Rosas y espinas

Exiliados 'prêt-à-porter'

Los gallineros tertúlicos de España andan alborotados estos días con la comparación que Pablo Iglesias hizo entre los exiliados del franquismo y los del procés. Los barones del PSOE, republicanos a tiempo parcial, airearon todo su arsenal de estigmas y dignidades históricas, esas mismas que se guardan cuando protegen a Juan Carlos I, heredero de Franco y penúltimo eslabón coronado de una dinastía opresora, liberticida y ladrona. Los franquistas del disimulo se travistieron de trece rosas con faralaes y arrojaron amargas lágrimas por los muertos de las cunetas que no aceptan desenterrar. Martínez Almeida abandonó por un rato su afición a destrozar con martillos pilones versos de Miguel Hernández y placas de Largo Caballero. Todo el mundo se puso en modo antifa radical por un rato para afearle al vicepresidente su respuesta a la pregunta algo maniquea de Gonzo en Salvados. Sabía el periodista gallego de dónde hay que extraerle el share al amado líder de la formación morada.

Los españoles somos muy extremos. Un día nos la machacamos salvajemente con la tapa de un piano y al siguiente nos la cogemos con papel de fumar. Por la mañana cantamos Montañas nevadas y por la tarde declamamos sabios versos de Antonio Machado sin despeinarnos la ideología. En Al Rojo Vivo, Antonio García Ferreras, con los mofletes hinchados de haberse pasado la madrugada soplando trompetas del apocalipsis, se olvidaba de Trump y Biden, de Filomena y de los sables ruidosos de ex militares franquistas amenazando a los españoles, para rebobinar una y otra vez el corte de Iglesias:

--¿Los puede comparar?

--Pues lo digo claramente, creo que sí.

Vamos a ver si nos entendemos vía Gertrude Stein: una rosa es una rosa es una rosa, un exiliado es un exiliado es un exiliado, y un preso político es un preso político es un preso político. Cada exiliado, cada preso político y cada rosa son de distinta circunstancia y condición, pero claro que son comparables. Carles Puigdemont es tan exiliado como lo fue Semprún, porque huye de una sentencia antidemocrática y de un Estado veleidoso que hoy lo mantendría inhumanamente preso por haber cumplido malamente lo que llevaba en su programa electoral: hacer una consulta sobre la independencia catalana. Para admitir esto no hace falta ser indepe, incluso se puede pensar así siendo ontológicamente anti-indepe y muy español. Lo único que hace falta es tener un poco de sentido y sensibilidad, sin añadir necesariamente la virtud de ser novelista previctoriana.

El magistrado José Antonio Martín Pallín, una de las escasas voces magistrales que ha dado nuestra magistratura, piensa más o menos lo mismo que Pablo Iglesias. Y que diversos tribunales europeos. Y que yo. Y que tantos: no se entiende que "el Tribunal Supremo de un Estado democrático pueda criminalizar iniciativas políticas, arrogándose competencias que nunca debieron utilizarse para hacer frente al conflicto catalán". Lo explica cristalino en su libro El gobierno de las togas.

Es evidente que en muchos aspectos no se puede comparar a Puigdemont con los exiliados republicanos, ni a Oriol Junqueras y los Jordis con Marcos Ana. Nuestros exiliados y presos políticos 3.0 de ahora no se enfrentan a las procelas sanguinarias y aniquiladoras de los de entonces. Pero solo hay que observar lo que han conseguido infligirle a Julian Assange nuestras más avanzadas democracias para comprender que la comparación no va tan desatinada: la muerte civil, la muerte intelectual, la muerte reputacional. Los exiliados de ahora tienen tanto miedo como los de entonces, pero a métodos de tortura distintos, más sofisticados, quizá incluso peores. Yo prefiero un tiro en la nuca a pasarme diez años encerrado en Lledoners, por poneros solo un liviano y muy personal ejemplo cobarde. No existe el exiliado prêt-á-porter ni el preso político de corte sastre. Son todos exiliados y presos políticos, sin distinciones, comparables.

Lo que no entra en la lógica de los vociferadores es que resulta mucho más grave que unas democracias que se dicen consolidadas sigan cometiendo las mismas tropelías judicial/persecutorias que aquellas dictaduras. Eso es lo que nos debemos hacer mirar, amigo y paisano Gonzo. Queridos tertulianos. Amados todos.