El repartidor de periódicos

Vox mediático, Vox real

Portada de 'El Mundo'.

Es uno de los ejercicios literarios más asombrosos de la modernidad y lo observo con filológico interés desde hace tiempo. Supongo que está basado en aquella máxima de Ernest Hemingway, quien afirmaba que en un relato se debe contar todo menos lo esencial. Pero no me deja de parecer funambulista escribir una página entera sobre el ideario de Vox sin hablar de fascismo, de machismo, de racismo y de los otros muchos ismos que adornan la neurona de nuestra fachería más acendrada. Lo hace hoy mismo mi querido Fernando Lázaro en El Mundo. Nos cuenta el periódico de la bola la "propuesta de una unidad de España basada en la diversidad de las provincias", de "los pilares de su próximo programa electoral", de "empleos y salarios dignos para los trabajadores", de "libertad de expresión". Suena todo tan cuqui en El Mundo que te dan ganas de votar a Santiago Abascal en tres mesas electorales diferentes. O sea, un subidón de democracia.

El blanqueo mediático de Vox se le da mejor a la prensa escrita que a la tele y a las radios. En el papel, te callas las barbaridades, las crueldades, las ideas ignominiosas que gobiernan el timón de este partido. Cuando los sacan en los canutazos directos de otros medios, es más difícil disimular la verdadera naturaleza del bicho."Si hay un niño que no quiere nadie y dos homosexuales lo adoptan, yo les aplaudo", proclamó en la última campaña Santiago Abascal. La frase me salpicó el alma de niños yunteros. De dónde saldrá el martillo / verdugo de esta cadena.

O sea, que los de Vox dicen unas cosas bárbaras y casi australopitecas, los periodistas se las reescriben y nos los presentan como hermanitas de la caridad preocupadas por la paz social, los bajos salarios cuyas subidas luego votan en contra, y muchos otros flower powers que nos dibujan un Vox cantarín, sentimental y casi un poco cursi.

No entiende uno muy bien esta querencia periodística por no contar lo que realmente dicen y piensan los de Vox, cuando ellos no paran de clamarlo a los cuatro vientos hediondos que los alientan. A Vox se le reescribe constantemente. Se le limpia y se le da esplendor. Se ofrece a la opinión pública como una opción política racional, como si fuera un Podemos de derechas. Y a estos de Podemos, por supuesto, es a los que se tacha de fascistas y de ignorantes. Me he reído mucho esta mañana con la columna en el mismo diario de Santiago González, donde osa describir a Yolanda Díaz como "esa pobre que no sabía lo que era un Erte, ni que la igualdad salarial entre hombres y mujeres estaba garantizada por ley en España 40 años antes de que llegara ella".

Que todas las evidencias científicas nos aseguren que la desigualdad salarial por sexos existe no solo en España, sino en todo el mundo, no es óbice para que el columnista se ponga jacarandoso a costa de la ministra gallega. Todo vale en periodismo menos la evidencia de los datos.

Yo no sé que interés esconderán las oligarquías que lo financian (es el partido con más donaciones particulares del país) ni los prebostes mediáticos que lo blaquean. Para corrupto, machista, homófobo y racista ya teníamos al PP, aunque en versión más edulcorada. Un gobierno del PP mandó asesinar hace años a unos migrantes indefensos que se ahogaban en el Tarajal. No sé qué más quiere esta gente.

Con los fascismos en ascenso en toda Europa, con la amenaza que suponen para la Unión Europea, cuesta saber qué interés puede tener nadie en España por encumbrar y ennoblecer al esputo cotidiano que supone la convivencia política con Vox. Lo sufren sus propios socios del PP, vejados y despreciados, derechita cobarde. En Ceuta y Melilla por poco no llegan a las manos en cada sesión plenaria. Cualquier día sacan las pistolas y los periódicos dirán que es su forma de defender la pirotecnia patria. Así nos va.