Al este del edén

En España se consumen 750 millones de animales al año, los cuales terminan su vida como cadáveres en los platos de aquellos que los comen, más que nada por costumbre. Numerosos estudios demuestran que el consumo de carne es responsable de enfermedades de tipo cardiovascular, cáncer o artritis. La producción ganadera es una de las causas de los problemas ambientales más apremiantes del mundo, como el calentamiento del planeta, la degradación de las tierras, la contaminación atmosférica y del agua, y la pérdida de biodiversidad. Además, para producir un kilo de carne, se necesitan al menos 10 kilos de grano. Esto provoca un desperdicio de 100 millones de toneladas de grano por año. Con esa cantidad de dinero, se podría alimentar, vestir y dar vivienda a la población del mundo durante un año. Si dejáramos de comer carne, evitaríamos la tortura y muerte masivas de millones de animales, ganaríamos salud, protegeríamos nuestro planeta y contribuiríamos a que millones de personas en el Tercer Mundo dejaran de morir de hambre.

 

María Pilar García Maza/ Zaragoza

No sé usted, pero yo no como carne “más que nada por costumbre”. No fastidie, a mí me gusta, se lo aseguro, así que no sé por qué naranjas me tengo que hacer herbívoro, como si fuera un rumiante. Es como si dijera que me acuesto con mi novia más que nada por costumbre. Estoy acostumbrado, vale, pero lo hago porque me gusta. Y no me va a empujar al adulterio o al vegetarianismo con estadísticas, porque yo también tengo mis principios: no doy el más mínimo crédito a ninguna afirmación que comience con una de estas tres frases: a) Numerosos estudios demuestran; b) Me ha dicho mi cuñado, que es un experto, y c) En Estados Unidos, lo último es.

Ustedes son incansables, desde el Génesis: el primer cadáver de la humanidad ya está relacionado con este (turbio) asunto de la carne y las cosechas: un tal Caín, cultivador del suelo (sin duda, vegetariano), se carga (por envidia) a un tal Abel, pastor de ganado y carnívoro. De forma apropiada (o quizá demasiado cruel), el primer asesino recibe como castigo la inmortalidad: al culpable le ponen una marca para que nadie pueda darle muerte.

Por muy saludables que sean la hierba y los granos, si consiguieran eliminarnos a los carnívoros de la faz de la tierra, dudo mucho que ustedes alcancen la misma recompensa… ¿Por qué me mira así? Tranquila, ande, deje en el suelo esa quijada de asno, no vayamos a tener un disgusto…