Opinion · Sobre el tapete

Los independentistas en el pentágono catalán

El pentágono catalán

El pentágono catalán no es la sede central de las Fuerzas Armadas del nuevo Estado. Es tan solo la figura geométrica en la que se perfilan los cinco conglomerados de fuerzas, talantes, poderes e instituciones dominantes en el actual debate catalán. El primer lado del pentágono le corresponde al independentismo por haber tomado la iniciativa, por sus objetivos declarados y porque en relación a él se han ido definiendo los otros cuatro protagonistas principales que se le oponen, de un modo u otro.

Los independentistas

Decía en un artículo hace varias semanas (Público, 1 de noviembre de 2015) que «si la CUP persiste en negar a Mas, el próximo escenario inevitable es el de nuevas elecciones anticipadas, sumiendo al proceso en una mar de incertidumbres sobre el que planearía la nota del fracaso. ¿Podrá Junts pel Sí repetir la misma fórmula y proponer el mismo candidato, todos desgastados por la derrota a pesar de la mayoría absoluta del independentismo? Parece muy improbable y ello supondría en la práctica que Mas sería sacrificado en cualquier caso si la CUP no le apoya ahora. Y la probabilidad de que la Hoja de Ruta del independentismo descarrilara crecería exponencialmente. Nuevas elecciones las cargará el diablo». Consecuentemente, Mas se ha apartado a un lado cuando ha llegado a la misma conclusión, evitando así una nueva cita con las urnas.

Algunos en la CUP estaban al cabo de la calle y, muy seguros de sí mismos, siguieron presionando hasta el último instante. Jugaron a ser el comando suicida de «La vida de Brian»… pero presumirán de haber vencido en el tour de force, aunque hayan investido a otro convergente. Está por ver si la lectura que prevalece con el paso del tiempo es ésta o si por el contrario Mas queda como un héroe que, como último servicio al país, renuncia a un nuevo mandato y, por añadidura, a su acta de diputado (con su condición asociada de aforado), contradiciendo a quienes todo lo reducían bien a su desmedido afán de poder, bien a un intento desesperado por salvar su pellejo ante la justicia. La CUP logró la cabeza de Mas para satisfacción de la mitad de sus militantes y simpatizantes, pero con ella entregaron la reina del tablero, la pieza más codiciada por los más enconados enemigos de la independencia. No obstante, el chasco ha sido fenomenal entre quienes ya habían vendido la piel del oso.

Por tercera vez en un año y medio, rehacen la unidad apurando los plazos. Primero fue a propósito de la votación del 9-N y se visualizó en el abrazo de David Fernández de la CUP y el president Artur Mas. La segunda se fraguó con la candidatura unitaria de CDC, Esquerra y otras formaciones mediante un mix de políticos y personalidades de la vida civil, y el distanciamiento, interpretado como calculado y táctico, de la CUP. La tercera ocasión en la que se han tirado los trastos a la cabeza unos y otros ha durado tres meses, y también ha concluido superando obstáculos. Mas ha salido de la escena, pero ha logrado la investidura presidencial de un convergente, Carles Puigdemont. Con los nombramientos del nuevo gobierno, la moción de desconexión aprobada y el acuerdo programático comprometido por Junts pel Sí y la CUP, arranca la siguiente fase; post-autonómica y pre-republicana.

Independentismo con acento social

La legislatura queda impulsada por una alianza transversal, amplia, y por ello poco homogénea y de vida difícil, que muestra el entrelazamiento de los componentes identitario y social del independentismo catalán. Identitario lo es porque el secesionismo ha calado mayoritariamente entre la población autóctona, mientras, por el contrario, es elocuentemente minoritario entre los catalanes nacidos en otras comunidades autónomas (algo más del 25% del censo electoral). En esto coinciden todas las encuestas que se han ocupado de este asunto. Y es «social» tal como evidencian los contenidos concretos del acuerdo programático de gobierno que ha sido respaldado desde el centro-derecha de CDC y Demòcrates de Catalunya (con demócrata-cristianos, liberales y socialdemócratas), hasta la CUP, pasando por Esquerra Republicana. Su compromiso con la agenda social del nuevo Govern fue enfatizado por el propio presidente Puigdemont en la primera entrevista institucional televisada que concedió a un medio de comunicación; una significativa enmienda a las políticas de austeridad impuestas primero por el Gobierno de Rodríguez Zapatero a partir de 2010  y después por el de Mariano Rajoy, y que dejaron con escaso margen de maniobra a los de la Generalitat.

Tres razones para practicar el diálogo y la democracia

En el «pentágono catalán 2016-2017» sin duda que hay, entre los que no comulgan con la secesión, actores deseosos de practicar la «dialéctica de los puños y las pistolas» o alguna de sus variantes, pero también es cierto que los hay que invocan la palabra, el diálogo, la negociación y la democracia para resolver las discrepancias. Pero todos deberían tomar nota del mensaje que les dirigió Puigdemont en uno de sus discursos. Expuso las tres grandes razones de la desafección catalana (muy compartidas por la mayoría de la ciudadanía) y que explican el proceso de desconexión iniciado. Señales en toda regla: las políticas de financiación impuestas desde el poder central que alcanzan cotas humillantes, las insuficientes e injustas inversiones del Estado en el territorio y el maltrato a la identidad catalana. ¿Existen en España políticos made en Europa siglo XXI dispuestos a practicar el diálogo y la democracia?

Los otros cuatro lados del pentágono

Quedan los otros cuatro lados del «pentágono» para próximos artículos: los cazadores de osos, los hechiceros, los ingenieros y el rey.