Rosas y espinas

Ciudadanos, con faldas y a lo gonzo

A pesar de que en su primer cartel promocional Albert Rivera salía desnudo, lo de Ciudadanos siempre ha sido puro travestismo. En su corta vida, ya se ha autodefinido como apolítico, socialista, centroderechista y liberal. Esta semana, acaban de dar en Madrid otra lección de coherencia. Si el jueves pasado apoyaban con PP y Vox el borrado de un mural feminista en el barrio de la Conce, cinco días después votaron junto a PSOE y Más Madrid que el grafiti se mantuviera. Mañana, quizá buscando la cómoda posición equidistante, no me extrañaría que Ciudadanos propusiera mantener el mural pero pintándoles bigotes a Rosa Parks, a la comandanta Ramona, a Rosa Arauzo, a Rigoberta Menchú, a Frida Khalo, a Nina Simone y a las demás mujeres que posan en el conflictivo retrato.

Pero tampoco os pongáis cachondos, queridos lectores, otorgándole a C´s la exclusividad del veletismo, pues hace apenas dos años, en 2018, el mismísimo PP madrileño apoyó la confección de esta pintada callejera contra la violencia machista. Ahora el alcalde y portavoz del PP, José Luis Martínez Almeida, con su habitual estatura intelectual y su cultural musculatura, propone que se borre y que se pinten atletas paralímpicos, que dice que son menos de izquierdas. Pero me temo que le volvería a salir el tiro por el antifonario, pues su PP es el que lleva años boicoteando de facto la ley de dependencia, y ese tema, me parece, a los atletas paralímpicos no les es indiferente: todos y todas las atletas pintadas le iban a salir, también, medio rojos. No es posible que nuestra derecha encuentre a quién pintar para vindicar su feminismo, pues el feminismo de derechas es francamente oximorónico, que diría un neolofágico.

A la vicealcaldesa madrileña, la lideresa capitalina de Ciudadanos Begoña Villacís, tampoco se le ocurren grandes figuras femeninas con las que vindicar su feminismo. De hecho, propone ni más ni menos que borrar a Rigoberta Menchú para repintar a Margaret Thatcher, famosa por "odiar los sonidos estridentes que emiten las feministas", y que obligaba a su hija a servir en Downing Street la comida a los ministros y retirar los platos. Lo contaba estupendo hace unos meses El Español de Pedro J. en un reportaje sobre la Dama de Hierro al hilo de sus caracterizaciones en la serie The Crown.

Sí acierta como sin querer Villacís al citar a Teresa de Ávila, poeta y quizá primera feminista de la historia del catolicismo. Digna de estar en el mural de la Conce, su presencia también habría ofendido a PP y a Vox, pues fue perseguida por la Inquisición, y sus libros secuestrados, entre otras livianas razones por intentar que los religiosos varones no pudieran entrar en los conventos para evitar los abusos. La verdadera biografía de Teresa de Jesús es poco conocida y divulgada por el clero, pues ofende mucho a los defensores de la jerarquía sotanera.

Acababa la atribulada Villacís con un discurso muy de Ciudadanos, queriendo contentar a todo el mundo. "No me gusta el mural, pero quiero un mural que recoja su feminismo, el mío, el feminismo de Vox y el del PP". Entramos aquí en disquisición ontológica: ¿nos podría explicar la vicealcaldesa en qué consiste el feminismo de Vox que quiere vindicar?

No cree uno que el feminismo sea de izquierdas o derechas, como el ecologismo o la justicia social. Lo que le pasa a la derecha, con esto como en tantas otras cosas, es que solo acepta el progreso dos o tres siglos después de que sea inevitable asimilarlo, porque ya lo ha asimilado, incluso, su sociedad. Si por ellos fuera, seguiríamos escribiendo en papiro bajo el ojo de la santa inquisición y nuestros barcos se desplomarían en el abismo al llegar al límite de esta tierra plana. Ha faltado que nos propongan para el mural feminista la figura de Ana Botella pasándole la aspiradora a los bigotes de Aznar. Ellas, no las tías, las derechas, son ansí.