Punto y seguido

Sanciones impuestas a Rusia y a Irán: una comparación

Imagen de archivo. Meeting entre Joe Biden y Ursula Von der Leyen.- Christophe Licoppe / Commission Eu / DPA

Con unas 6.400 sanciones, Rusia desbanca a Irán de ser el país más afectado por la "guerra económica" liderada por EEUU con 3.600 castigos económicos y políticos. Les siguen Siria, Corea del Norte, Venezuela, Myanmar y Cuba. Cerca de la mitad de las sanciones contra Rusia (ScR) son anteriores a la guerra con Ucrania: unas por el caso Magnitsky del 2012 y otras por la integración de Crimea en 2014.

Más allá de la cantidad a las que se han impuesto las Scr, su velocidad, su magnitud y su impacto revelan los inquietantes planes de Washington al provocar la guerra contra Rusia en el suelo de Ucrania, arrastrando, además, a los países europeos.  Presentar estas ScR,  como una respuesta a la invasión rusa a su vecino, es como exhibir una película censurando los primeros 40 minutos.

"Colapsaremos la economía rusa", amenazó el ministro de Finanzas francés Bruno Lumière, dando pista de que el objetivo de las ScR va mucho más allá de "cambiar el comportamiento de Putin" (ya saben que a EEUU le gusta personificar a los estados enemigos, dándoles un aspecto "demoníaco" para audiencia infantilizada), o "Hasta la derrota de Rusia", como confesó Nancy Pelosi, la actual presidenta del Congreso de EEUU, la misma que silenció las torturas de la CIA en Irak, mientras su jefe, Obama, las normalizaba.

Las sanciones contra Irán (ScI), por ejemplo, están vinculadas "oficialmente" a su programa nuclear, por lo que cuando en 2015 Teherán se comprometió a suspenderlo, el presidente Obama eliminó gran parte de los castigos económicos impuestos.

En este caso, todo indica que las ScR han sido diseñadas, como castigo colectivo, para un largo período de tiempo, y permanecerán aunque mañana mismo Rusia se retire de Ucrania: pues forman parte de las Guerras Perpetuas de EEUU- OTAN contra el mundo.

Las sanciones como guerra y expolio

La táctica de conmocionar la economía de los rivales y enemigos, como parte de la estrategia de conducirlos hacia el subdesarrollo tecnológico y destruir su estructura social, padece de dos males: descuidar el riesgo de la radicalización de los humillados e ignorar la lógica de los vasos comunicantes en un mundo-aldea.

Entre 1991 y 2013, EEUU y el Consejo de Seguridad de la ONU mataron literalmente a millón y medio de iraquíes con brutales sanciones, que incluían medicamentos y depuradoras de agua, y eso después de que la aviación angloestadounidense convirtiera en cenizas la cuna de la civilización humana. Es lo que están haciendo EEUU y los jeques árabes con Yemen desde 2015, provocando la mayor crisis humanitaria del mundo, sin que ningún país se solidarizara con sus 25 millones de almas que siguen agonizando.

En caso de Afganistán, tras cuarenta años de una demolición controlada del estratégico país, y mientras millones de afganos se enfrentan a una hambruna sin precedente, Joe Biden ordena destinar los 7.000 millones de dólares de los fondos afganos congelados en EEUU para las víctimas del 11-S (¿No dijo la CIA que Arabia Saudí estaba detrás de los atentados?), y en el de Venezuela, los bancos occidentales se han quedado con toneladas de oro del pueblo.

Las ScR están dirigidas a cumplir dos propósitos principales:

-Aniquilar Rusia como potencia mundial, vía destrucción política, e incluso física, de su presidente electo, Vladimir Putin, mediante una rebelión popular de los empobrecidos, un golpe de estado u otras fórmulas, como se escapó del subconsciente de Joe Biden cuando dijo: "[Putin] no puede permanecer en el poder", ignorando que lo que sucede en Rusia no es cosa sólo de su presidente, sino de un nacionalismo exacerbado que arrasa a gran parte de un pueblo que ansía recuperar su posición en el escenario internacional. Si no sucede "nada raro", lo más probable es que Putin sobreviva a Biden.

