Opinion · Palabra de artivista

El silencio de los armarios

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No entiendo de dónde se saca todo el mundo que Jodie Foster salió del armario en los Globos de Oro. Jodie ni siquiera usó la palabra “lesbiana” o “gay”, se limitó a anunciar, avisando de que a su publicista le iba a dar un ataque, que está soltera. De este modo ridiculizó e hizo una parodia de la salida del armario. Su broma sugería que a la sociedad le incumbe tan poco el hecho de que seas soltera como el de que seas lesbiana. Obviando que en una sociedad en la que se ingresa a niños en centros para curar su homosexualidad, en la que cada día se nos tacha de enfermos, de marginales, no es banal declarar con orgullo que eres lesbiana y feliz. Es un referente, un modelo y un desafío que transforma la sociedad.

Pero Jodie en todo momento tuvo una actitud de fastidio, de rencor hacia los activistas que le habían hostigado hasta aparentemente obligarla a reconocer lo que hace años es un secreto a voces. Con una mal disimulada amargura soltó un despectivo: “Pero ahora aparentemente me dicen que se espera de todo famoso que comparta los detalles de su vida privada en una conferencia de prensa, con un perfume, y un reality en máxima audiencia. Puede que os sorprenda, chicos, pero yo no soy la niña de Honey Boo Boo. No, lo siento, esa no soy yo, nunca lo fui y nunca lo seré…”, utilizando a la niña protagonista del reciente reality sobre niñas prodigios explotadas por su madre Honey Boo Boo Child, para acusar a los que habían salido del armario de ser una especie de exhibicionistas desesperados por atraer la atención y mercadear con su vida privada. Un juego bastante sucio por parte de Jodie. En el Wall Street Journal le replicaron enfadados:

Parece bastante poco elegante, y un mucho de exageración, que Foster equipare el deseo del publico de saber sobre su orientación con la cultura de los lanzamientos de perfumes, los realities de máxima audiencia y el acoso de celebridades. ¿Estaba Martina Navratilova actuando como la niña de Honey Boo Boo cuando salió del armario? ¿Y qué me dices de Barney Frank, o Elton John, o Ellen? Foster parece sugerir que es el punto absurdo de no valorar la privacidad al que ha llevado la prensa al mundo lo que le ha obligado a encerrarse en si misma tan severamente. Pero Jodie Foster tiene cincuenta años y la niña de Honey Boo Boo no lleva en la tele ni un año.

En todo su discurso se dedicó basicamente a ridiculizar a los famoso que habían salido del armario. A mofarse del mismo acto de salir del armario como si fuese algo estúpido e innecesario, pero que, extrañamente, ella iba finalmente a hacer… o no. Porque no quedó claro si la sexualidad debe compartirse o esconderse o que ella nunca la había ocultado pero había que ocultarla…. un lío.

Y es que en realidad Jodie Foster lo que recomendó es que todos volviésemos a nuestros armarios para que ella pueda seguir negando su lesbianismo con la disculpa de la “privacidad”. Jodie Foster tampoco recogió, como afirman todos los medios, el premio Cecil B. DeMille a toda una carrera, recogió un Globo de Oro por su interpretación de toda una vida en el clásico El silencio de los armarios.

Y, lógicamente, el discurso que dio Jodie Foster al recoger ese Globo de Oro fue un canto al armario, la endohomofobia (homofobia internalizada) y la hipocresía.

No es casual el hecho de que estuviese acompañada del borracho antisemita Mel Gibson, un homófobo beligerante como reveló en una entrevista al periódico El País de 1991, cuando al ser preguntado por su opinión acerca de la homosexualidad Gibson, un católico tradicionalista, respondió directamente “Que les den por el culo”Riéndose, se levantó, y señalándose el trasero le espetó al periodista “esto es solo para hacer caca”El entrevistador recuerda que Gibson había expresado su temor de que la gente pudiera pensar que era gay por ser actor. “¿Quién va a pensar que con esta pinta soy ‘gay’? Yo no me presto a ese tipo de confusiones. ¿Sueno como un homosexual? ¿Hablo como ellos? ¿Me muevo como ellos?”, le respondió. Unas declaraciones de las que, por cierto, se negó posteriormente a retractarse. Nadie se explica por qué le dio tanto protagonismo, salvo para distanciarse lo más posible del lesbianismo y las mujeres. Porque a Gibson le dedicó tanto cumplidos que el delirado cristofascista no parecía comprender muy bien lo que estaba diciendo su amiga.

