Los niños asilvestrados

¿Todavía nadie se ha dado cuenta de que el principal problema de la enseñanza es que ni para los niños ni para los adolescentes lo que se les enseña tiene el más mínimo interés? En un mundo como el nuestro lleno de vías de acceso al conocimiento, lo que se enseña en las instituciones está lejos, muy lejos de sus intereses y de lo que ellos ya saben que es la «realidad», que siempre es virtual.

 PEDRO PÉREZ GÓMEZ. ALCALÁ DE HENARES (MADRID) 

Siempre he creído que la educación es en esencia un acto violento. Transformar a un niño en la clase de adulto que queremos que sea, como transformar la sociedad, no se consigue sin violencia. Por simple persuasión, los que explotan a los demás no van a dejar de hacerlo ni van a renunciar a sus privilegios. Por simple persuasión, los niños no van a dejar de jugar al fútbol para estudiar matemáticas. Mire lo que le pasó a Pinochet en Chile o mire a ciertos niños malcriados, a los que nadie ha conseguido desasnar por no contrariar su santa voluntad o sus intereses. 

No quiero decir que haya que renunciar a conocer sus intereses y satisfacerlos, a seducir, persuadir, argumentar o razonar. Todo lo contrario: hay que hacerlo constantemente. Pero a mí me parece que, en última instancia, hay que aceptar que se ejerce violencia (y estar dispuesto a hacerlo). ¿Cómo si no vas a conseguir que un niño renuncie a la satisfacción inmediata de sus deseos a cambio de una recompensa remota y difícil de entender para él? Si sólo atendiéramos a “sus intereses” (tal y como los concibe él mismo), no conseguiríamos que ningún niño aprendiera a hacer la o con un canuto (para no hablar de que se coma la verdura).  

En definitiva, en mi opinión, hay que forzarles. Como la revolución, la educación es violenta (lo que no quiere decir que haya que pegarles puñetazos: hay muchas formas de violencia). En el momento mismo en que (los adultos) nos atribuimos el derecho a educar (a los menores), les privamos del derecho a definir por sí solos sus propios intereses. Otra cosa sería si renunciáramos a educarles, claro. Para mí, “el principal problema de la enseñanza” bien podría ser esa visión naif de la educación.