-Aislar a China, debilitando a su principal aliado, y utilizar las ScR como un ensayo-prueba contra Pekín, observando las medidas que ambos países pueden tomar para enfrentarse a una guerra económica total. La fuerte presión de EEUU sobre los países del sudeste asiático (socios comerciales de China) para unirse a las ScR va en esta dirección.

Las sanciones económicas no son una alternativa a una guerra bélica, son una guerra que mata a millones de personas  (llamadas "daños colaterales" de los infames intereses "primordiales") sin disparar una sola bala.

Las sanciones contra Irán

Con 81 millones de habitantes, y un tamaño diez veces menor que su vecino eslavo, Irán, un poder regional, solo es comparable con aquella potencia mundial por tener en su subsuelo una inmensa reserva de gas natural y petróleo. Cierto que ambos sistemas políticos son capitalistas, sin embrago, desde 1978, a Irán lo dirige una teocracia totalitaria (que fue instalada por los G4, justamente, para contener el avance del socialismo desde la Unión Soviética), cuya utopía lejos de conducir al país hacia el progreso es resucitar en Irán la sociedad que dirigió Mahoma en la Península arábiga en el siglo VII. Las ScI fueron impuestas al pueblo cuando un grupo islamistas asaltó la Embajada de EEUU en Teherán. Sin embargo, la salida de Irán del mercado mundial de petróleo se debió a la huelga general de los 300.000 trabajadores de esta industria durante la revolución contra la dictadura del Sha, que causó la "Segunda Crisis Energética" (la primera fue 1973 con la guerra árabe-israelí). En aquellos momentos, Irán producía seis millones de barriles al día y exportaba cuatro millones. Luego llegó la economía "islámica", que desprecia la industria y mima el comercio parasitario; después, los ocho años de guerra con Irak, y más tarde las sanciones de la ONU y EEUU por el programa nuclear, para convertir a Irán en el país más aislado del mundo (es el único sin relaciones diplomáticas con EEUU).

Desde entonces, el país monoproductor, ha podido vender, de forma clandestina o pública (autorizada por EEUU a Turquía e Irak), entre 300.000 y millón y medio de barriles al día.

La fuga de capitales de Irán ha sido una constante (contrasta radicalmente con las medidas tomadas por Rusia): según el Banco Central de Irán, en los primeros seis meses de 2021 unos 6.000 millones de dólares fueron sacados del país, y en 2020 fueron 6.318 millones, y mejor no contar ni sumar esta cuantía desde 1979. Los "oligarcas" islámicos han trasladados billones de dólares a Turquía, los países árabes del Golfo Pérsico y ¿cómo no? a Europa.

A causa de las sanciones y el "capitalista islámico", el rial iraní ha sufrido una brutal depreciación: un dólar que en 1979 se cotizaba por 70 riales ha llegado a ser 42.000 como precio oficial, mientras en el mercado negro se vende por 380.000 riales. La teocracia ha construido una economía sumergida. Situación que se traduce en una inflación galopante que ha lanzado al 65% de la población por debajo de la línea de pobreza, mientras una reducida casta clerical-militar se ha hecho millonaria ante la ausencia total de la oposición masacrada previamente en los años ochenta. En el año fiscal del 2022, el salario medio es equivalente a 200 dólares, cuando el costo de una canasta de artículos esenciales de una familia de tres personas es el doble. Los ajustes estructurales, la venta de cientos de fábricas estatales a unos sacerdotes sin capacidad de gestionarlas, terminaron con su cierre, dejando a millones de trabajadores en la calle (en Rusia, justamente uno de los motivos de la popularidad de Putin ha sido negarse a aplicar políticas neoliberales y paliar los efectos del desatare que dejó un tal Yeltsin). El cartel de "no se vende pan a plazos",  exhibido en numerosas panaderías del país, es la señal de lo que se avecina en Irán. "Solo los animales se preocupan por su estómago", dijo Jomeini en respuesta a la demanda de millones de iraníes de un reparto justo de los inmensos recursos del país.

