Ruido de fondo

Los grados de la borrachera

Con las crisis de los partidos habría que hacer un póster como el que existe para medir las borracheras: exaltación de la amistad, cantos regionales, fin de las inhibiciones sexuales, maldiciones contra la Iglesia, resistencia a desalojar el inmueble, amnesia y recuento de daños.Lo digo porque viendo la degradación del PP, que comenzó con la pérdida de las elecciones de 2004, no dejo de pensar en el desmoronamiento que años atrás padeció el PSOE, y que sólo se detuvo cuando una nueva generación tomó el poder. Entre los primeros casos de corrupción, reinando todavía Felipe González, y el ascenso de Zapatero, el PSOE también vivió su travesía del desierto. No hace falta ser un analista político para advertirlo. Por eso, cuesta mucho aceptar que los profesionales de la cosa, esos tipos que llegado el caso nos gobernarán, sean tan alcornoques como para no darse cuenta de que siempre sucede lo mismo: pérdida de elecciones, marcha del líder, falso congreso, facciones, negación de las mismas, corrupción, unidad, paranoia, pérdida de elecciones, dimisión del líder y nuevo congreso donde sí se produce el verdadero cambio generacional, que es a fin de cuentas de lo que se trata.Si esta gente de verdad amara sus colores, y si de verdad pensara que el bien del partido está por encima de su interés individual, no se aferrarían tan inútil como patéticamente al consabido clavo ardiendo: no se puede romper con el pasado. ¡Claro que se puede! Sobre todo si el pasado es tan maligno como el que dejó Aznar. Con él tendrían que haberse marchado todos, desde Rajoy hasta Esperanza Aguirre. Zapatero tendría ahora una amenazante alternativa y a nosotros nos habrían ahorrado el obsceno espectáculo de su putrefacción.