Rosas y espinas

Unidas P Punto en Asturies

Alberto Garzón, Sofía Castañón y Daniel Ripa en una imagen de archivo.- PODEMOS ASTURIES

Por fin una semanita en la que no ha salido ningún escándalo poscoital del rey emérito, ni tampoco Pablo Casado ha exabruptado ningún coño en el Congreso, tampoco ha erupcionado en cualquier isla un mal volcán, ni Felipe González se ha declarado negacionista covidiano besando en público, en los labios, a José María Aznar. Así que no tengo tema y me veo obligado a escribir sobre las tribulaciones y desamores de Unidas P Punto, ese partido del que usted me habla, querido troll, amada hater, y que tanto nos aburre últimamente.

Ocurre que en Asturies, rincón minero y marino de húmedas revoluciones, el frente antifascista de U Punto Podemos ha dejado un rato su lucha contra el neonazismo rampante y se dedica a divulgar sus entrebragas.

Os pongo en antecedentes. Hay primarias de UP en Asturies. Al actual líder, Daniel Ripa, se le opone Sofía Castañón, la candidata llamada oficialista (fijaos lo mal que sonarían las palabras líderoficialista, que he subrayado por despiste, en aquel lejano 15-M).

Ripa acusa a Castañón de centralista, de jacobina, de querer aplastar desde Madrid su política de Braveheart regionalista, federalista y centrífugo, de castrar su Podemos asturiano de calle y pueblo, y no de San Jerónimo y de Meritxell Batet.

Por su parte, Castañón acusa a Ripa de haber repartido fondos de donantes podemitas para comprar votos, dando subvenciones aquí y acullá a cambio de afinidades, cual si su candidatura naciera más dopada que las de Espe en Madrid.

El martes, que según el refranero suele ser mal día para los amoríos, la dirección nacional de UP intervino las cuentas de sus camaradas asturianos. Atacaron a la pela, cual Felipe VI a Juan Carlos. Da pena ver pelearse a los obreros como si fueran borbones.

No seáis nonatos y vayáis a pensar que os voy a desvelar aquí quién tiene o no razón en este conflicto, pues yo creo que no lo saben ni los conflictuantes.

Y, además, no me importa.

Que en vísperas de unas primarias no se escuche otra cosa que este ruido, quita las ganas de tocar ningún instrumento. Y Podemos nació como orquesta. Al contrario que aquel PCE, necesitado de la rigidez orgánica de la tradición. De solistas. Eran otros tiempos.

Supongo que nos tendremos que ir acostumbrando a estos espectáculos. Algunos son creados. Otros no. Lo que sí está claro es que este escandalazo corleoniano de dineros y poderes nos ha birlado el debate sobre si la alternativa progresista debe ser más centrípeta o más centrífuga. Más o menos centralista, que es de lo que siempre se ha dolido esta península, en la que incluyo a Portugal aunque aún Abascal no lo anexione.

Y no está bien que Unidas Podemos nos birle tal debate, que era central en Asturies y lo es en tantas otras geografías. Más en estos tiempos convulsos, que parece que uno ni siquiera sabe si quiere o no salir de casa. El fascismo se alimenta de los que nunca saben cuándo, por dónde o cómo salir o no de casa.

Lo que demuestra este conflicto es que Podemos, nacido del 15-M, dejó de entender la calle desde que dejó de ser calle. Pero eso era previsible. Nos pasa a todos los que nos hemos sentado en un despacho. Lo que resultará eternamente imprevisible es que la calle permita que se oxide de esta manera la preciosa bicicleta que un invierno abandonaron unos cuantos imagineros marxistas en el jardín.

Acabo así porque es Navidad y es oportuno hablar de bicicletas regaladas y abandonadas, no por reconocer el trabajo de nadie, no vaya a ser que me ennovien con ese partido del que usted ya no me habla.