Otras miradas

Rajoy en Ruta

Xulio Ríos

Director del Observatorio de la Política China

Xulio Ríos
Director del Observatorio de la Política China

El presidente Mariano Rajoy será de los contados líderes occidentales que estarán presentes en el Foro Internacional sobre la Franja y la Ruta que acogerá la capital china los días 14 y 15 de este mes. Las autoridades chinas organizan una gran puesta de largo de la iniciativa lanzada en 2013 con el propósito añadido de aunar voluntades y disipar dudas y malentendidos con respecto a sus ambiciones y propósitos.

En poco tiempo, este propósito ha recorrido un largo trecho. La puesta en marcha de seis grandes corredores económicos junto a los numerosos acuerdos de inversión trabados con casi medio centenar de países con proyectos que abarcan la energía, las infraestructuras o la cooperación industrial y cultural dan buena cuenta de ello. Pero el proyecto es de largo recorrido y se esperan lustros, con seguridad no exentos de riesgos, de iniciativas de envergadura en torno a esta propuesta en la que el actual liderazgo chino se juega, entre otros, su propia autoridad y magisterio.

En el contexto de esta cumbre, con la ausencia de otros líderes europeos destacados, Mariano Rajoy tiene la oportunidad de hacerse notar. ¿Lo hará? Razones de política interna determinan que otros países europeos como Reino Unido, Francia o Alemania envíen representantes de alto nivel pero no a sus primeros ministros o presidentes como si lo harán, además de España, Italia, Grecia, Polonia, Suiza o Chequia. Las relaciones bilaterales se encuentran en "un buen momento", según declaró el Embajador Manuel Valencia a la agencia Xinhua, al tiempo que reivindicó las capacidades de España para colaborar en el desarrollo de esta idea.

Hace años se decía que si todos los chinos saltaran al mismo tiempo podrían cambiar el eje de rotación de la Tierra.  Con más visos de realidad, la Franja y la Ruta si tiene la potencialidad para modificar el mapa económico mundial y proyectar un nuevo modelo de globalización. Incluso sus más aciagos detractores lo reconocen.

Si a España, que dispone de buenos atributos para rentabilizar la relación con China, le interesa implicarse de modo efectivo en la Franja y la Ruta debiera adoptar medidas concretas, en vez de esperar a que el maná caiga del cielo. La primera, designar un Comisionado o delegado para la Franja y la Ruta que promueva y lidere las iniciativas relacionadas con el proyecto. La segunda, la creación de un grupo de reflexión estratégica plural e interdisciplinar que trace una hoja de ruta, identifique oportunidades y prioridades y proponga acciones. La tercera, la creación de una red de actores públicos y privados potencialmente interesados en la implicación en el proyecto. La cuarta, la creación de una comisión bilateral ad hoc con la parte china que analice en detalle las posibilidades de cooperación con una agenda de propuestas concretas.

Dado su reconocido potencial, la iniciativa, de aprovecharse, podría representar un salto cualitativo en las relaciones hispano-chinas. Dada la experiencia acumulada en incapacidad para pasar de los palabras a los hechos, mucho es de temer que quedaremos igual que estábamos. Sin pena ni gloria.