Ruido de fondo

Elogio de la monarquía

Es cierto que hacer depender la estabilidad política de si el espermatozoide fecunda al óvulo no parece muy moderno. Y tampoco muy democrático. Ni justo con el portador del espermatozoide o del óvulo, que podrían ser homosexuales y preferir un matrimonio civil con una persona de su mismo sexo; una circunstancia de lo más normal que provocaría sin embargo un escándalo innecesario y una crisis de Estado.

Y sin embargo, aquí y ahora, la monarquía es preferible a la república. Y no me refiero a esa frase tópica de algunos republicanos españoles, que han encontrado la coartada perfecta a su conversión en el papel oficial de Juan Carlos I durante la Transición y durante el fallido golpe de Estado del 23 de febrero: somos republicanos —dicen—, pero juancarlistas.

No. Me refiero al cumpleaños de Felipe de Borbón, que acaba de hacer 43, y al runrún sobre si el rey debe abdicar. No, que no abdique. A su edad, Don Felipe debe seguir siendo heredero. Si el papel de la monarquía es representar a España, qué mejor representación, sobre todo ahora, con esta reforma de las pensiones, que un cuarentón altamente preparado, pero condenado a ser una joven promesa, detenido en su carrera profesional y taponado por la generación anterior, que no puede o no quiere ceder su puesto al que viene detrás.

Y una coda final: imaginemos que al príncipe le afectara esta reforma de las pensiones como a tantos españoles de su edad que están parados. Si consiguiera su puesto de rey mañana, tendría que jubilarse a los 81 para cobrar la pensión completa. Y como eso es imposible, tendría que abdicar en su hija no a los 65, sino a los 67, y además cobrando menos. Viva España. Viva el rey. Vivan los sindicatos.