Palabra de artivista

No es a Garzón, es a nosotros

El condenado de esta sentencia no ha sido Garzón, hemos sido nosotros, los españoles como sociedad y como pueblo que ha sobrevivido a una dictadura atroz para acabar en un sainete que en realidad es un eterno intermedio. Con esta sentencia/caza de brujas hemos sido condenados a seguir pretendiendo que el franquismo nunca existió, que las redes de corrupción del poder que generaron, que el secuestro del poder en sus ámbitos más importantes, es el pasado. Garzón volará a algún rincón protegido de las garras del nacional-catolicismo (que lo habrá) y seguirá siendo una estrella internacional de la defensa de los derechos humanos (y muy merecidamente, además), pero nosotros entraremos en la cárcel que el PP está construyendo en torno a nosotros ladrillazo a ladrillazo.

Hemos sido nosotros los inhabilitados 11 años por una sentencia del Tribunal Supremo. Y nosotros deberemos fingir otros 11 años que vivimos en una democracia justa, moderna y libre. Como mucho podremos canturrear algún "lo llaman democracia y no lo es" mientras ellos retozan en su mierda franquista, podridos de servilismo, corrupción y represiones. Nosotros, todos, somos los que seguiremos teniendo que mirar hacia otro lado cuando se vea pasar a los asesinos franquistas en sus coches con chofer y caniche. Nosotros, como sociedad, tendremos que seguir fingiendo que no nos enteramos de que en las cúpulas del poder siguen estando entronizados los ejecutores franquistas o sus hijos, con las rodillas desgastadas de arrodillarse ante la inmundicia y los dedos consumidos de apretar gatillos contra los de abajo. Nosotros como sociedad hemos sido condenados a callar ante lo evidente, a aguantar la rabia un poco más, a seguir el juego a una pirámide de corruptos yo-te-lamo-el-culo-y-tú-se-lo-lames-al-de-arriba, de "la baraja está marcada pero pretended que no lo sabéis", en lugar de salir con antorchas que iluminen los cielos de la libertad y que limpien todo el moho que lleva siglos creciendo en las hediondas grietas de su sistema.

Por no mencionar el bochorno que España va a tener que pasar internacionalmente. La vergüenza de reconocernos un país pueblerino, cateto y antiguo que sigue regido por las reglas del cacique paseando con gesto indolente y mantilla entre sus súbditos.

Garzón, por otro lado seguirá siendo admirado en todo el mundo por su valentía y por encausar a Pinochet, etarras, GAL, fascistas argentinos... Por supuesto, sufrirá mucho, pero volará como ya lo hizo antes y será Juan Salvador Gaviota de nuevo. Pero nosotros seguiremos varados en esa playa llena de miedos, de ruindades, de miserias y venganzas. Y veremos a Juan Salvador Gaviota volar por encima de nuestras cabezas y pensaremos en silencio: "gracias por soñar y acercarnos más a la libertad". Y esperaremos a que un nuevo juez se atreva a agitar esos templos de la cobardía y la ruindad.

Por supuesto se querrá hacer creer que en realidad Garzón lo ha hecho mal y que esa, y no otra, es la causa de su caída. Los borregos y acólitos del cristofascismo de derechas que ahora creen que es su tiempo querrán venderle al pueblo que ha sido una casualidad que justo en el momento en que iba a iniciar investigaciones sobre los crímenes franquistas se haya descubierto que ese juez hacía las cosas mal.

Y, por supuesto, los otros jueces, todos, han sido y siguen siendo exquisitos en su aplicación de la ley. El único juez que no ha seguido la legalidad más rigurosa (y no olvidemos el famoso dicho "el que hizo  la ley hizo la trampa" y que todas las leyes están abiertas a interpretación) ha sido Garzón.

Yo ya he escuchado a algún amigo autoconvencerse, muy convenientemente, de que "algo habrá hecho mal si le han podido condenar". Por no mencionar los foros fachas de La Razón o ABC repletos de comentarios ignorangutanes del tipo "no es contra él, es que la ley se aplica a todos" (juajuajuajuajuajauajaujauajaua, ay que me caigo, Familia Real, Familia Franco, Camps, Zaplana, Gürtel, al suelo de la risa). Por no mencionar el curioso caso de las escuchas ilegales en la Comunidad de Madrid que se midieron con otra vara mucho más amplia...

Solo espero que no sigamos olvidando que somos muchos más y que podemos. O, como lo pone una amiga tuitera: "Que los fachas que ahora se ríen piensen que muchas veces la izquierda necesita revulsivos para unirse y pelear por lo que cree justo".

Gracias, Garzón. Esto no ha acabado. Como Gaspar Llamazares, yo ni respeto ni acato.