La sanción más dura que sufre Irán es la desconexión de todos sus bancos del sistema de Swift (en caso de Rusia, de momento, son sólo siete de sus bancos). El uso limitado de las entidades financieras de China, Hong Kong, Singapur, Turquía y los Emiratos Árabes Unidos o la creación de empresas pantalla para trabajar con extranjero no han sido efectivos ante la magnitud del problema, que impide a Irán, aun vendiendo millones de barriles, poder cobrarlos. El "trueque", que ha sido el método dominante, sólo ha llenado el mercado iraní de artículos basura extranjeros, arruinando de paso a los propios productores locales. A los emigrantes iraníes no se les abren cuentas corrientes, ni pueden recibir dinero de Irán ni enviarlo. Hasta pagar la matrícula universitaria o el pago del alquiler y los recibos de luz y agua son un verdadero calvario.

Los castigos llamados "Sanciones secundarias", por las que EEUU multa a las empresas que infrinjan las sanciones, han ahuyentado de Irán hasta a los inversores rusos y chinos: en 2017, Washington multó con 1.192 millones de dólares a la compañía china de telecomunicaciones ZTE por trabajar con Irán y Corea del Norte.

Al contrario de Rusia, el objetivo de las ScI no es cambiar el régimen (¡Coca-Cola nunca salió de Irán!) sino su "comportamiento" en la región y que deje en paz a las teocracias sunitas o molestar a Israel. Pretenden debilitar a Irán como potencia para que más allá de quien lo gobierne no sea una barrera para el dominio de EEUU en la zona. Los 12.000 millones de dólares en oro y activos de divisas iraníes siguen congelados en los bancos occidentales.

Ahora, Biden traiciona a su promesa electoral de resucitar el acuerdo firmado por Barack Obama en 2015 ( advertimos de que lo haría), que se centraba únicamente en el programa nuclear para levantar las sanciones: ha decidido mantener a los Guardianes Islámicos en la lista de los "Grupos Terroristas" (iniciativa de Trump a petición el lobby proisraelí) provocando la ira de este poderoso estamento, que dirige gigantescos "holdings".

Dato curioso: A Rusia tampoco le interesa, en estos momentos, que se levanten las ScI, por 1) ser Irán un potencial rival ruso en el mercado de petróleo y 2) necesita de la cooperación de un Irán aislado para reducir el impacto de las ScR.

Rusia frente a las sanciones

A pesar de que Moscú había previsto una reacción dura de parte del Occidente antes lanzar su "acción militar" contra Ucrania, (país que se había convertido, desde 2014, en una amenaza existencial para su vecino), seguramente no esperaba que fuesen tan rápidas, agresivas y amplias, dirigidas a la destrucción de su economía y todo lo que eso implica.

El paquete de sanciones incluyen impedir la emisión de los medios de comunicación rusos, evitando que los ciudadanos occidentales conozcan la versión de Moscú sobre la guerra (¡mientras permiten la transmisión del HispanTv de Irán!); reducir las importaciones de energía de Rusia; el cierre del espacio aéreo a los aviones rusos o el bloqueo de la mitad de 640.000 millones de dólares de sus reservas de oro y divisas en las entidades financieras, entre otras.

Las ScR también afectarán a su industria armamentística. Entre 2016 y 2020, Moscú, el segundo exportador de armas del mundo, vendió 28.000 millones de dólares en artefactos bélicos a 45 países, principalmente a India, China, Argelia, Egipto y Vietnam. Cerca de mitad de las importaciones de equipos militares de África (Argelia y Angola a la cabeza) provienen de Rusia. La tentación de los países de la OTAN de hacerse con este mercado es innegable.