Lo único que  a una le quedaba claro es que, si Jodie Foster hubiese puesto en defender la homosexualidad  la décima parte del entusiasmo que dedica a restaurar la imagen y carrera de su extraño amigo alcohólico, homófobo, cristofascista y racista, de insistir en lo amigos que son, muchos de esos adolescentes no se habrían suicidado y probablemente los psiquiatras habrían perdido a muchas clientas, niñas felices con su bollerío que mirarían a Jodie con orgullo.

Pero lo más insultante fue que se atreviese a mentir diciendo que ella había salido del armario en la “edad de piedra”. Insinuando una naturalidad que jamás tuvo. No, Jodie, que la prensa lea entre lineas para intentar acertar que has hecho un guiño a tu pareja, como en aquella ocasión en 2007 en la que simplemente diste las gracias a tu productora (casualmente tu pareja), “my beautiful Cydney”, y la prensa tuvo que insinuar muy veladamente que sois pareja, no es salir del armario. Eso es reinstaurar los armarios, el silencio de los armarios.

¿Dónde están esas fotos besando a tu chica en público con la supuesta “naturalidad” que pretendes predicar? ¿Dónde están esas conferencias en asociaciones para luchar contra la homofobia repletas de adolescentes que buscaban un referente que les hiciese sentir menos raros? ¿Dónde están esas donaciones a asociaciones como el Aly Forney para homosexuales sin hogar en las que dijeses un simple “porque yo soy una de vosotros”? ¿Dónde está, siquiera, la palabra lesbiana?¿Por qué no estaba sentada a su lado su novia? ¿Por qué fue con el macho cristofascista Mel Gibson de pareja sentado al lado? ¿Por qué no le plantó un beso en la boca a su novia y no dijo nada más?

En ningún sitio, porque lo que has hecho ha sido aprovecharte de los privilegios que personas valientes te han conseguido con su sacrificio, sus perjuicios, sus despidos por decir que son homosexuales y no piensan esconderlo. Tú nunca saliste del armario, tú hiciste lo que hacen y hacen hacer los de derechas a los homosexuales: si eres privilegiado, rico y poderoso lo puedes vivir a escondidas, te lo pasamos. Eso no es declarar públicamente nada, eso es aprovecharse de la lucha de otros para que se tolere, incluso recompense, tu homosexualidad vivida a escondidas.

Eso es lo mismo que aquí han hecho personajes como Jesús Mariñas, Enrique del Pozo, Ángel Llácer respondiendo a la pregunta de si es gay un cobarde “Nunca respondo a eso. Y no porque no quiera contarlo, sino porque tienes que poner un límite. Nunca voy a salir ni entrar de ese armario”, o Jorge Javier Vazquez en su momento: jugar con que todo el mundo sabía que eran homosexuales pero negarlo vehemente, incluso atacar, si alguien lo decía abiertamente. Es la presunción de homosexualidad avergonzada. Una risita y una aceptación dolosa de que no es algo de lo que se deba estar orgulloso. Y cuando otros han abierto los caminos con su sacrificio hasta que la homosexualidad es algo que está aceptado hasta legalmente y la sociedad lo acepta, subirse al carro de los “valientes” a los que agradecer nada.

Esta estrategia, tan de la derecha, de sobreentender la homosexualidad, de plegarse al vergonzante silencio de los armarios o sea: convertir en un secreto a voces la homosexualidad en lugar de un orgullo a voces, ya lo ha hecho antes Jodie. En un interesante artículo en The Independent, titulado El dicurso de ‘NO-salida del armario’ de Jodie Foster puede acarrear un cambio positivo para Hollywood, la periodista Sophie Heawood cuenta cómo razona Foster esa extraña anti-salida del armario recordando una conversación que tuvo con ella:

“¿Estas dispuesta a hablar sobre por qué decidiste salir del armario en un cierto momento?” le dije, refiriéndome al discurso que había hecho unos años antes, en el que también había dado las gracias a su entonces novia Cydney Bernard. Sonrió, bajó la voz. “Yo no salí del armario para nadie”, dijo.

Y entonces frunció los labios. “Públicamente, quiero decir”, añadió. Insistí con la pregunta, y me dijo, “Tú pensaste que yo había salido del armario, así que tú puedes hablar de ello. Pero yo no puedo hablar de ello”.

