El repartidor de periódicos

Malos augurios en Colón

Malos augurios para nuestra derechona en vísperas de reventar la madrileña Plaza de Colón para exigir que los presos del procés cumplan las sentencias completas y se pudran en la cárcel. No exigen el regreso del garrote vil porque aun no se le ha ocurrido a Rafa Hernando. Dadle tiempo. Pero ya digo que los augures han puesto carita cuando han observado las tripas de las aves sacrificadas.

La primera mala nueva les llega de Colombia. Por si algún votante de Pablo Casado no lo sabe, Colombia es un país situado a la izquierda de Venezuela, según se mira el mapa. Al oeste, dicen otros. Colombia está gobernada por el muy católico y algo sanguinario líder derechista Iván Duque, que le ha pegado una hostia a sus comilitones hispanos en toda la esencia: "El Gobierno de Colombia retira las estatuas de Colón e Isabel la Católica", titula El Mundo de hoy en portada. Se ruega a los voxeros que administren las sales a Santi Abascal, tras su desmayo, que no las confundan con otros polvillos muy colombianos, que le puede dar un miserere.

Ni en ABC ni en La Razón encuentro alusión alguna al estatuicidio colombiano. No sé si para no desanimar a los manifestantes de Colón o porque no se han enterado, que también puede ser, a tenor de lo que nos cuenta Salud Hernández Mora desde Caracas: "Una maniobra silenciosa, llevada a cabo sobre las cinco de la madrugada del viernes para evitar problemas".

Líneas más abajo, Salud, que es una gran reportera con la que tuve el gustazo de trabajar, comete un desliz que explica muy bien por qué todo el continente americano, incluidos los EEUU, está cada día más enfervorizado con lo de tirar estatuas de nuestro imperio. Dice Salud: "[El Gobierno colombiano] trasladó a otro lugar al descubridor de América y a la reina que creó las Leyes de Indias, que pretendían otorgar derechos a los nativos, todo un avance para la época".

En primer lugar, eso de que descubrimos América lleva unos cuantos siglos en cuestión, pues hasta Les Luthiers nos dicen que en 1492 América ya estaba descubierta por los americanos (disculpad el anacronismo). Y eso de "otorgar derechos a los nativos" también es pelín colonialista, pues es de suponer que en las sociedades indígenas ya había derechos, cultura, ciencia y leyes, como se empeñan en repetirnos los historiadores. Lo que pasa es que los conquistadores les arrebataron esos derechos, así que estaban en disposición de imponerles otros.

Uno espera que mañana, en la kermesse de Colón, los trifachitos más principales se pronuncien sobre este asunto de las estatuas, con lo que les gusta a ellos vestirse de conquistadores tardo-medievales para las fotos de perfil, y a ellas insinuar que llevan todo el rato puesto el cinturón de castidad bajo sus soflamas contra todo atisbo de libertad para las mujeres. El caso es que les viene mal esta noticia llegada de Colombia, pues no pueden empezar a bramar que un gobierno bolivariano y comunista quiere reescribir nuestra majestuosa historia imperial. Ya dije arriba que maliciaba siniestros augurios para la mani de Colón.

El otro mal presagio para los tricolones vino este viernes desde Barcelona. Allí quiso Inés Arrimadas, con el apoyo del PP y el desprecio de Vox, darse un baño de multitudes en protesta contra los indultos a los presos del procés. Y solo acudieron 500 personas, según los generosos cálculos de la prensa afín. En El Mundo, que tantas querencias aireó siempre hacia Arrimadas, le dedican a la manifestación poco más que un pie de foto.

En todo caso, Madrid no es Barcelona, sino más bien todo lo contrario, y no es previsible este domingo un fracaso como el del viernes, pues Madrid es el criadero más feraz de nuestra derecha más altoparlante y ultramontana.

O sea que nos vamos a la plaza de Colón mientras los colombianos tiran las estatuas del marino. Va a ser divertido ver a Pablo Casado y a Arrimadas intentando esconderse entre la multitud para evitar la foto con Abascal. Que no se escondan debajo de la estatua, no venga un batallón colombiano, católico y neoliberal y la derribe encima de tan principales y necesarios próceres.