborto y con la reparación jurídica en relación a los derechos reproductivos de las mujeres. La sociedad norteamericana ha confrontado discursos ultraconservadores durante décadas y en estas elecciones los demócratas muy hábilmente han puesto el aborto como punta de lanza contra los retrocesos y también contra el trumpismo. Y les ha ido bien.

Los altos niveles de reconocimiento de los derechos de las mujeres en los países son uno de los indicadores más claros de mejores democracias. La movilización de las mujeres en las elecciones para defender sus democracias es un ejemplo claro de ello.

En nuestro país, el Tribunal Constitucional aún tiene pendiente resolver el recurso de inconstitucionalidad a la Ley 2/2010, de 3 de marzo, de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo. Y el PP sigue bloqueando la renovación del Tribunal. Mientras, el avance de la sociedad española y el consenso en torno al derecho de una maternidad libremente decidida permite que en estos momentos esta ley esté siendo reformada para ampliar la cobertura de los derechos sexuales y reproductivos y devolver a las chicas de 16 y 17 años el derecho que les arrebató el Partido Popular. Movilizaciones como la del Tren de la Libertad en 2014, que empezó en Asturias y acabó con la destitución de Gallardón, dejan constancia de que la sociedad española no está dispuesta a dar ni un paso atrás.

La resistencia demócrata en EEUU tiene madres; las mujeres que han defendido el derecho al aborto. El aborto legal no se toca.