Está jugando con el trabajo de activistas que luego acusa de hostigamiento. Está siendo cobarde y cínica. Y encima pretende ser recompensada doblemente: por el sistema que reprime la visibilidad de homosexuales y por los homosexuales que buscan desesperadamente un referente, un modelo. Es muy cómodo ascender y triunfar negando la homosexualidad y a los homosexuales y luego pretender que eso era una defensa de la libertad sexual sin etiquetas (y esos discursos cansinos).

Lo explicaba muy bien la editora, escritora y activista lesbiana Deb Baer en su columna Por qué estoy tan enfadada con el discurso de salida de armario de Jodie Foster:

¿Por qué estoy tan enfadada? Porque tengo aproximadamente la misma edad que Jodie, y sin embargo yo tuve el coraje de salir del armario hace exactamente 20 años. Eso fue antes de Glee y Modern Family y Will & Grace… incluso antes de la declaración histórica y culturalmente transformadora de Ellen DeGeneres. Yo, y muchos otros, nos tiramos a la piscina y apechugamos con las consecuencias. Por supuesto, yo no estaba preocupada por perder 20 millones de dólares por película, pero es todo relativo: yo temía que mi familia y amigos me abandonasen, que perdiese oportunidades laborales y ascensos, que fuese víctima de violencia, y todos los demás clichés de los raritos del cole.

Y, por cierto, algunas de esas cosas ocurrieron. Y, por cierto, aún sigo apechugando con las consecuencias, cuando re-salí del armario con mi familia y amigos como transexual el año pasado. Podría haberme sentado y haberme limitado a ser una gay socialmente aceptada, pero yo no soy así, así que he vuelto a ser considerada un bicho raro para la mayoría de la población otra vez. Pero apechugo con ello. Cada día.

Es interesante que Jodie anuncie que es gay (y soltera… no espero ninguna invitación a una cita) y simultáneamente parezca anunciar que abandona el mundo del espectáculo. ¿No hace a su salida del armario irrelevante? Simplemente vuelve a esconderse en otro armario llamado “retiro”. ¡Pensad en todos los fantásticos proyectos que podría hacer ahora que está libre y sin compromisos! Y no quiere decir que tenga que protagonizar La mejor marca 2 (Disculpadme: estoy usando referencias que Jodie y mi generación de bolleras pillarían). Sólo quiere decir que se puede poner el mundo por montera, por fin, y es cuando un artista hace sus mejores trabajos.

Obviamente, hay más detrás de esta historia de lo que nunca sabré, como por qué demonios es tan amiga de un indiscutible homófobo como Mel Gibson, o la razón real por la que le llevó tanto tiempo tomar esta decisión, porque ciertamente no fue sólo por la “privacidad”. Cualquier psicólogo estaría de acuerdo con esto, ¿verdad? También, ¿cuál es la verdadera razón por la que se retira? ¿Es un golpe preventivo, por si acaso la excluyen o exilian de Hollywood?

Es terrible el mensaje que envía retirándose el mismo día que (no) anuncia que es lesbiana. Volvemos al auto-castigo y la negación de la faceta pública de la homosexualidad. Ese empeño en equiparar homosexualidad con oculto, con privado, con invisible. ¿Justo ahora que podía hacer tantas cosas por cambiar la percepción pública de la homosexualidad se va? Parece que no puede soportar vivir la homosexualidad sin que se cuchichee a sus espaldas, sin que sea sobreentendida pero nunca mencionada. El infame amor que no se atreve a decir su nombre de Wilde.

Lo más triste es que dedicó gran parte de su discurso a quejarse de que se sentía forzada a hacer lo que al final nunca hizo.

Es indignante que Jodie se aproveche de los esfuerzos y sacrificios de esos mismos activistas a los que desprecia para no tener ni que salir del armario en un país en el que esos activistas, pioneros y pioneras, a costa de sus vidas, como Harvey Milk o Pedro Zamora , han conseguido que el presidente reconozca a la comunidad gay.

Lo peor es que Jodie ha servido, sigue sirviendo, para atacar a los activistas y asociaciones gays que, como muchos medios patriarcales lo ponen, “insisten en hostigarla con que hable de su vida sexual”. Es una estrategia que convierte en villanos a los activistas y en víctima a la colaboracionista que calla y oculta su homosexualidad.

