Opinion · Palabra de artivista

El grito de Alfon: la lucha continúa

murohumanoalfon4Segundos antes de entrar en el coche que se lo llevaba a prisión, Alfon, nuestro hermano Alfon, soltó un desgarrador grito que nos heló la sangre a todas, a todos. Ese grito nos dijo más que mil sesudos ensayos sobre la lucha escritos desde cómplices cátedras, editoriales y concejalías; o un millón de demagogias políticas calculadamente elaboradas en orquestados debates que pretenden hacer creíble el espejismo de la diversidad en el capitalismo. Porque hablaba nuestro idioma, se dirigía a nosotros y nosotras, los que luchamos en las calles y no desde una cómoda y medida poltrona, los y las que no tenemos cabida en sus platós de televisión, en las manchetas de sus periódicos, creados para controlar la disidencia y vender el espejismo, que no encajamos en sus escaletas e intermedios, que pausan cualquier denuncia ante unos “minutos de publicidad” o “unos retoques de maquillaje porque este brillo da fatal en cámara”.

murohumanoalfon5Y ese grito espontáneo, no medido, sin pose ni postureo, que salía de las entrañas de la lucha, de lo más profundo de la generosidad humana, de lo más primario de la batalla contra la injusticia, nos comunicó más que mil cartas secretas escondidas en prisión, más que un billón de denuncias por torturas en el sistema penitenciario español que nunca se leerán, más que un trillón de condenas injustas, más que una infinidad de presos políticos que son negados por un estado organizado para esconder el negocio de saqueo y muerte de unas oligarquías sin ideología ni humanidad.

Ese grito dijo tantas cosa que ni una encíclica de esa empresa multinacional que gestiona el negocio del odio, Vaticano S.A., o una constitución de ese sistema de saqueo organizado que llaman Estado, podría ordenar de modo más eficiente el decálogo de la lucha. Ese grito dijo que no nos callarán, que nunca debemos dejar de gritar aunque nos echen encima, como le han echado encima a él, mil montajes policiales, mentiras, campañas de criminalización, ejércitos de lacayos criminales que hagan el día a día imposible.

Ese grito nos recordó que nunca hay que doblegarse, que la lucha es el único camino, que no debemos caer en las trampas de sus códigos hipócritas, sometidos, educados, cortesanos. “Nosotros tenemos nuestra forma de lucha y jugar el juego con sus reglas es perderlo”, me dijo anoche una admirada videoactivista. Y es la gran verdad. La verdad que el grito de Alfon nos comunicó: no dejéis de gritar, sus concesiones y pactos son mentiras que esconden un sistema capitalista criminal y mentiroso, nos dijo.

Y aunque en la admirable entrevista que me concedió unos días antes de ser detenido muestra su madurez política, su pensamiento lúcido y clarificador, su dignidad como activista, ese grito nos devolvió lo primario de la lucha de los oprimidos. Estoy orgulloso de rebelarme, de ser quien soy, sois vosotros los que deberíais morir de vergüenza, de inhumanidad, de cinismo.

murohumanoalfon3Minutos antes de ese grito primario, la serenidad, la tristeza, quedó patente en la foto que le hicieron mientras se preparaba para unirse al muro humano que le arropó en su entrega, que sus hermanos y hermanas de la ejemplar comunidad que Vallekas ha levantado entre el asedio y el ataque de los sistemas de represión del estado. Especialmente los ejemplares Bukaneros, que crean lazos en una comunidad castigada. En esa foto, la tristeza de Alfon resume a toda esa comunidad castigada. Poco después, se iba a cubrir con esa máscara que nos hacía a todos iguales ante su acoso y decía, como querían sus hermanos y hermanas de Vallekas, un oportuno “Alfon somos todos, para identificarle a él tenéis que identificarnos a todos y todas”. Esa acción quedará como una de las más bellas, dignas y ejemplares de la lucha. De ese sentimiento de unidad, de hermandad, de lucha, nació ese grito que nos regaló a todos y todas.

murohumanoalfon2Y es que ese grito culminó una de las acciones más sobrecogedoras, dignas y solidarias que he visto en mi vida de artivista: el ya histórico #MuroHumanoAlfon (fue TT). Dejadme hablaros de ese muro humano inspirado por la lucha en Euskal Herria. En la azotea de la parroquia San Carlos Borromeo se amontonaban cuerpos anónimos enfundados en trajes blancos, trajes asépticos, trajes biotecnológicos que nos remitían a las grandes infecciones y plagas que afectan a la humanidad. Y es que la represión de este estado ladrón, avaro y corrupto, este capitalismo en decadencia, es la peor plaga que los humanos estamos viviendo. Ni el ébola ha matado, torturado, fulminado a tantas vidas humanas como este sistema corrupto. Y esos trajes aislantes nos enviaban ese mensaje: vuestra violencia contra la clase trabajadora es el peor virus, el más mortífero. Y las caretas con las que se cubrieron todos y todas para aproximarse a los chulescos, macarras y agresivos policías (tuvieron tiempo de agredir a la prensa y a algunos pacíficos viandantes antes de salir pitando) lanzaban el mensaje perfecto: para vosotros somos una masa anónima que torturáis, machacáis y masacráis sin miramientos. Un cuerpo anónimo al que habéis desnudado de toda humanidad.

