El repartidor de periódicos

Queridísimo rey felón

Solo a Francisco Marhuenda, director de La Razón, se le ocurre definir la fuga y exilio de Juan Carlos I como un "insólito extrañamiento en Emiratos Árabes". Decidme que desde Sherezade ningún oralista os había puesto tan cachondos/as. La historia de los borbones está llena de "insólitos aislamientos". Ya el padre de Juancar, Juan Sin Corona, se pasó la vida insólitamente aislado en un dry martini en Estoril. Y su abuelo, Alfonso XIII, también sufrió el mismo mal desde que huyó de España tras las elecciones del 12 de abril del 31, dejándonos desamparados y con república. Tras La Gloriosa de 1868, la corrupta y comisionista Isabel II (también en el negocio de los trenes, como Juancar) sufrió su "insólito extrañamiento" en Francia, tras espantar las iras del pueblo español con el escote lleno de joyas y billetes saqueados. Lo cual que los borbones ni huyen ni se exilian, sino que se extrañan insólitamente. En eso se ve que son especiales. Y nosotros, unos piernas.

Huelga decir que nuestra vieja prensa nacional-católica, no solo Marhuenda, está encantada con el regreso del Demérito. Como en El Mundo no deben pagar tan refinados estilistas como los de Planeta, el diario que a partir de este lunes dirigirá Joaquín Manso se conforma con lo de siempre: echarle la culpa a Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, trasnos de nuestra pesadilla republicana: "Reiteramos que fue un error que Juan Carlos I se viera obligado a abandonar España en agosto de 2020, empujado por un Gobierno que con gran irresponsabilidad no deja de desestabilizar una institución medular", asevera el periódico de la bola en un editorial titulado Normalizar las visitas de Juan Carlos I a España.

Les falta instar a Felipe VI a que le devuelva a su papá la paga del domingo, la partida presupuestaria zarzuelera que recibía tan merecidamente por haber sido rey, esposo, padre, amante y comisionista ejemplar.

En ABC, siempre tan almidonadamente torcuatianos, editorializan con un escueto Bienvenido a España en el que nos recriminan a los demás medios el acoso al que hemos sometido a este pobre y regio defraudador: "La fase jurídica de la 'pena de telediario' vivida por Don Juan Carlos ya es pasado, por más que algunos partidos traten de reactivarla siempre como arma política para lograr su fin último, la erradicación de la Monarquía parlamentaria como modelo de Estado, y de la Corona como esencia de su jefatura". Temblad, españoles.

Al final, entre el insólito aislamiento, un gobierno que lo expulsó arteramente y la "pena del telediario", los tres grandes periódicos capitalinos de la más ultramontana derecha nos pintan a Juancar cual víctima de un complot de tres patas. Parece que se hubieran coordinado para dividirse el ridículo.

En cuanto a la prensa gallega, atada y bien atada desde los tiempos atronadores de Manuel Fraga, pues ya os podéis imaginar: "Sanxenxo está desbordado. La expectación que generó la llegada del rey emérito puso en el mapa mundial a esta pequeña localidad turística de las Rías Baixas", se regodea en nuestra insignificancia geográfica La Voz de Galicia, plagiando con impudor cortesano la frase del presidente gallego Alfonso Rueda.

Nadie nos ha informado, por cierto, de si se produjo algún altercado o si la Policía tuvo que aplicarse contra algún gritón tricolorado, que es lo más probable. O quizá ya nos hemos adormecido tanto que ni siquiera nos escandaliza la jeta del borbónico Bribón, que más que jeta es mascarón de proa. Hasta ha ridiculizado a su hijo dejando la visita a Zarzuela para el final, como un fatigoso compromiso. No me extraña. El viejo rey no solo goza de la impunidad legal, sino también de la mediática y, si me apuras, de la social. La marca España, la esencia de España, era esto: un queridísimo rey corrupto y felón.