Ya en twitter me ha puesto alguna un airado: “yo no tengo por qué declarar mi lesbianismo”. No hija, que va, tú ponte cómoda y disfruta de los beneficios de las luchas de otros como yo, gentes que disfrutamos con las consecuencias de nuestro activismo. Porque a mí, al contrario que a ti, me encanta que me dejen sin trabajo en televisión por denunciar en Telemadrid la manipulación. O que nadie me llame por decirle a Rajoy en la cara que él y su partido son homófobos. Yo lo hago por hobby.

Me hierve la sangre cuando un o una necia dice eso de “¿por qué tenemos que presentarnos los homosexuales como tales si los heterosexuales no lo hacen?”. Porque la heterosexualidad es una dictadura que se presupone a todo el mundo hasta que una voz afirma, no, yo no soy heterosexual, soy homosexual, existo. Si todos callamos, la homosexualidad no existe y ese niño o esa niña se seguirá sintiendo raro o rara frente a su espejo que le devuelve la única imagen del que se cree el/la único/a homosexual del mundo. Y muchos optarán por ahorcar esa soledad o acabar con esa vida de estigma, de diferencia, de soledad que no soportan. Quizás si hubiesen escuchado a alguien con proyección, como Jodie Foster, decir alto y claro “soy lesbiana y estoy orgullosa de ello”, muchas vidas se habrían salvado. Pero ni eso ha hecho. Se ha enfrascado en un cobarde y retorcido soliloquio que esquivaba la palabra “lesbiana” como una peste y que da a entender que vive torturada por tener que aceptar quién es.

Y sobre el tema de utilizar la palabra orgullo para definir nuestra homosexualidad, un argumento atacado por los reptiles homófobos que quieren ir de tolerantes, me remito a la maravillosa afirmación del Juez Grande Marlaska en la SER ante el necio de Michael Robinson que le decía que el no estaba orgulloso de ser heterosexual: “Pues es muy fácil, si a ti te hubieran estado castrando ese sentimiento toda tu vida hasta los veintitantos treinta años, y no lo pudieses decir. Y si te gustase una chica, en tu caso, no la pudieses coger de la mano, ni besarla en un sitio público, ni decírselo a un amigo tuyo, y de repente a los treinta años dices ‘¡ya está bien, ya no me van a pisar más!, yo también tengo derecho a decir y a manifestarme como soy’, ese es el orgullo, estoy orgulloso”. Pero, vamos que no hace falta tanta explicación si hay un poco de buena disposición (de la que el tal Michael y otros homófobos carecen), no es arbitraria la elección de la palabra “orgullo” en lugar de un simple “libertad” o “aceptación”, “orgullo” manda el mensaje de reconocimiento a todas y todos los homosexuales que, a pesar del miedo, terror, de dejar de ser queridos, a pesar de las inmediatas consecuencias sociales y laborales, a pesar del desprecio que viven cada día, a pesar de las ridiculizaciones o chistes que van a tener que sufrir, se atreven a decir: este soy yo. Hay que estar muy orgulloso de esa valentía, esa generosidad, esa dignidad. Al contrario de ese “orgullo” ridículo de ser de una patria o un equipo de futbol o una bandera que todos estos aceptan sin rechistar. Ir con la corriente como un borrego no tiene nada de lo que estar orgulloso. Si acaso podrían celebrar el Día de la Comodidad Heterosexual, nunca el del Orgullo.

Volviendo a nuestra “no-salida del armario”, aunque beneficiará a jóvenes que ya tienen un referente más, ahora ya no vale mucho, Jodie. Si esto mismo lo hubieses hecho hace 20 años, la de cosas que habrían cambiado. La de famosos (y ciudadanos) que se habían animado. La de armarios que habría perdido su silencio, su aislamiento, su soledad, y se habrían llenado de palabras orgullosas, valientes, desafiantes, asertivas… hasta abrirse de par en par y descubrir (y hacer descubrir) que El silencio de los armarios es falso,  inútil, innecesario, puro miedo.

Y, sobre todo, contrapongamos a eso la generosa salida del armario de la directora de Matrix Lana Wachowski, con subtitulos en español que podéis activar en la barra de debajo.

Su explicación de que a pesar de ser enfermizamente tímida y detestar compartir su vida privada, “hay cosas que se hacen por uno mismo y cosas que se hacen por los demás”. Ha sabido entender lo importante que será para muchos y muchas transexuales tener su figura como referente.

Gracias, Lana. De nada, Jodie.