murohumanoalfon1Alfon podría ser cualquiera de nosotros. Y así fueron quitándose la máscara uno a uno frente a la policía, ansiosa por pillar a Alfon. Una policía con pintas de macarra playa que se lo llevó en un coche de “secreta”. Pero antes tuvieron que verificar que Alfon somos muchos y muchas. Que nunca va a estar solo, ni en esa celda en la que habrá pasado esta primera noche de cautiverio por ser un joven luchador, decente, solidario. Esa acción, inspirada por las acciones que en Euskal Herria llevan años haciendo para denunciar el terrorismo de estado, fue de una belleza inigualable. Alfon se fue por la puerta grande. Convertido en un héroe. Porque vuestra injusticia, vuestra represión salvaje a un chaval de 23 años, le está convirtiendo en un verdadero héroe de la clase trabajadora. Estáis consiguiendo lo contrario de lo pretendéis. Seguid así que cada vez nos unís más, nos hacéis más fuertes, agudizáis más nuestro ingenio. Como se vio en esa demoledora acción. Puro artivismo.

Fue una acción sobrecogedora. Pero nada supera al grito de Alfon.

El gran Juan Carlos Mohr —un imprescindible, como los grandes videoactivistas Alicia Armesto y Javier Romero, que allí estaban junto al igualmente grande Raúl Capín o Boro— capturó el momento y me lo enseñaba sobrecogido una vez y otra en su móvil. Yo había llegado tarde. Ya se lo habían llevado. Fue todo tan precipitado, se dieron tanta prisa en meterlo en prisión, esa que no se dieron con Esperanza Aguirre hasta que prescribieron sus delitos (que los hay, aunque la gente no se haya enterado) o Cristina Cifuentes en sus chanchullos maritales y tantos otros perros del sistema, que a muchos nos pilló por sorpresa (Alicia, Juan Carlos y Javi, fueron a la asamblea convocada a las siete y tuvieron que volver a por el equipo a toda prisa cuando les dijeron que le iban a encarcelar inmediatamente). Y eso que esas felonías de los democRATA$$$ están demostradas, a diferencia del caso de Alfon que a día de hoy siguen sin mostrar huellas digitales en la bolsa con “explosivos” que dijo un grupo de policías verle portar (y en las que se encontraron cuatro huellas digitales que jamás se analizó a quién pertenecían) o que lo que apareció días antes del segundo juicio fuese lo mismo que dijeron encontrar en la bolsa, ya que se saltó la cadena de custodia que garantizaría que esas “pruebas” eran las confiscadas por la policía ese día.

Sí, escribo esto entre lágrimas de rabia e impotencia. Es muy difícil no perder la compostura ante su terrorismo de estado, porque eso es lo que es esta detención de un inocente, y ceder, como cedieron muchos terroristas, al deseo de combatirles con sus mismas armas de violencia y odio. Pero estas lágrimas no licuarán en su juego, no serán más combustible para sus mentirosas justificaciones, estas lágrimas, al igual que el grito de Alfon, abonarán la resistencia, la humanidad, la solidaridad, la unión con todas y todos los hermanos que estuvieron ayer en la parroquia San Carlos Borromeo (“el único espacio que los fascistas respetan; porque ya estamos hartos de ver cerrar centros sociales okupados como castigo por acogernos”, como me explicó la gran Elena Ortega) para acompañar a Alfon en su entrega.

Y aunque Alfon, nuestro hermano Alfon, pidió “ni una sola lágrima cuando me detengan”, yo estoy orgulloso de mis lágrimas. Porque son lágrimas de humanidad, lágrimas ancestrales que hilan con las de tantas y tantos oprimidos que han tenido que beberse sus lágrimas entre injusticias y calumnias impunes. Pero con ellas han creado un mar de posibilidades. Las lágrimas históricamente se han atribuido a las mujeres como algo cobarde, y nada más lejos de la realidad. Las lágrimas son un código que expresa lo que su lenguaje, porque está creado por ellos para contar su historia, no puede expresar. Y, sobre todo, las lágrimas son el combustible de la lucha. Siempre lo han sido. Porque las lágrimas siempre serán mucho más dignas que sus sonrisas cínicas y calculadas, su prepotencia y su chulerío de verdugo. Nuestras lágrimas no nos van a detener, ni a someter, ni a domesticar, como queréis. Nuestras lágrimas, como ese grito final de Alfon, nos van a recordar que somos humanos, resistentes y sin miedo a expresar la verdad: no nos callaréis.

Y nuestros gritos. Como el que nos regaló Alfon antes de ser escondido por esos verdugos que cada vez tienen más miedo. Gracias Alfon por recordarnos que la calle, los gritos, la lucha es el único camino. No nos callaréis.

Para terminar, aquí os dejo el magnífico video que, entre lágrimas, ha editado muestra amada Alicia Armesto tras haberlo grabado todo con Javier Romero: