LICIA RONZULLI- Símbolo a medias

Marta Nebot

Esta semana una eurodiputada llamada Licia Ronzulli, miembro del partido Pueblo de la Libertad (el de Berlusconi), recibió el aplauso de sus compañeros del Parlamento Europeo al acudir a votar a la sesión plenaria de la Eurocámara con su hija de apenas unos días atada al pecho con un pañuelo, para llamar la atención sobre los derechos de las féminas. Declaró: “quiero ser un símbolo, con mi hija Victoria y pienso en todas las mujeres que no pueden conciliar su vida profesional con su vida familiar”. Además, pidió que desde esa institución se trabaje para mejorar esta situación. Curiosa petición, teniendo en cuenta que justo el día anterior se había presentado La Estrategia Europea sobre Igualdad para los próximos cinco años.
¿Será que esta eurodiputada, en este escenario de crisis, no confía en dicha estrategia, que amenaza con tomar medidas a partir de 2012 si las empresas no se autorregulan para dar puestos de mando a las mujeres y terminar con la brecha salarial? ¿O será que quería hacer llegar la foto de su pequeña a todos sus parientes sin tener que colgarla en Facebook porque con ese gesto acaparaba muchas portadas? Porque desde luego no debió de ser porque no encontrara canguro para los cinco minutos que duró la votación -con los más de 7500 euros al mes que cobra cada eurodiputado, más 4600 de dietas, más gastos, le daba para montar en el pasillo de la eurocámara una guardería de campaña con puericultor, masajista, cocinero, tobogán y hasta subeybaja-. Eso de llevarse al bebé al trabajo lo han hecho todas sólo que antes lo tenían que esconder o dejarlo en la cafetería de enfrente con su madre o con su hermana. El símbolo que de verdad necesitamos es que eso mismo lo haga un hombre. ¿Qué tal Almunia en una rueda de prensa con su niño atado al cuello en lugar de la corbata? Porque, ahora que las cosas están empezando a cambiar, la conciliación ya no es sólo cosa de miembras. No conozco padre moderno que no quiera compartir todo el tiempo del mundo con su hijo, incluído el de limpiar las cacas. Además muchos, pidiendo su baja de paternidad (de sólo quince días) ya están sintiendo en carne propia como se toman las empresas las inconveniencias de procrear.