Sin dar una oportunidad a negociaciones y paz, y tan solo una semana después del ataque de Rusia a Ucrania, los países de la OTAN decidieron acosar militar y económicamente a la potencia que es la quinta economía más grande de Europa, miembro del G20, y una de las principales reservas mundiales recursos naturales. ¡La OTAN ha confundido a Rusia con Afganistán!

El capitalismo liberal ruso (donde los partidos políticos, los sindicatos, otras entidades sociales son libres e influyen sobre el poder) está integrado en el sistema económico mundial y es un hueso bastante duro de roer: al contrario de Irán, por la que hasta Rusia y China votaron a favor de las sanciones propuestas por EEUU en su contra, Moscú recibió el apoyo de China, India, Brasil, Emiratos Árabes y Arabia saudí, entre otros, negándose a participar en las ScR. De hecho, Emiratos árabes acaba de recibir 700.000 barriles del petróleo ruso.

El "ojo por ojo" de Rusia

Para superar el efecto de las sanciones, Rusia en un futuro podrá hacer el "giro hacia el este y el sur", fortaleciendo y ampliando la Organización de Cooperación de Shanghái así como el BRIC. Por ahora, planea aplicar una serie de contrasanciones, empezando por expropiar las empresas extranjeras hostiles, parar la venta de los motores RD-180 a EEUU para los cohetes del programa satelital de EEUU y dejar "que vuelen en sus escobas", como avisa Dimitri Rogasen, director de la agencia espacial estatal Roscosmos, o jugar con el mercado de reactores nucleares donde es líder en exportaciones.

Ningún país puede sustituir el gas ruso a corto y medio plazo, y no solo porque no existen tantas reservas en otro lugar, sino porque no lo permitirían: en la década de 2000, China, Rusia e Irán impidieron la construcción del gaseoducto Transafgano por las compañías estadounidenses.

El rublo, que la primera semana de las sanciones se desplomó hasta 150 por dólar, hoy ha duplicado su valor: que un billete verde se venda por 66 rublos se debe a tres principales factores: las medidas financieras tomadas por el Banco Central ruso, la exigencia de Kremlin a los países "no amistosos" a pagar los contratos de gas en rublo, y el aumento de los precios del petróleo: Arabia Saudí, cuyo príncipe sigue ignorando a Biden mientras amplía sus buenas relaciones con el Kremlin, se ha negado aumentar la producción y bajar los precios del oro negro. La esperanza de EEUU de recuperar el estatus mundial del dólar se desvanece, al tiempo que el oro vuelve a presentarse como un posible sustituto.

Otro dato: la desconexión del sistema financiero ruso de la mensajería interbancaria SWIFT por EEUU no va a tener el mismo impacto sobre la economía rusa que ha tenido sobre la iraní: Rusia ya ha creado un equivalente, el SPFS, que tiene previsto concretarse, para empezar, con China, Turquía e Irán.

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La presente fragmentación en la economía mundial y el aumento de las presiones sobre Rusia e Irán pueden forzarlos a adoptar estrategias sumamente arriesgadas.

Las ScR no solo destruirán los logros de los últimos años del país y paralizarán su crecimiento económico, sino que tendrán un impacto devastador sobre las economías más débiles: ya decenas de millones de personas se enfrentan al hambre por el aumento del precio de trigo, siendo Rusia y Ucrania los principales productores. ¿Podía Rusia tomar otra medida contra el cerco militar por la OTAN, al que está siendo sometida?

Las ScR pueden ser levantadas quizás solo cuando los europeos empiecen a rebelarse contra la decisión de sus mandatarios de sacrificarles ante los intereses de un peligroso EEUU, dispuesto a llevar al mundo al borde de gran guerra con tal de no perder su posición hegemónica: sólo en Alemania (que vuelve a ser humillada), cerca de 40.000 empresas con 250.000 trabajadores tienen vínculos directos con Rusia.

Las crisis económicas son el caldo de cultivo perfecto para el ascenso del fascismo, sobre todo ante la ausencia de un movimiento antimilitarista que lo derrote.